Ecogallego
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¿Donde están los negacionistas climáticos?
Ante los récords de precipitaciones donde anteayer se sufría la peor de las sequías, frente a las imágenes de pueblos y campos inundados por ríos que ayer bajaban resecos ¿Quién se atreve a continuar negando el cambio climático?
Cuando los récords de precipitaciones son tan efímeros como los de altas temperaturas. Cuando a la hora de describir un fenómeno extremo cualquier superlativo se queda corto. Cuando resulta absurdo acudir a comparativas porque lo que está ocurriendo es del todo incomparable, los pequeños testimonios nos pueden brindar el mejor recurso informativo.
Agarrado del brazo de un vecino del pueblo, mientras otros intentaban achicar el agua que estaba anegando su vivienda, una mujer de edad avanzada atendía a una reportera de televisión que se disponía a entrar en directo en su informativo. Su testimonio no pudo ser más breve. Ni más categórico. Apenas dos frases: “Jamás en mi larga vida había visto nada igual” y “nunca me lo hubiera imaginado”. Dos oraciones que resumían a la perfección la magnitud de una noticia que trascendía lo local y lo puntual.
Porque más allá del suceso concreto, lo que revelan las crónicas de las catástrofes naturales a las que estamos asistiendo es esa tendencia hacia los extremos de la que llevan años alertándonos los climatólogos. Una tendencia según la cual los fenómenos meteorológicos adversos serán cada vez más intensos y recurrentes. Esa es una de las manifestaciones más evidentes de la crisis climática y seguirá acentuándose en la medida en la que sigamos alterando el clima. Porque todo lo que nos hace el tiempo es consecuencia de lo que le hacemos al clima.
Aunque pertenecen a escalas distintas, el tiempo y el clima están íntimamente unidos. Hace tiempo que el cambio climático está cambiando el tiempo meteorológico y negarlo es una temeridad. Como lo es negar aquello que ha quedado científicamente demostrado y resulta del todo irrefutable: que detrás de este cambio está la mano del hombre. Nada ha cambiado más que el clima a lo largo de la historia de nuestro planeta. Pero en esta ocasión el agente del cambio es la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera procedentes de la quema de combustibles fósiles.
Exceso de datos
Podría enlazar cada una de las afirmaciones a un artículo científico, un ‘paper’ publicado en las revistas científicas de mayor reputación por los equipos de investigación más prestigiosos. Podría incluir las gráficas más indiscutibles, con curvas ascendentes que se salen de la tabla; las infografías más originales para mostrar hasta qué punto todo lo que acontece con el clima es excepcional. Pero ocurre que, en este, como en otros ámbitos de la información, el exceso de datos entorpece el conocimiento. Y además, sería en vano porque, como nos recuerda Saramago en una de sus mejores novelas, la peor ceguera es la que se elige y se ejerce.
El cambio climático no es una cuestión de creencia, sino de ciencia, y ya de evidencia. Su manifestación más visible es el aumento de la temperatura media, pero también el incremento de la frecuencia y la intensidad de los fenómenos adversos que vienen azotando nuestro país en los últimos años: desde las olas de calor extremo, las sequías y los megaincendios, a las nevadas más intensas, las danas más destructivas y las grandes inundaciones. Estos son los hechos, y los hechos no dejan de existir, aunque optemos por ignorarlos. Por eso lo más sensato es aceptarlos y adaptarnos a esta nueva realidad.
Adaptación: esa es la palabra clave. Ante la violencia y la capacidad de destrucción de la borrasca Leonardo prevista y anunciada por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), la reacción del presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, de activar todos los protocolos para la prevención de riesgos ha salvado vidas. La prevención del riesgo es la mejor estrategia de adaptación a los escenarios climáticos hacia los que estamos avanzando. El negacionismo, el desdén hacia el conocimiento y la ignorancia intencionada son la peor respuesta a lo que está pasando.
Ante esta nueva situación climática, que no es un pronóstico ni un escenario de futuro sino algo que ya estamos viviendo, sabiendo como sabemos que lo que ahora consideramos excepcional pronto dejará de serlo, es imprescindible alejar el negacionismo del debate político. Porque la ciencia, el dato y la evidencia no se pueden negar y, porque quien lo hace resta esa capacidad de prevención y respuesta que salva vidas y obstaculiza los procesos de adaptación que han de salvar nuestra economía.
Cuando los récords de precipitaciones son tan efímeros como los de altas temperaturas. Cuando a la hora de describir un fenómeno extremo cualquier superlativo se queda corto. Cuando resulta absurdo acudir a comparativas porque lo que está ocurriendo es del todo incomparable, los pequeños testimonios nos pueden brindar el mejor recurso informativo.