El plan para el futuro: emitir salvoconductos para huir de España

Harían falta muchos más profesionales de la sanidad para afrontar la pandemia con más éxito. Su escasez revela algunos puntos oscuros de nuestro presente y de nuestro futuro

Foto: Manifestaciones a favor de los MIR en Barcelona. (EFE)
Manifestaciones a favor de los MIR en Barcelona. (EFE)
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En este asunto tétrico de la falta de médicos y de personal sanitario en la pandemia, hay algunos aspectos reveladores que merecen reflexión, más allá de la falta de previsión y de la profunda ineficacia de nuestros gobernantes. Es obvio que, una vez abierto todo y en pleno verano, las posibilidades de contagio aumentaban muchísimo, por lo que resultaba esperable que existiera un plan para controlar los brotes. Ha habido gobiernos que lo han hecho mejor que otros, desde luego, pero a estas alturas tenemos la sensación de que las cosas van bastante mal y de que regresamos a los peores escenarios sin haber aprendido nada.

Pero, insisto, hay algunos aspectos, ligados también a esta mala gestión, que convendría subrayar, ya que pueden explicar de dónde venimos y nos servirían de cara al futuro, si es que el futuro llega alguna vez. Y los médicos y el personal sanitario son un buen punto de partida.

Los profesionales cualificados

Una de las advertencias que hemos recibido continuamente en las últimas décadas es la necesidad de formación. Contar con una titulación adecuada es indispensable para no verse abocados a trabajos de baja cualificación y de bajos salarios y para no caer en esa economía de servicios que empobrece un país porque lo relega a la segunda o tercera división. También hemos oído muchas veces que una buena titulación es indispensable porque, incluso en los malos momentos, las personas con formación encuentran más trabajos y mejor remunerados que aquellos cuyas credenciales académicas resultan insuficientes. Y de cara a lo que viene, y especialmente con el desarrollo de la digitalización, nos advierten de que todo menor de 55 años deberá acostumbrarse a reciclarse laboralmente, a aprender nuevas habilidades y conocimientos, porque los empleos están en proceso de transformación y hemos de estar dispuestos al cambio para encontrar un nuevo lugar en esta sociedad.

Es paradójico: no somos un país deficitario en personal sanitario, pero cuando más falta nos hace, no contamos con el suficiente

Todas estas ideas dan forma al sentido común de la época. Por ello, cualquier país que quiera situarse bien en el futuro deberá prestar especial atención a la enseñanza; es ahí donde se forjará su destino, donde se determinará cuál será su lugar en la economía del futuro, si se convierte en un país turístico dedicado a atender a personas mayores o en un vibrante territorio tecnológico.

Lo que no nos cuentan

Esta articulación teórica, cuando desciende a la realidad, se encuentra con asuntos como los de los médicos y los sanitarios, que no terminan de encajar del todo en ella. España ha formado mucho personal cualificado en el ámbito de la atención sanitaria, nuestros profesionales son respetados internacionalmente y la vocación sigue en auge, porque las facultades de medicina siguen llenas. Es paradójico: no somos un país deficitario en personal sanitario, pero cuando más falta nos hace, no contamos con el suficiente.

Formar mano de obra cualificada requiere de un contexto que la pueda aprovechar; sin puestos de trabajo y con salarios escasos, la gente emigra

La parte que se olvidan de contarnos es que muchos titulados sanitarios han debido emigrar a otros países, allí donde los salarios son más dignos, pueden llegar a fin de mes sin agobios, no se ven sometidos a paro forzoso durante varios meses al año y alcanzar la estabilidad en el empleo no precisa de dos décadas. Del mismo modo, cuando se pretende traer médicos y enfermeros a Madrid, es difícil encontrarlos, porque se les ofrecen contratos por poco tiempo y que, además, no les permiten sufragar los gastos que exige una ciudad cara. Por eso se pretende contratar profesionales extracomunitarios. Es curioso, porque el ámbito sanitario era una profesión cualificada, con prestigio social y con salarios más que dignos, por lo que mucha gente se orientó hacia ella. Y, a la hora de la verdad, en España, se han encontrado con otra realidad: se formaron, pero no sirvió de mucho.

