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Al perro flaco de ERC se lo comen las pulgas
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Josep Martí Blanch

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Al perro flaco de ERC se lo comen las pulgas

ERC está literalmente aterrada, presa del pánico inmovilizador. Viven en la convicción de que hagan lo que hagan, decidan lo que decidan, van a salir mal parados

Foto: La secretaria general de ERC, Marta Rovira. (Reuters/Archivo/Albert Gea)
La secretaria general de ERC, Marta Rovira. (Reuters/Archivo/Albert Gea)
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A perro flaco, pulgas. Y cuanto más flaco, como el de ERC, más pulgas. El partido republicano hizo ayer un ridículo antológico. Suspendió la votación de la militancia que debía avalar el pacto con el PSC para que ERC ingresase en el Gobierno municipal del socialista Jaume Collboni en Barcelona. La excusa que se ofreció para justificar el desaguisado fue que la movilización de militantes era excesiva y que no cabían todos en el recinto en el que debía celebrarse la consulta a mano alzada.

Pero a nadie se le escapa que tras la excusa formal de la movilización no prevista para suspender la votación, se escondía el temor que ayer por la tarde había entre los impulsores del pacto ante la posibilidad que la militancia censurara el acuerdo votando en contra de este. Ayer por la noche las lecturas maledicentes leían lo sucedido como la primera derrota de Oriol Junqueras (favorable a los pactos con los socialistas) enfrente de Marta Rovira, secretaria general, hacedora del acuerdo que el lunes entregó la presidencia del Parlament a Junts y menos entusiasta de encamarse con el PSC sin que haya de por medio prebendas de postín que ayuden a justificar la decisión (léase el compromiso del Gobierno socialista de una financiación singular para Cataluña).

Para Marta Rovira y su gente la votación del pacto alcanzado en el Ayuntamiento de Barcelona (aunque cocinado meses atrás) era inconveniente en este momento por su efecto contaminante sobre las negociaciones que han de llevarse a cabo para cerrar (o no) un hipotético acuerdo para que Catalunya tenga presidente de la Generalitat. Con la suspensión de la votación, la composición del Ayuntamiento de Barcelona queda de momento como estaba: con un gobierno monocolor del PSC a la espera de que ERC deshoje su interminable margarita.

La verdad es que el resultado de la votación abortada, en el caso de que los militantes hubiesen avalado la incorporación de ERC al Gobierno municipal de Barcelona, no hubiera servido para sacar conclusiones sobre una cuestión de mayor alcance como es la presidencia de la Generalitat. Barcelona ciudad tiene su propia lógica. Y un acuerdo en el ayuntamiento no compromete la estrategia del partido al mismo nivel que el gobierno autonómico. Pero que finalmente se suspendiera la votación sí permite sacar conclusiones. Y no son halagüeñas para los intereses del socialista Salvador Illa y su aspiración de ser presidente sin que deban repetirse las elecciones.

Foto: Oriol Junqueras mira la pantalla en la que aparece Marta Rovira. (EFE/Quique García)

ERC está literalmente aterrada, presa del pánico inmovilizador. Viven en la convicción de que hagan lo que hagan, decidan lo que decidan, van a salir mal parados. Además, sus circunstancias internas son endiabladas. Con el binomio que hasta ahora dirigía la formación -Oriol Junqueras y Marta Rovira- enfrentados abiertamente. El primero, ya dimitido como presidente, pero aspirante a recuperar el cargo en noviembre, haciendo ya su campaña personal e intentando influir para que el partido invista presidente a Salvador Illa. Marta Rovira, por su parte, controlando desde Suiza las negociaciones con Carles Puigdemont y el equipo de Salvador Illa y al mismo tiempo peleando contra el junquerismo. ERC ha de tomar las decisiones más relevantes justo en el momento en el que el edificio de su estrategia se ha derrumbado.

Una manera de encontrar refugio, de disimular el mal momento del partido, sería caer bajo el embrujo de Carles Puigdemont y los cantos de sirena de una nueva reunificación del independentismo. Incluso la reaparición de una lista única en caso de repetición electoral. Hipótesis todavía lejanas pero que van abriéndose camino en los mentideros de Barcelona. En todo caso, malas noticias para Salvador Illa.

Foto: La portavoz del Gobierno y ministra de Educación, Pilar Alegría,. (Jesús Hellín / Europa Press)

A estas alturas ya puede darse por cierto que solo una cesión de relieve por parte del Gobierno de España -financiación es lo que está en la boca de los republicanos- podría servir para que finalmente ERC se aviniese a investir a Salvador Illa. Con cesiones de menor enjundia, por muy bien que se disfracen, va a ser extremadamente complicado que el PSC gobierne Cataluña sin que se repitan las elecciones. Además, ya van saliendo voces que se posicionan claramente contra un acuerdo de esas características. Las juventudes de ERC ya han dicho que no quieren a Illa de presidente, al igual que el comité local de Lleida.

Si el martes, tras la constitución de la Mesa del Parlamento, escribíamos que el escenario de repetición de elecciones ganaba enteros; hoy hay que insistir con más motivo en esa posibilidad. De entrada, lo que es ya casi una certeza, salvo un giro en el guion imposible de advertir a estas alturas, es que el día 25 de junio, fecha elegida para el debate de investidura, no va a haber candidato.

Salvador Illa no aceptará el encargo si no tiene la mayoría garantizada. Y Carles Puigdemont no quiere ser el primero en estrellarse. ERC, que es quien podría desbloquear la situación en favor de los socialistas, se borraría del mapa si estuviese en sus manos. Cualquier cosa con tal de no tener que tomar una decisión. Como hizo ayer en Barcelona suspendiendo la votación prevista. Este negarse a mojarse, caso de persistir, es el camino más efectivo para la repetición de las elecciones.

A perro flaco, pulgas. Y cuanto más flaco, como el de ERC, más pulgas. El partido republicano hizo ayer un ridículo antológico. Suspendió la votación de la militancia que debía avalar el pacto con el PSC para que ERC ingresase en el Gobierno municipal del socialista Jaume Collboni en Barcelona. La excusa que se ofreció para justificar el desaguisado fue que la movilización de militantes era excesiva y que no cabían todos en el recinto en el que debía celebrarse la consulta a mano alzada.

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