Fiebre de encuestas, el reino de la preverdad. Blogs de Una Cierta Mirada

Fiebre de encuestas, el reino de la preverdad

Hay un pavoroso vacío de política. Y como los vacíos siempre se llenan, el espacio de la política lo han ocupado las encuestas. En España ya solo se discute sobre encuestas

Foto: El jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy, durante su intervención en la sesión de control al Gobierno el pasado 7 de febrero. (EFE)
El jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy, durante su intervención en la sesión de control al Gobierno el pasado 7 de febrero. (EFE)

Estamos en la meseta de la legislatura. Las elecciones pasadas ya quedan lejos y las venideras, previsiblemente, también. Es típicamente el periodo en que los gobiernos toman decisiones importantes —algunas incluso impopulares— sin sentirse condicionados por la presión de las urnas. Cuando suelen ponerse en marcha las reformas de fondo y el cumplimiento de los programas adquiere velocidad de crucero. Es también cuando los partidos de la oposición van construyendo con propuestas la alternativa de poder que en su día ofrecerán a la sociedad. Y es una fase propicia para los acuerdos necesarios. Es, por definición, un tiempo de siembra más que de cosecha.

Nada de eso ocurre ahora en España. Todo está tan paralizado como al principio de la legislatura. El Gobierno no gobierna porque carece de la fuerza para sacar adelante sus iniciativas. Los partidos de la oposición ni lo derriban, ni lo ayudan ni lo condicionan negociando de forma exigente; ni construyen ni destruyen, se limitan a criticar su pasividad a la vez que lo condenan a ella. El Parlamento es un desierto legislativo. Todas las reformas importantes permanecen aplazadas.

Hay un pavoroso vacío de política. Y como los vacíos siempre se llenan, el espacio de la política lo han ocupado las encuestas. En España ya solo se discute sobre encuestas. Todos, empezando por los dirigentes políticos, nos hemos vuelto sociólogos o politólogos. Cada una que aparece se analiza y escudriña como si nos fuera la vida en ello.

Las encuestas ya no solo muestran la realidad, que es su función original. Además, la crean y la modifican. Aparecen un par de encuestas que alteran la posición de los partidos e inmediatamente se alteran las estrategias y se reúnen cúpulas partidarias y gabinetes de crisis para hacer frente a una situación que no deja de ser virtual. Se ha instalado entre nosotros el reino de la preverdad demoscópica.

Las encuestas no solo muestran la realidad, que es su función original. Además, la crean y la modifican

Lo más perverso de esta deriva es que los partidos ya no trabajan siquiera para ganar el voto futuro (lo que invitaría a diseñar planes de medio plazo), sino para arañar unas décimas en la próxima encuesta, lo que conduce al cortoplacismo más extremo. Están tratando cada día de la legislatura como si fuera la última semana de la campaña electoral; y eso llama a exacerbar las diferencias, prevenir los contagios y desincentivar los acuerdos. Justo lo contrario de lo que el país necesita. El electoralismo es normal en una democracia, pero la encuestocracia es una patología que niega la política.

Con semejante actitud, Merkel y Schultz jamás habrían firmado su acuerdo de gobierno y Alemania —y Europa con ella— se asomaría hoy al precipicio. Ambos saben que a corto plazo sufrirán en las encuestas. Pero como confían en la política, hacen lo correcto para su país y esperan que su decisión dé frutos y sus conciudadanos finalmente lo reconozcan. Se llama liderazgo.

Los partidos ya no trabajan para ganar el voto, sino para arañar unas décimas en la próxima encuesta, lo que conduce al cortoplacismo más extremo

Conste que no critico a quienes realizan las encuestas, que en su mayoría están hechas de forma profesional, seria y honrada. Lo que lamento es la histeria con que los dirigentes políticos se alborotan, las desnaturalizan y tapan con ellas “el vacío del mundo en la oquedad de su cabeza”, que diría Machado.

Además, en lo sustancial sus resultados no son tan divergentes como se pretende. Si contemplamos las que se han publicado recientemente como un cuadro impresionista, atendiendo más a la mancha que a los detalles, comprobaremos que todas ellas ofrecen un retrato coincidente en sus rasgos básicos. A saber:

Por primera vez en nuestra historia, hay cuatro partidos agrupados en una estrecha franja de 10 puntos o menos. Si esto se mantiene, en España será posible ganar unas elecciones con el 25% del voto y apenas 100 escaños.

El Partido Popular presenta síntomas inequívocos de fatiga terminal. Su único remedio sería que la legislatura resucitara en su segunda mitad, pero eso no es muy hacedero para un Gobierno en minoría liándose a mamporros con su socio necesario ni con la pétrea incomunicación con el primer partido de la oposición.

Hay una fuerza que se expande en todas las direcciones: Ciudadanos. Una crecida que está transitando de burbuja a tendencia. Y es cierto que las tendencias pueden cambiar, pero es más difícil invertir una tendencia que pinchar una burbuja. En todo caso, es el único de los cuatro partidos que depende de sí mismo. Si acierta, su crecimiento podría tornarse macroniano. Si se equivoca, el globo descenderá tan rápidamente como ascendió. Por eso la obsesión de sus asustados rivales es provocar el error.

Disminuye drásticamente el tráfico en el espacio fronterizo entre el PSOE y Podemos. El partido de Iglesias ya no le quita votos al PSOE de Sánchez, y los que este recupera no son suficientes para salir de la melancolía.

Se descarta por inverosímil la hipótesis de una alternativa de poder desde la izquierda. Ninguna encuesta ofrece una remota esperanza de que tal cosa ocurra. Lo cual actúa como un poderoso incentivo a la abstención de un electorado propenso a ella y hace inocuo cualquier discurso de voto útil.

Los líderes partidarios se devanan los sesos buscando la forma de mejorar su posición electoral en una parrilla de salida que está muy disputada

Por el contrario, todas las encuestas presentan un escenario que habilita mayorías alternativas de centro-derecha o de centro-izquierda, con Ciudadanos en el eje de ambas, bien como cabeza de la coalición o como socio cuasiparitario.

(Por cierto: se da por supuesto que negociar con el adversario es veneno, pero ¿a nadie le extraña que los dos partidos con mayor salud electoral sean Ciudadanos y el PNV, precisamente los más negociadores del arco político? Quizás haya llegado la hora de revisar algunos prejuicios y considerar que podría estar cambiando la dirección del viento de la demanda social).

El caso es que en estos días los líderes partidarios se devanan los sesos buscando la forma de mejorar su posición electoral en una parrilla de salida que, como vemos, está muy disputada. No es por entrometerme, pero me permito sugerir algo: ¿qué tal si durante una temporada se dedican simplemente a hacer lo correcto para el país, diga lo que diga la preverdad de las encuestas? Quién sabe, a lo mejor va y funciona. Para volver a la tontería, siempre estamos a tiempo.

Una Cierta Mirada

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