El lugar equivocado

Es una buena prueba de que estamos poniendo el acento en el lugar equivocado. Eso no significa que la formación no tenga eficacia o que sea mejor abandonar la escuela cuanto antes; no hay un ápice de antiintelectualismo en la afirmación. Pero conviene constatar un hecho que se pasa por alto y que resulta esencial: tener mano de obra cualificada requiere de un contexto que la pueda aprovechar; sin puestos de trabajo y con empleos con salarios escasos y malas condiciones, quienes tienen opciones salen corriendo hacia lugares donde se les contrata y se les paga más.

Si nos enfocamos solo en la educación de mano de obra formada sin generar los puestos de trabajo precisos, seremos una cantera de mano de obra

Una de las constantes de la emigración, nos dicen los expertos, es que son las clases medias de países pobres las que más optan por salir de su país para encontrar un futuro mejor, ya que poseen los recursos y la formación que les permiten afrontar los gastos y que les conceden la seguridad de que en países occidentales tendrán alguna oportunidad. A España le ocurre ya igual. Lógicamente, las personas con titulaciones que les permiten trabajar fuera en mejores condiciones emigran.

Por eso, cuando queremos encontrar a los profesionales que son necesarios en un momento de urgencia, no están o no se les puede pagar. Recurriendo a las manidas comparaciones futbolísticas, España es como el equipo de fútbol de una ciudad pequeña. Los clubes más grandes se llevan a los futbolistas de su cantera que destacan, a menudo a edades tempranas, porque les pueden ofrecer mucho más. Ese equipo, privado de sus jugadores con más talento, se ve obligado a contratar fuera, pero si alguno de los fichados destaca, rápidamente será atraído por clubes con más recursos, lo que dificulta enormemente que el equipo de la ciudad mantenga una regularidad y, salvo una planificación excelente, se verá obligado a hacer equilibrios permanentes para no perder pie.

Sin un plan contundente, serio y real para cambiar las cosas, la educación será un salvoconducto para huir del barco que se hunde

Esta es la cuestión de fondo. Si nos enfocamos solo en la educación de mano de obra formada sin generar los puestos de trabajo precisos, seremos una cantera de exportación de mano de obra, no un país próspero. Otros lugares se aprovecharán de nuestro esfuerzo educativo, muchas zonas se despoblarán aún más, el talento de nuestros especialistas no aprovechará a España y continuaremos siendo un país de tercera dedicado al turismo y a cuidar personas mayores. Ese es el futuro que nos espera, y sin un plan contundente, serio y real para cambiar las cosas, la educación es un salvoconducto para huir del barco que se hunde.

Una contundente metáfora

En el fondo, todo funciona así: se trata de ofrecer salidas individuales o coyunturales a problemas sistémicos. La misma pandemia es un ejemplo de cómo ir poniendo parches aquí y allá sin contemplar una solución de conjunto. Teníamos una de las mejores sanidades del mundo hasta que la pusieron a prueba, y el coronavirus nos ha servido para comprobar trágicamente que todo estaba mucho peor de lo que creíamos. Las inundaciones de ayer en el metro de Madrid no están causadas por una tormenta, son una metáfora de todo lo que va mal: hemos vivido con lo justo, manteniendo las cosas en el alambre, y cuando surgen las complicaciones, se hacen evidentes las grietas. No es casual que países como Alemania, con bastante más dinero, estén sorteando la pandemia con mucha más fortuna; cuando posees los medios apropiados, todo es más sencillo.

El plan para el futuro: emitir salvoconductos para huir de España

Frente a todo esto, no percibo ningún plan para arreglar las estructuras, ni siquiera para afrontar la situación. Habría que contratar muchos más médicos, enfermeras y rastreadores, habría que dotar la Atención Primaria y los hospitales de muchos más medios. Nada que no sepamos; nada que no hayamos sabido desde hace meses. Pero no se hace. En lo económico y en lo sanitario, la sensación de que el mensaje velado que nos transmiten es sálvese quien pueda. Me gustaría equivocarme, pero no tiene mucha pinta.

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