Corrupción: Réquiem por Cristina Cifuentes

Réquiem por Cristina Cifuentes

¿Pueden aclararse las cosas? ¿Pueden salvarse su honor o su credibilidad? Ya no. Estas crisis tan agudas se extienden rápido. Ya no habrá prueba capaz de disipar la duda

Foto: La presidenta madrileña, Cristina Cifuentes (d), durante el pleno extraordinario de la Asamblea de Madrid. (EFE)
La presidenta madrileña, Cristina Cifuentes (d), durante el pleno extraordinario de la Asamblea de Madrid. (EFE)

Hubo rueda de prensa tras el agrio pleno de la Asamblea de Madrid. Y en ella, una pregunta personal. Fue entonces cuando pudo entreverse lo amargo que resulta el trago que ahora vive Cifuentes. Quema. Días desgarradores en cualquier caso. Despedida del sueño. Estabilidad emocional perdida. Ansiedad que devora. Dolor al ver algunas miradas en los más cercanos. Un espanto hasta cuando se está limpio.

Ella defendió su inocencia y denunció un intento de destrucción personal. Las dos cosas son posibles. Lo único seguro es que políticamente está acabada, aunque quizá sea pronto para que pueda digerirlo.

El veredicto social ha sido emitido durante estas semanas de silencio. Esa espesura, en pleno periodo vacacional, sin más temas de actualidad, ha impuesto una pena de telediario imposible de levantar. ¿Pueden aclararse las cosas? ¿Pueden salvarse su honor o su credibilidad? Ya no. Estas crisis tan agudas se extienden rápido. Ya no habrá prueba capaz de disipar la duda, aunque humanamente deba entenderse la lucha por la respetabilidad y la restitución que merece todo inocente, si es que lo es.

En la política como en la vida no desaparecen las sospechas. Anidan. Respiran. Desconocen el olvido. Mantienen abiertos los ojos mientras dormimos. Y no es pequeña la que se ha instalado donde además llueve sobre mojado. Cifuentes se equivoca si piensa que esto va de resistir como sea, de apretar los dientes días hasta que otro asunto llegue a las portadas. Aguantar hasta que baje la inflamación. Lo habrá escuchado. Es tarde. Sufre una herida que nadie, nunca, podrá cerrar.

La sufre porque pertenece a un partido que, por todo lo visto durante años, mantiene una relación bastante turbia con el dinero. Y también porque Cifuentes se ha mostrado como un modelo de pureza y regeneración en un entorno infectado. Propósito y ejemplo de enmienda, de mirada hacia el futuro. Seguramente, hoy deben ser menos las personas que se preguntan si esas siglas tienen alguna posibilidad de reparación, y sean más quienes den por perdido al PP. Tampoco ella, pensarán muchos, el Partido Popular no tiene solución.

La convención que tenían diseñada para impulsar a la organización ha quedado convertida en un escenario para la corrupción. Dosis de recuerdo. No habrá líder popular que no sea preguntado por la presidenta de Madrid, se buscará la foto que resalte la señal de respaldo o de aislamiento. Todo será mirado con lupa y llevado al primer plano. Cifuentes sentirá la sensación de que camina entre gente que no quiere verse manchada a su paso. El arte de la distancia.

Lógico. No falta tanto para que haya elecciones. Por un lado, unos necesitan mantener limpia la imagen del cartel de campaña. Por el otro, todos saben que acercarse a la fecha de la sucesión y las listas electorales es entrar en la estación de la violencia latente. Época que la izquierda sabe aprovechar para abrirse en canal delante del país entero. Tiempo que la derecha transita entre la paranoia de ser el próximo y el quietismo porque están volando los puñales. La propia Cifuentes no ha descartado que esté siendo víctima del fuego amigo. ¿Amigos del pasado? ¿Amigos combatiendo por el futuro?

Da igual, lo trascendente para ella es que si tiene razón, si hubo una operación diseñada para su destrucción, la ejecución ha sido un éxito. Si alguien consideró que resultaba molesta o peligrosa, ya ha conseguido su objetivo, milite donde milite. Podría ser otra demostración más de la inagotable capacidad que tienen los partidos de autolesionarse. Podría ser una pobre teoría de la conspiración, otra más. Especulaciones en los mentideros del reino.

Madrid es el principal Gobierno autonómico del Partido Popular y su primer caladero electoral. Por eso el sorpaso nacional al PP gana enteros

Lo irrefutable está en los números. Madrid es el principal Gobierno autonómico del Partido Popular y su primer caladero electoral. Por eso el sorpaso nacional al PP gana enteros. El acta de defunción al PP en su territorio central puede estar extendiéndose ahora. Sin los votos de Madrid y del País Valenciano, el Partido Popular es un avión que pierde sus dos alas en pleno vuelo.

Y lo evidente está en los hechos. Cuesta discutir que no sobran las explicaciones, y puede argumentarse que hay contradicciones, cambios en la versión de lo sucedido. Cifuentes tuvo tiempo para hacer de esto una tormenta en un vaso de agua. Pero no fue eso lo que decidió. Pudo elegir su tono, pero optó por una mezcla de altanería y soberbia que difícilmente será beneficiosa para ella. Tampoco lo será la orden que dictó al portavoz de su grupo parlamentario: hay mejores ejercicios que convertir la Asamblea en un lodazal, e inversiones más seguras que atacar a quien te mantiene en el gobierno.

La cadena de decisiones que libremente viene tomando la presidenta de Madrid viene restringiendo su libertad. No parece aventurado apuntar que ya solo puede dimitir o permitir que sean los adversarios quienes decidan su final: comisión de investigación, moción de censura, o primero la una y después la otra. No hay marcha atrás.

Réquiem por Cristina Cifuentes

Personalmente, creo que sería bueno para la democracia, sobre todo en un territorio tan golpeado por la impunidad como esa comunidad, que llegue a saberse la verdad. No porque esté convencido de que se haya cometido un delito, sino porque sí lo es mentir bajo juramento. También porque tengo la convicción de que conviene restringir el daño causado a una universidad pública.

El principio de confianza es la columna vertebral de nuestro sistema político, es la razón de ser del voto que emite cada representado hacia su representante. Eso está afectado. Deberíamos asumir que el engaño de un Gobierno es una forma de corrupción tan grave como un robo, igual de detestable, entre o no entre en el Código Penal. Tendría que resultarnos insoportable que las mentiras parezcan mentiras.

Mientras ese grado de civismo llega, la presidenta de Madrid queda políticamente destruida. Por ser culpable, por haber sido víctima de una persecución, por haber ocultado la verdad, o por haber sido incapaz de impedir el veredicto social. Puede que por alguna combinación de los factores anteriores. Réquiem por Cifuentes.

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