Europa se merienda a Sánchez en dos tardes

Ser un aprendiz de brujo tiene sus límites. Al final, la realidad suele imponerse. Y Sánchez ha sufrido un revolcón en Europa jugando a crear una nueva mayoría. Ha salido escaldado

Foto: Sánchez junto a Macron, Costas y Michel. (EFE)
Sánchez junto a Macron, Costas y Michel. (EFE)

En sus ensayos sobre la historia de España, Claudio Sánchez Albornoz recomendaba a los políticos que actuaran con prudencia. Y, sobre todo, que evitaran manchar la historia con productos químicos obtenidos de historiadores que, en realidad, eran "ganapanes de la más ramplona y barata erudición". Es más, sostenía el sabio abulense, "el político tiene mucho que aprender de la Historia y el historiador no poco que estudiar en la política. Más cuando el político, en vez de leer y meditar, se deja arrastrar por el deseo de escribir de Historia, fracasa de ordinario".

Hay políticos que no escriben de Historia, pero que pretenden escribir la Historia, y eso explica algunos batacazos sonados. El último, el de Pedro Sánchez, que a modo de aprendiz de brujo ha querido construir en Europa una nueva mayoría —está acreditado que eso se le dio en el pasado reciente algo más que bien— y ha salido escaldado. Probablemente, como diría Sánchez Albornoz, por esa tóxica manía de evitar aprender de la Historia.

El partido socialista, como se sabe, obtuvo unos notables resultados en las elecciones europeas con su candidato Borrell, y eso explica que hoy el grupo más numeroso de los socialistas europeos en la cámara de Estrasburgo sea, precisamente, el del PSOE, cuya representante, Iratxe García, es, además, presidenta de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D), el segundo más numeroso de la cámara, aunque claramente con una tendencia a la baja.

Esos resultados, de hecho, han convertido a Pedro Sánchez en el líder de los socialistas europeos, y hasta el griego Tsipras (que no pudo acudir a la última cita porque estaba en campaña electoral), antiguo aliado de Pablo Iglesias, le entregó su voto, lo que dejaba bien a las claras quién tenía mandato para negociar en nombre de la izquierda europea.

El resultado no ha podido ser más magro. Medio mandato en el parlamento europeo (el italiano David Sassoli, del Partido Democrático) y la elección de Borrell como Alto representante de la UE para la política exterior y de seguridad. Incluso los liberales, con bastante menor representación en Estrasburgo, han obtenido mejor premio: la presidencia del Consejo Europeo (Charles Michel) y una de las dos vicepresidencias de la Comisión en la persona de Margrethe Vestager. La otra estará ocupada por el socialdemócrata Timmermans, que ya lo ha sido en la etapa Juncker.

En privado

Este reparto del poder ha sentado especialmente mal en el grupo socialista de la eurocámara, y algunos diputados han llegado a sugerir en privado que no votarán los nombramientos pactados en Bruselas.

El cabreo es, incluso, monumental, y no solo porque una vez más se haya ninguneado al parlamento (la única institución elegida directamente por los ciudadanos), sino porque dos políticos en apuros (Macron y Merkel) han arrinconado a los socialistas.

Sánchez, en lugar de acercarse a Alemania, que siempre gana, ha jugado a crear una nueva mayoría con Macron para afear a Rivera en clave de política interna. Y, al final, como no podía ser de otra manera, Francia y Alemania —con el apoyo en la trastienda del iliberal y nacionalista Viktor Orbán— han hecho piña —asesinando el 'spitzenkandidat'— y los socialistas se han quedado casi sin trofeos.

Algo que explica que los socialdemócratas alemanes (que conocen bien a la nueva presidenta de la Comisión Europea por formar parte del Gobierno de coalición) hayan anunciado que sus 16 eurodiputados votarán en contra de la candidata Von der Leyen.

A los socialistas, de hecho, solo les queda ya el recurso al pataleo provocando una votación muy ajustada dentro de algo más de una semana que ponga en apuros a la candidata de Merkel. Incluso, la elección de Lagarde (ministra de Sarkozy) se considera un paso atrás en la independencia del BCE, dirigido a partir del 1 de noviembre por dos políticos profesionales (el otro es De Guindos). Un hecho impensable cuando el BCE se creó como un instrumento autónomo de los gobiernos.

La baraka de Sánchez

Sánchez, una vez más, ha pecado de exceso de ambición. Sin duda, espoleado por toneladas de soberbia que le hacen creer que el problema siempre es de los otros, lo que hace que en lugar de ser un político pegado a la realidad piensa que él puede transformarla gracias a su conocida baraka, un atributo de quienes se creen superiores. O en palabras de una exeurodiputada socialista, la famosa flor en el trasero que ha acompañado a Sánchez en su asalto al poder.

La gracia divina, sin embargo, tiene sus límites. Y lo mismo que Sánchez tiene serias dificultades para formar Gobierno en España, en Europa la osadía suele acabar en frustración, lo que explica que al final siguiera el camino trazado por Matteo Renzi, el ex primer ministro italiano, hace cinco años, que ante una derrota asegurada salvó los muebles con el nombramiento de Mogherini, para poder barrer para casa, pero dejando tirados a los socialdemócratas.

El puesto de alto representante, sin embargo, sigue siendo poco relevante en la estructura de poder de Bruselas, y mandar allí a Borrell es una evidente descapitalización del consejo de ministros, que no está sobrado de talento más allá del 'agitprop' que ha montado Iván Redondo en torno a Sánchez, un maestro en la creación de expectativas que no se cumplen.

Sánchez ganó las primarias abriéndose a Podemos: "Miremos a nuestros hermanos portugueses", dijo en el mitin que lo entronizó como líder del PSOE en el Ifema de Madrid en junio de 2017, pero cuando ha tenido la oportunidad de materializar esa idea 'a la portuguesa' —al margen de la conveniencia para el país que cada uno dirá— la ha dejado descarrilar por eso tacticismo implícito a la actual política que él ha querido llevar a Bruselas y del que ha salido escaldado.

Entre otras cosas, porque aliarse con Macron es olvidar que, entre España y Alemania, Francia elegirá siempre a Alemania, como así ha sucedido. Es lo que ocurre cuando se buscan alianzas artificiales, que suelen estallar a las primeras de cambio. Y por eso, precisamente, convendría que el presidente del Gobierno en funciones dijera claramente qué pretende cuando se presente a la investidura. Si construir una mayoría en torno a un programa concreto y ambicioso o, simplemente, mantenerse en el poder como sea (con pactos frágiles) para provocar un adelanto electoral que restaure la fuerza del bipartidismo.

Convendría que el presidente del Gobierno en funciones dijera claramente qué pretende cuando se presente a la investidura

Y la amenaza permanente de convocar otras elecciones no es solo profundamente antidemocrático, sino que supone la normalización de un hecho extraordinario como es la repetición de los comicios.

Sánchez se equivocó en Europa aparentando ser un aprendiz de brujo con poderes extraordinarios para resolver el entuerto, y es probable que fracase en España si no dice claramente qué tipo de Gobierno quiere, lo que exige papeles y una comisión negociadora para que los ciudadanos sepan de qué se habla. Lo otro es seguir enredando para dar apariencia de que controla la situación, que es justo lo contrario de lo que sucede. Jugar con las expectativas tiene los días contados.

Mientras Tanto
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