¿Se puede trasplantar Más Madrid al resto de España?
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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¿Se puede trasplantar Más Madrid al resto de España?

En no pocos lugares de nuestro continente, ya está instalada una izquierda alternativa a medio camino entre la vieja socialdemocracia y el viejo comunismo

placeholder Foto: La candidata de Más Madrid a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Mónica García, acompañada por Íñigo Errejón. (EFE)
La candidata de Más Madrid a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Mónica García, acompañada por Íñigo Errejón. (EFE)

Respuesta directa: no. Al menos, no por el itinerario convencional. Creo que Errejón no se presentará a las próximas elecciones con el objetivo de alcanzar 80 escaños bajo una única marca nacional, que esté ideológicamente más hacia la izquierda que el PSOE y más hacia la derecha que Podemos. Creo que esto no va de eso. Y que si va de eso fracasará, porque en este tiempo de cambio el pensamiento convencional solo sirve para no transformar la realidad.

Otra cuestión es si hay o no hay, sobre todo si habrá o no habrá, mercado electoral suficiente para una tercera fuerza progresista en nuestro país. Mi impresión es que sí, que de hecho ya existe aunque haya llegado tarde. Suele pasarnos en este país, al que los fenómenos políticos europeos llegan con retraso pero llegan.

En no pocos lugares de nuestro continente ya está instalada una izquierda alternativa a medio camino entre la vieja socialdemocracia y el viejo comunismo. Una corriente que se entiende menos desde la escala ideológica tradicional que desde los valores contemporáneos. Un latido político ajeno a la lucha de clases, que no es el centro de la izquierda sino una apuesta posterior a las vertientes previas de la izquierda clásica y, por lo tanto, más actual. Superadora de lo anterior al ser más moderna, más tecnológica, más urbana, más feminista, más preocupada por la precariedad vital y laboral, más medioambientalista y más localista.

Foto: La candidata de Más Madrid en las elecciones a la Comunidad de Madrid, Mónica García. (EFE)

Las condiciones históricas para que una fuerza política de este tipo emerja ya existen en nuestro país. Y considero que Más Madrid es el primer brote, la primera demostración de que efectivamente hay un mercado de votos en el que se concentra una generación entera.

Es pronto para saber si esta experiencia acabará en éxito o en experimento fallido. Dependerá de que la tercera vía de la izquierda sea capaz de hacer lo que no están haciendo las otras dos: adaptarse a la realidad en lugar de exigir a la sociedad que se adapte a ellas, como vienen demandando sanchistas y podemitas. En cualquier caso, mi opinión es que sí, que es cuestión de tiempo que emerja algo distinto en el yermo páramo progresista de nuestro país.

Lo que venga cuajará, llegará a ser capaz de competir por la hegemonía de la izquierda, si consigue acompasarse con la vibración emocional, como ha hecho Más Madrid en las recientes elecciones madrileñas con suficiente sensibilidad y con algo de esperanza. Pero, también, si es capaz de adaptarse a las condiciones ambientales de una sociedad que lleva sobre sus espaldas dos crisis económicas tremendas, una tensión territorial espantosa, una enorme revolución cultural en la que convergen la diversidad y la transformación tecnológica, y la creciente amenaza existencial que supone el cambio climático.

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Parece pronto para decirlo. Pero no estamos demasiado lejos de que el cambio climático defina las elecciones hacia uno u otro lado. Ya son dos las generaciones de electores que votan sabiendo que las consecuencias destructivas del cambio climático están en su horizonte vital.

La entrada de Más Madrid en esta materia —incomprensiblemente abandonada por todos los demás actores políticos— quizás haya sido demasiado tímida, pero es probablemente su acierto estratégico más prometedor. El tiempo en que lo verde se quedaba en nicho electoral ha quedado atrás, estamos ante una causa política que solo puede ir a más.

Habrá quien argumente que nos encontramos ante una demanda muy de monopatín eléctrico, bastante pequeñoburguesa y demasiado urbana. Pero es que el vaciamiento de la España vacía no va a frenarse, la concentración de la población en las grandes urbes seguirá acrecentándose y los formaciones políticas que quieren triunfar deben buscar a los electores donde están. La izquierda del mañana no descuidará lo rural por una cuestión sentimental, estética, pero será muy urbana o no será.

Foto: El líder de Más País, Iñigo Errejón, en una comisión reciente del Congreso. (EFE)

Y, en mi opinión, se organizará en red dejando atrás la estructura vertical leninista que está llevando Podemos hacia el camposanto. Montar una candidatura rígida al modo tradicional equivale a nadar contra la corriente de una historia en la que lo local pesa y pesa cada vez más. La derecha lo ha comprendido en Teruel y Cantabria. Y el propio Errejón debió intuirlo cuando en las municipales y autonómicas de 2015 vimos aquella sopa de siglas imposibles de sumar porque eran distintas en cada lugar.

La reedición de esa lógica electoral y orgánica, el levantamiento de una segunda constelación, de una red conectada por un mismo espíritu, de una confederación inarticulada, pero identificable y altamente operativa en las autonómicas y municipales de 2023, puede ser la prueba de fuego para la corriente política que ahora despunta.

Una oferta que simultáneamente podría ser más líquida y tener las alianzas igual de claras en lugares como Galicia y la Comunidad Valenciana. Ya veremos si en Cataluña y el País Vasco no hay motivo para descartarlo todavía. Lo cierto, desde que llegaron primero Iglesias y después Sánchez, es que la izquierda se ha quedado sin discurso patriótico. Veremos si Errejón alcanza a poner aquí a conjugar el verbo que aprendió del peronismo argentino. Puede pasar.

Foto: El diputado por Más País Íñigo Errejón. (EFE) Opinión

La izquierda que viene, si llega, lo hará a lomos del descrédito de sanchistas y podemitas, y se parecerá menos a un partido político tradicional que a un movimiento social. Reunirá las identidades en lugar de confrontarlas. Será transversal porque conectará el activismo localista con la conciencia global. Y no, seguramente no vendrá comandada por un único líder nacional.

A la próxima puede no haber ningún mesías. Ahora que se cumple el décimo aniversario del 15-M, puede tener sentido recordar que aquello empezó en modo coral y terminó en modo un poco trágico y un poco cómico. Solo quedó Iglesias creyéndose héroe y terminando como villano. Quedan en Podemos los minutos de la basura.

Hace falta un alto grado de madurez política y personal para esto, pero es posible que Errejón haya aprendido de quien fue su amigo y terminó siendo su enemigo. En esta historia que ahora puede comenzar, el papel de Íñigo podría ser distinto. No el héroe sino el mentor. Más como Mónica en más sitios. La cosa podría ir por ahí. Veremos.

Respuesta directa: no. Al menos, no por el itinerario convencional. Creo que Errejón no se presentará a las próximas elecciones con el objetivo de alcanzar 80 escaños bajo una única marca nacional, que esté ideológicamente más hacia la izquierda que el PSOE y más hacia la derecha que Podemos. Creo que esto no va de eso. Y que si va de eso fracasará, porque en este tiempo de cambio el pensamiento convencional solo sirve para no transformar la realidad.

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