Es noticia
¿Energía en 2023? Bien, gracias
  1. España
  2. Por si acaso
Nemesio Fernández-Cuesta

Por si acaso

Por

¿Energía en 2023? Bien, gracias

La situación dista de ser estable. Menores precios provocarán mayor demanda, sobre todo por parte de una industria europea especialmente castigada por la crisis

Foto: Un pozo petrolero en Tabasco. (EFE)
Un pozo petrolero en Tabasco. (EFE)
EC EXCLUSIVO Artículo solo para suscriptores

La previsión actual es que el precio del petróleo se mantenga entre los 80 y 90 dólares por barril a lo largo de 2023 y 2024. Pese al anunciado recorte de producción de la OPEP y la caída de la producción rusa —siempre menor de lo esperado—, los incrementos de producción previstos en el resto del mundo equilibrarán oferta y demanda. Estados Unidos aportará la mitad de este volumen adicional, seguido por Canadá, Noruega, Guyana y Brasil.

En la segunda mitad de este año se espera que entre en funcionamiento en Canadá el Trans-Mountain pipeline, oleoducto que incrementará en más de medio millón de barriles diarios la exportación de petróleo canadiense desde la costa del pacífico a los mercados asiáticos. La sensación es que sauditas y estadounidenses, desde su escenificado distanciamiento, están a gusto, como principales productores mundiales, con el actual nivel de precios. Sin el recorte de la OPEP, los precios se deslizarían a la baja, dado que no se espera una demanda mundial demasiado boyante. Las políticas antiinflacionistas de los bancos centrales, a la que se añade la crisis de la banca mediana estadounidense, contribuirán a retraer el crecimiento económico. La demanda china no parece que vaya a recuperar de modo rápido su antigua fuerza: la crisis de su sector inmobiliario supone una reducción de la actividad constructora, muy intensiva en consumo de energía.

Foto: Vladímir Putin, presidente de Rusia. (Reuters)

En Europa, con precios del gas en torno a 40 euros por MWh, respiramos aliviados. Hemos superado un invierno para el que las previsiones eran muy negativas: la reducción del consumo, forzada por los altos precios del verano y otoño del año pasado y por un invierno bastante más cálido de lo habitual, más la posibilidad de importar mayores cantidades de gas natural licuado gracias a la menor demanda china han permitido contrarrestar los menores suministros rusos por tubería. Con los almacenes de gas llenos en más de un 50% —situación inusitada a finales de un mes de abril— los operadores están deshaciendo posiciones adquiridas en previsión de una demanda más alta y provocando la actual caída de precios.

La situación dista de ser estable. Menores precios provocarán mayor demanda, sobre todo por parte de una industria europea especialmente castigada por la crisis. El suministro ruso, como consecuencia de sanciones impuestas por uno u otro bando, puede aún reducirse más y afectarnos de forma grave: en el primer trimestre de 2023, Rusia fue el tercer suministrador de gas a España y aportó el 16,6% de nuestras necesidades. Con precios bajos, China y otros países que redujeron sus importaciones en 2022 pueden volver a mostrarse más activos en el mercado internacional. Aún inmersos en un perceptible calentamiento global, el próximo invierno puede ser más frío que el pasado.

"Con precios bajos, China y otros países que redujeron sus importaciones en 2022 pueden volver a mostrarse más activos en el mercado"

Pese a los riesgos apuntados, el precio del gas a futuro en el mercado europeo cotiza a la baja, incluso por debajo del precio del GNL estadounidense puesto en puerto europeo. Una posible interpretación es que el mercado estaría descontando el fin de la guerra y la reanudación del suministro ruso por tubería. Es cierto que proliferan los escarceos diplomáticos en busca del establecimiento de negociaciones, pero en casi todos ellos subyacen ideas contrarias a la posición europea. Las declaraciones del embajador chino minusvalorando el derecho a la soberanía de los países bálticos o el mensaje implícito del presidente Lula sobre el tiempo que Rusia lleva en Crimea son perfectamente traducibles: Rusia debe obtener algún fruto de su agresión a Ucrania. Salvo cambio en la presidencia norteamericana, que sería efectivo en enero de 2025, no parece que el bloque occidental vaya a acceder a semejante planteamiento. La hipótesis de una guerra larga sigue siendo plausible y, por tanto, el optimismo sobre el precio del gas a futuro menos justificable.

Las sacudidas del precio del gas se propagaron con rapidez al mercado eléctrico. Un primer efecto ha sido un notable incremento de la inversión en renovables. Con el volumen de proyectos que cuentan hoy con conexión a la red autorizada y declaración de impacto ambiental favorable, España podría duplicar con holgura los 50.000 MW que hoy tenemos de capacidad instalada eólica y fotovoltaica en dos o tres años. El autoconsumo a partir de placas solares instaladas en tejados de viviendas y fábricas ha crecido también de forma notoria. No hay aún cifras fidedignas, pero se calcula que en esta soleada primavera que vivimos puede llegar a representar el 2-3% del consumo diario, sumando el propio autoconsumo y la electricidad vertida a la red desde estas instalaciones.

Foto: Instalación de placas solares fotovoltaicas. REUTERS Stringer

El mercado marginalista tiene estas cosas: sube y baja rápido y, cuando están disponibles tecnologías capaces de producir más barato que la tecnología que produce más caro, el incentivo a invertir, sin necesidad de comprometer recursos públicos o gravar de forma adicional a los consumidores, es muy alto. Si se produjera un exceso de inversión, como algunas fuentes indican, y durante las horas centrales del día se produjeran en muchas ocasiones precios cercanos a cero, será un problema de los inversores el cerrar contratos a plazo a precio fijo o invertir en almacenamiento, sean baterías o producción de hidrógeno. Los consumidores se beneficiarán, sin duda, de precios más bajos.

El debate sobre la reforma del mercado eléctrico europeo ha sido otra consecuencia de los altos precios de la electricidad. Tras un periodo de consultas, la Comisión ha fijado su posición, centrada en el mantenimiento del mercado marginalista, que deberá ser completado con el desarrollo de un mercado a plazo que proporcione a los agentes del mercado una previsión de ingresos y gastos a los que adecuar sus respectivas políticas empresariales. Poco que ver con la propuesta española, que preconizaba una intervención absoluta del mercado, con comprador único capaz de fijar precios a hidráulica y nuclear, y unas energías renovables a las que se garantizaba, a través de subastas sucesivas, sus ingresos. No solo la Comisión, sino numerosos países miembros se opusieron a la posición española, que cercenaba de raíz el mercado eléctrico europeo. A medio y largo plazo, la existencia de un mercado que pueda ser considerado como tal es la mejor garantía de que los precios de la electricidad serán lo más bajos posible.

La previsión actual es que el precio del petróleo se mantenga entre los 80 y 90 dólares por barril a lo largo de 2023 y 2024. Pese al anunciado recorte de producción de la OPEP y la caída de la producción rusa —siempre menor de lo esperado—, los incrementos de producción previstos en el resto del mundo equilibrarán oferta y demanda. Estados Unidos aportará la mitad de este volumen adicional, seguido por Canadá, Noruega, Guyana y Brasil.

Petróleo Gas natural
El redactor recomienda