Rajoy

Si en el 2015 —con el país creciendo económicamente y creando empleo— hubiera pedido su reingreso en el Registro, quizá las cosas para él hubieran resultado de otra guisa

Foto: El expresidente Mariano Rajoy, durante un acto electoral en Oursense. (EFE)
El expresidente Mariano Rajoy, durante un acto electoral en Oursense. (EFE)

¡Por fin sabemos que Rajoy existe! Un comunicado 'ad hoc' para reivindicar el hecho cierto —ya lo había fulminado antes el pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional— de que el juez de gran y con gran izquierda, José Ricardo Prada, se pasó al incluir espuriamente, el párrafo de marras que permitió muñir la moción de censura que le arrojó con deshonor por la ventana del Congreso de los Diputados y la posterior y bochornosa 'noche del Arhay', como relato con todo detalle en 'La larga marcha', donde un teórico comandante en jefe huyó cuando su fusilamiento político todavía no se había perpetrado.

La sentencia del Tribunal Supremo confirma algo obvio: que la corrupción existió, si bien los grandes perpetradores ya estaban entre rejas cuando Prada y el 'juez durmiente' firman la referida sentencia. Bárcenas, Correa, Sepúlveda, Ortega, Pérez y demás 'trincadores' de oficio consiguieron con sus bolsillos inexportables lo que los oponentes políticos (Sánchez en este caso) no habían logrado en las urnas. Y los que se lo permitieron o acataron "políticamente", naturalmente. Resumiendo, Rajoy no pudo, no quiso o no supo dar un tajo para cobrarse una colosal indecencia en gran parte recibida en herencia.

Poco importan ya las "reparaciones morales" que lo son solo en parte. Porque, en efecto, la corrupción existió y los miles y miles de afiliados del PP sufren aquellos desmanes y los millones de votantes se sonrojan ante tamaños comportamientos. No sirve siquiera aducir que el partido que se benefició el 30 de mayo 2018 de la sentencia ha perpetrado atracos aún mayores (ERES) y que aquellos que por estos sucesos les sustituyeron en el poder también han levantado 'cajas B' como se puede colegir de las denuncias de Calvente y las que vengan.

Rajoy puede estar orgulloso de haber salvado a España de la intervención de la troika; incluso de que sean millones los ciudadanos los que echen a faltar su sensatez, sentido del Estado y moderación. Si en el 2015 —con el país creciendo económicamente y creando empleo— hubiera pedido su reingreso en el Registro, quizá las cosas para él hubieran resultado de otra guisa. Sin embargo, sucedió lo que sucedió y erró al no pegar un tajo para cobrarse la indecencia de aquellos que se aprovecharon de un poder político que no fue cooptado por los españoles para latrocinios.

Palo Alto
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