¿Es momento para comprar bolsa?

Si hasta ahora teníamos un mercado sobrevalorado, pero en tendencia que nos obligaba a permanecer alcistas, encontrarnos de repente sin fuerza puede devolvernos a la realidad

Foto: Foto de archivo de la bolsa de Nueva York. (EFE)
Foto de archivo de la bolsa de Nueva York. (EFE)

A estas alturas de los mercados, y siempre tomando como base el S&P500, lo vivido en las últimas semanas parece alertar de cierta debilid­ad del actual momentum positivo que domina ese índice. Decía hace un tiempo que pese a la situación de valoración excesiva dominante, nunca debe despreciarse la fuerza del movimiento en vigor pues, como ha quedado demostrado en los últimos 10 años, ir contra mercado ha sido un total error. Sin embargo, esa tendencia impecable de las bolsas norteamericanas puede estar ahora entrando en una fase diferente y, como inversores, debemos contemplar siempre los caminos posibles que se pueden tomar y cómo nos afectarán. Si hasta ahora teníamos un mercado sobrevalorado, pero en tendencia que nos obligaba a permanecer alcistas en USA, encontrarnos de repente sin fuerza puede devolvernos a la realidad y aquella suma de peligros posibles, convertirse en verdaderos factores de implicaciones muy negativas. Sin embargo y pese a lo comentado, no son pocos los analistas y gestores que ven en las actuales caídas del mercado, una nueva oportunidad de compra que no puede perderse.

Con un CAPE (PER ajustado cíclicamente) ratio de 32 veces los beneficios de 10 años, y por muchos ajustes que hagamos con respecto a la anterior media histórica, el S&P500 está muy caro e, implícitamente, la rentabilidad futura media esperada a ese plazo está cercana al 0%.

La evolución de la economía norteamericana está siendo ciertamente positiva, con bajo desempleo (el menor de los últimos 48 años) y un alto crecimiento de los beneficios empresariales. Sin embargo, y como mayor riesgo potencial, se puede estar produciendo un sobrecalentamiento favorecido por los estímulos fiscales inyectados en la fase final del ciclo. Éstos no eran necesarios dada la fortaleza de la economía, y al tener que estar financiados con mayor déficit, coincidir con el alza de tipos de interés no es fácilmente gestionable. Se necesita más financiación para acometer la expansión fiscal, y esos mismos estímulos fuerzan a la FED a subir los tipos, dando como resultado un déficit mayor a coste superior.

Lo mismo parecen pensar desde el FMI dado que, esta semana pasada, se alertó del impacto en el crecimiento una vez se diluya ese efecto fiscal en USA. Si además se añaden las consecuencias que la guerra comercial ya empieza a tener, no es extraño observar cómo se han rebajado las proyecciones de crecimiento tanto de China como de Estados Unidos para 2019.

Esta energía de la economía norteamericana ha seguido atrayendo al inversor final hacia el mercado. Si uno analiza los flujos que entran y salen de los distintos activos, y de la renta variable en particular, la salida de fondos de inversión hacia ETFs (gestión pasiva) evidencia como todos esos inversores están ahora en el mismo lado del mercado. Eso genera un riesgo añadido que provocará situaciones de pánico como la vivida en el Nasdaq el miércoles pasado.

Como dato que no debemos olvidar, el movimiento del miércoles pasado es el quinto más fuerte en términos de volatilidad de toda la serie (data de 90 años atrás). Visto con perspectiva, 3 de los 40 mayores movimientos del VIX se han dado este año y 13 de los mayores 25, en el periodo 2010 a 2018. El mercado es más frágil que nunca, existen multitud de estrategias confeccionadas sobre la volatilidad y, dado el entorno de menores movimientos y menor liquidez, los riesgos son mayores que nunca. No olvidemos lo sucedido con los productos bajistas en volatilidad que se cerraron en febrero de este año.

Otro aspecto que no puede obviarse es el impacto que la recompra de acciones y la ley de repatriación de las ganancias corporativas, han tenido sobre las cotizaciones. Gracias a aquellos mismos estímulos fiscales, muchas empresas se han dedicado a esta actividad en vez de invertir en crecimiento. Una vez se agote aquel, el inversor no contará más con esa ayuda gratuita y veremos quién comprará entonces.

Es interesante analizar lo que hacen ciertos inversores como, por ejemplo, George Soros. En su cartera (13F) publicada a finales de agosto, las posiciones bajistas en el SPY (ETF sobre el S&P500) ascendían a un 10% del total que, macheada con otras posiciones alcistas, queda sobre el 7,1%. Sabiendo que la total valoración de dicho portfolio superaba los 6.250 millones de dólares, la cifra destinada a tal efecto no es menor. Si tomamos el Berkshire H. De Warren Buffett, destaca que el 47% de la posición está concentrada en 3 valores, y si subimos hasta los 5 primeros, el porcentaje de concentración alcanza el 67% del total. En este caso y pese a no tener posiciones cortas, el cash o liquidez disponible supera el 28% (Cash/Total Shareholder’s equity), destacando la tendencia al alza experimentada desde 2013 en esta partida. Por el contrario, Buffett no es nada optimista en bonos pues el total destinado se sitúa en el 5,12%, la cifra más baja de los últimos 20 años. Para acciones, sería el 48% el asignado a esta clase de activos (fuente gráfica: gurufocus.com).

El dato de inflación del jueves, menor de lo esperado, dio un respiro a los mercados y a los tipos. El 10 años retrocedió desde la zona del 3,24% y se sitúa ahora por debajo. La probabilidad de nuevas alzas en diciembre permanece en el 78% y mientras tanto, y como decía hace unas semanas, el cash empieza a gustar a muchos inversores. A 6 meses se paga un 2,45% mientras que, a 12 meses, el tipo está en un 2,67%. (fuente gráfica: MarketWatch)

Entre los argumentos que dan los alcistas encontramos razones de varios tipos. Desde el buen momento de la economia y del consumo privado, hasta la solidez de los beneficios empresariales, sin olvidar factores como el estacional, el historico buen desempeño del mercado tras las elecciones (midterm), la normalidad de asistir a fuertes movientos como el de esta semana pasada, la rentabilidad positiva que historicamente se ha visto en el largo plazo con los tipos al alza, la baja probabilidad de entrar en recesión o al supuesto acuerdo al que se llegará entre China y Estados Unidos con respecto a la guerra comercial.

Así las cosas y por resumir, del lado negativo nos encontramos en un entorno de bolsas norteamericanas caras (pese a esta correción), un posible recalentamiento de la economia, mercados emergentes no tan ajenos al alza de tipos y al impacto de un dólar fuerte, guerra comercial lejos de solucionarse y donde no podemos olvidar los problemas de liquidez y baja profundidad de mercado dominantes que nos exponen a los riesgos de cola como el vivido esta semana. Del lado favorable y junto a lo comentado en el párrafo anterior, podriamos añadir el efecto positivo que sobre las cotizaciones podría venir de la continuidad de los planes de recompra de acciones. Estos planes aún no se han cubierto y la caida podría animar a cubrir los mismos. Si a eso le añadimos las razones estacionales y lo comentado sobre las elecciones, entendemos las dudas que muchos tienen ante un panorama nada sencillo de descifrar. Un inversor de largo plazo, con una cartera estructurada y estrategia definida podría permanecer al margen del ruido actual. El momentum positivo del S&P no ha cambiado de momento y tomar decisiones al respecto requiere de mayor confirmación. Sin embargo, para una nueva posición que se quiera abrir, y salvo que se busque el corto plazo, lo lógico seria permanecer al margen y ver los toros desde la barrera.

De Vuelta

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