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La Supercopa superhipócrita
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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La Supercopa superhipócrita

El dinero que les han sacado a los saudíes con su pan de pita se lo coman, pero convendría embargarles a Rubi y a Geri las lecciones morales que se empeñaban en darnos

Foto: Los jugadores del Real Madrid celebran su victoria ante el Athletic, tras la final de la Supercopa de España. (EFE/Julio Muñoz)
Los jugadores del Real Madrid celebran su victoria ante el Athletic, tras la final de la Supercopa de España. (EFE/Julio Muñoz)
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El reto era, eso nos dijeron, ayudar a los niños y las niñas de Arabia Saudí a mejorar por medio del deporte. Eso fue lo que decía Luis Rubiales, alias 'Rubi', para explicar por qué la Supercopa de España decidió celebrarse en Arabia Saudí. Según Rubi, era un compromiso ético. Criticar que la Supercopa se jugase en uno de los países más represivos del mundo era no entender nada de cómo funciona el mundo y lo mucho que se comprometían con los derechos humanos. La Federación Española de Fútbol lo hacía por los niños y, sobre todo, por las niñas. Eso decía su presidente, con tono de reproche, incluso, a quien osara dudarlo. Era una “obligación moral”, afirmaba Rubi al explicar el acuerdo en el que ocultaba las comisiones millonarias.

Sorpresa, sorpresa, no podemos decir que sea ir descubriendo, en los audios publicados por El Confidencial, que al final lo de ir a celebrar la Supercopa a Arabia Saudí no era tanto un plan para defender los derechos humanos, sino para embolsarse comisiones millonarias con espinosos conflictos de intereses.

Foto: Foto: EC Diseño.

Es el futbolista comisionista Gerard Piqué, alias 'Geri', el que ha salido ahora a explicarnos a raíz del escándalo que el fútbol es un negocio y que no ve nada ilegal en que él haya sacado tajada de un acuerdo millonario de 240 millones entre la Federación Española de Fútbol y los saudíes. A esos millones hay que sumarles, claro, los 24 de Geri por la gestión. “Es acorde al mercado”, ha explicado el futbolista en una rueda de prensa que se montó a su medida. Pero no hay Twitch que modernice ese tono tan antiguo de ‘usted no sabe con quién está hablando’ con el que despachó a los periodistas que le planteaban si no veía conflicto de intereses. ¿Problema? Qué problema va a haber en conseguirle un negocio millonario al organismo que gestiona los árbitros en los partidos que él mismo juega. A Geri le sorprende incluso que nos sorprenda. Es el mercado, 'amic'.

Alguna explicación tendrá que dar Rubi por ocultar a los órganos internos de la Federación de Fútbol sus acuerdos con Geri. Pero tampoco puede sorprendernos demasiado que mientras Rubi apelaba al gran favor que les hacía a los niños y niñas saudíes por acercarles el fútbol español, vetara internamente unos informes de la Federación que se oponían a celebrar la Supercopa en Arabia Saudí. El comité de ética de la RFEF no veía buena idea llevar la Supercopa a un país que utiliza las grandes competiciones deportivas para tapar internacionalmente las continuas vulneraciones de los derechos humanos, esto a Rubi también se le olvidó mencionarlo en las ruedas de prensa, igual que las comisiones.

Foto: Ilustración: Learte.
Piqué pidió recurrir a Juan Carlos I para firmar con Arabia: "Nos ayudaría seguro"
José María Olmo Alejandro Requeijo Ilustración: Learte

Ni Geri ni Rubi han percibido que sea un problema para los negocios ayudar a mejorar la imagen de una dictadura que encarcela mujeres por conducir y ejecuta homosexuales por serlo. Ellos creen que llenar los palcos de celebridades y el césped de las estrellas de la Liga para satisfacción de los que encargaron el asesinato y despiece de Jamal Kashoggi es ayudar a los derechos humanos. Y que promocionando la celebración de la Supercopa en Arabia Saudí ayudan a las mujeres de ese país, aunque sea porque el rato que están allí las cámaras dejan entrar a unas cuantas a aplaudir en las gradas. La Supercopa de la Igualdad, la llegó a llamar Rubi, cuando trataba de convencernos de que lo hacía por principios.

Tal vez olvidaron, Rubi y Geri, que mientras se celebraban los partidos con uno en el palco y el otro en el césped, a las feministas saudíes que se habían jugado la vida para reivindicar los derechos de las mujeres, como Loujain al-Hathlou, el régimen las tenía en la cárcel e impedía hablar con la prensa extranjera, que solo puede encender el foco donde el jeque diga. O tal vez no les importó. Amnistía Internacional lleva tiempo documentando que eventos como la Supercopa, lo mismo que el Rally Dakar y el circuito de Yeda de Fórmula 1, ayudan a blanquear un régimen dictatorial en el que a las mujeres no las dejan ni vestirse, ni viajar ni divorciarse libremente.

Foto: Una mujer saudí, con la Supercopa de España. (EFE/Julio Muñoz)

No es extraño que los gobiernos que menos respetan los derechos humanos sean los que mejor pagan estas competiciones y a sus comisionistas. Forma parte de una cuidada estrategia para limpiar la imagen internacional. Y si la Federación quiere tajada por celebrar allí la Supercopa que la saque, pero que no lo disfrace de lo que no es. El dinero que les han sacado a los saudíes con su pan de pita se lo coman, pero convendría embargarles a Rubi y a Geri las lecciones morales que se empeñan en darnos con sus presuntas buenas intenciones. Ni siquiera hace falta que reconozcan que mientras les salgan las cuentas no les importa blanquear una de las satrapías más cruentas del mundo. Bastaría con no tenerles que aguantar más lecciones hipócritas de moralidad.

El reto era, eso nos dijeron, ayudar a los niños y las niñas de Arabia Saudí a mejorar por medio del deporte. Eso fue lo que decía Luis Rubiales, alias 'Rubi', para explicar por qué la Supercopa de España decidió celebrarse en Arabia Saudí. Según Rubi, era un compromiso ético. Criticar que la Supercopa se jugase en uno de los países más represivos del mundo era no entender nada de cómo funciona el mundo y lo mucho que se comprometían con los derechos humanos. La Federación Española de Fútbol lo hacía por los niños y, sobre todo, por las niñas. Eso decía su presidente, con tono de reproche, incluso, a quien osara dudarlo. Era una “obligación moral”, afirmaba Rubi al explicar el acuerdo en el que ocultaba las comisiones millonarias.

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