Pedro Sánchez, un poeta en el Liceu
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Josep Martí Blanch

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Pedro Sánchez, un poeta en el Liceu

Si el indulto es el primer paso, ¿qué es lo que viene a continuación? El plan Iceta: Estatuto y financiación

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Miquel Martí i Pol es el Homero involuntario del proceso político independentista. Los soberanistas se agarraron al último verso de su poema “Ara mateix” (Ahora mismo) para demostrar que una Cataluña independiente era posible. Ese verso, convertido en una especie de santo y seña del independentismo, dice así: “Que tot està per fer i tot és posible” (que todo está por hacer y todo es posible).

Ayer, Pedro Sánchez utilizó al mismo poeta y poema para, con otros versos, justificar los indultos que hoy concederá el Gobierno y anunciar un nuevo tiempo de la política del Gobierno para recuperar lo que en su día Ortega y Gasset definió como la conllevancia entre Cataluña y el resto de España.

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No fue casual que, entre tantas rimas disponibles, los escribientes del discurso presidencial se decidieran por Martí i Pol. Había ganas de adentrarse en las filas soberanistas y reivindicar como propio lo que el independentismo considera de uso exclusivo. Hay buenos asesores en el entorno presidencial que tienen adecuadamente puesto el termómetro catalán y que saben leer acertadamente la temperatura que marca actualmente.

Los versos que citó Sánchez son estos: "I som on som; i més val saber-ho i dir-ho i assentar els peus en terra i proclamar-nos hereus d’un temps de dubtes i renúncies en què els sorolls ofeguen les paraules" (Y estamos donde estamos; y más vale saberlo y decirlo y asentar los pies en el suelo y proclamarnos herederos de un tiempo de dudas y renuncias en los que los ruidos ahogan las palabras). Dudas y renuncias son las palabras que conviene retener de la cita.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su salida del Teatre del Liceu de Barcelona. (EFE)

Mientras Pedro Sánchez ejercía de rapsoda en el Liceu declamando poesía ante 300 representantes de la sociedad civil catalana, en otros lares se cargaban los cañones con la munición dialéctica que proporciona la prosa.

El discurso de Pedro Sánchez, ornamentos y solemnidad exagerada al margen, se ajustó a lo que venían temiendo los embajadores del cuanto peor mejor, que trabajan incansablemente a ambos lado del conflicto.

Al minuto uno de finalizar la actuación presidencial que con esmero había preparado Redondo Productions, salieron de todas partes y lugares los empeoradores de ambos bandos a recitar frases efectistas, preparadas de antemano, con el objetivo de menospreciar el movimiento de Sánchez con los indultos como el primer paso de una normalización política que se adivina harto difícil.

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Para unos, el presidente es el irresponsable que la historia ha colocado en el lugar y la hora correctos para destruir definitivamente España, alguien capaz de vender a toda su familia con tal de mantenerse en el sillón presidencial, un sinvergüenza que encabeza un Gobierno prácticamente ilegítimo. Para otros, es un vende burras, la zanahoria de buen ver del régimen del 78 —así lo llama el independentismo— para que nada cambie y todo siga igual, un trilero que no moverá un dedo —más allá de los indultos— para garantizar que los catalanes puedan decidir su futuro. También para estos es un sinvergüenza o un estafador, si lo prefieren, solo que por los motivos contrarios. Todos sabemos quiénes son unos y otros. Y puede que incluso tengan sus razones para pensar así.

Pero, por el bien de todos, sería mejor enfocar el asunto de otro modo. Porque, efectivamente, estamos ante una oportunidad. Una oportunidad que han abierto de manera efectiva Pedro Sánchez y Oriol Junqueras. Una ocasión difícil, cargada de riesgos y con los apostantes cubriendo con su dinero el fracaso con más entusiasmo que el éxito, porque efectivamente hay más posibilidades de que al final salga cruz. Pero una oportunidad, al fin y al cabo. Y debería aprovecharse.

Foto: El tribunal del 'procés', presidido por el magistrado Manuel Marchena. (EFE)

Si el indulto es el primer paso, ¿qué es lo que viene a continuación? Sánchez estuvo firme en su discurso en la defensa del marco constitucional y del respeto a la ley. Pero al mismo tiempo dijo tener en la cabeza un nuevo proyecto de España que haga posible la vuelta al redil constitucional del independentismo.

Probablemente, en su cabeza está el proyecto desarrollado por el ahora ministro de Política Territorial y Función Pública, Miquel Iceta, que hace tiempo que lleva fijando los límites de una hipotética oferta del Estado al soberanismo en la aprobación de un nuevo sistema de financiación y la resurrección del Estatuto de Cataluña que mutiló en su día el Tribunal Constitucional, pese a haberse aprobado en el Parlament de Cataluña, en el Congreso de los Diputados y en referéndum por los catalanes. Es decir, en el plan Iceta, los catalanes vuelven a tener un Estatuto votado por ellos mismos, algo que ahora mismo no tienen y que no está de más recordar.

Será una oferta corta para el independentismo menos pragmático y razonable, igual que equivaldrá a una subasta mezquina de España por parte del constitucionalismo reacio a mover ficha, por pequeña que sea, si eso implica la naturalización del independentismo a través de la negociación política.

Foto: Sánchez, durante su discurso en el Liceu. (Reuters) Opinión

El inmovilismo de unos y otros viene elevando el precio de las facturas que venimos pagando —todos, no solo los catalanes— desde hace tiempo. La inestabilidad política ha generado y sigue generando un saldo negativo que perjudica a España entera. Así que debiera parecer razonable que, al menos, se recupere la vía del diálogo y se intente hallar una solución que en el mejor de los escenarios nos hiciese ganadores a todos.

No va a ser nada fácil llegar a buen puerto. Pero la imposibilidad no estará en que no sea posible alcanzar una entente que pueda dejar, como todas las negociaciones razonables, un sabor agridulce entre todas las partes, que es lo que acaba pasando cuanto todo el mundo pierde y gana algo al mismo tiempo porque abandona las posiciones maximalistas.

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La dificultad está más bien en que los empeoradores de uno y otro lado son multitud. Algunos de buena fe, porque solo están equivocados, y otros —mal que pese escribirlo— porque tienen en el anticatalanismo y en el antiespañolismo una herramienta poderosísima que da sentido a toda su actuación política.

Para acabar, más versos de Martí i Pol: “I, sobretot, no oblidis que el teu temps és aquest temps que t’ha tocat de viure: no un altre, i no en desertis” (Y, sobre todo, no olvides que tu tiempo es este que te ha tocado vivir: no otro, y no desertes).

Y para no desertar, basta simplemente con tomar conciencia de la verdadera magnitud de los problemas, descartar las respuestas sencillas y atreverse a afrontar los desafíos. Los indultos abren la puerta a que todo esto pueda intentarse. Por eso son una buena noticia. Ayer, Pedro Sánchez no desertó.

Miquel Martí i Pol es el Homero involuntario del proceso político independentista. Los soberanistas se agarraron al último verso de su poema “Ara mateix” (Ahora mismo) para demostrar que una Cataluña independiente era posible. Ese verso, convertido en una especie de santo y seña del independentismo, dice así: “Que tot està per fer i tot és posible” (que todo está por hacer y todo es posible).

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