Cuando lo extraño es que la bolsa baje
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Javier Molina

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Cuando lo extraño es que la bolsa baje

Cuando expectativas y realidad no coinciden, justo es esa volatilidad la que sorprende al inversor y, desgraciadamente, nunca es para bien

placeholder Foto: Un trader en la bolsa de Alemania. (Reuters)
Un trader en la bolsa de Alemania. (Reuters)

Me llamaba la atención un artículo del otro día de Bloomberg donde, ante la caída durante dos días consecutivos (uno de ellos llegando a perder más de un 0,7%), varios estrategas trataban de explicar los motivos de tal ajuste de cotizaciones. A decir verdad, no sé si me produjo más sorpresa que el hecho en sí fuera noticia, o las razones que los profesionales daban para justificar tal debacle, mientras me quedaba la duda sobre a qué se le llama hoy en día una corrección (“Sell-off”).

Antes de esa trágica jornada, ese indicador llevaba unas 20 sesiones sin caer tanto, y por si eso fuera poco, se habían dado dos días consecutivos de descensos, situación no vista desde mediados de marzo. En ese contexto, se veía como una oportunidad el poder aprovechar para entrar en mercado pues, valoraciones al margen, hay que seguir invertido.

Sin duda alguna que estamos en una situación totalmente nueva, donde las políticas monetarias y fiscales expansivas han provocado tal magnitud de alteración sobre los modelos antes existentes, que la reacción tampoco tiene precedentes. Decía un analista el otro día que, al igual que en temas de salud y con respecto a la edad se dice que “los 70 son ahora los nuevos 40”, en temas de correcciones de mercado, “el 2% es ahora el nuevo 10%”, en tiempos donde el crecimiento económico a toda costa es la obsesión mundial.

Foto: EC.

Esto hace que hoy sea casi imposible imaginar caídas de las bolsas del 25% pues, más pronto que tarde, los responsables económicos terminarán actuando. Curiosamente y bajo lo que se viene ahora conociendo como la “paradoja de los bancos bentrales”, eso no significa que se hayan disminuido los momentos de fragilidad de las bolsas, sino todo lo contrario.

La nueva estrategia de trading creada al abrigo del “BTD” o comprar la caída, está produciendo situaciones curiosas. Entre que muchos gestores e inversores no pueden explicar o soportar el generar rentabilidades por debajo del mercado (estando fuera), y el exceso de liquidez existente a nivel mundial, saberse en manos de las autoridades monetarias en su papel de lograr la estabilización de los mercados, añade seguridad a esa operativa. Otro analista comentaba que, si antes se esperaban caídas del 10% para buscar oportunidades, esa sabida protección te lleva en la actualidad a no esperar tanto y, por ejemplo, terminar comprando ante descensos del 7%. Pero, si sospechas que otro inversor va a actuar del mismo modo, terminas adelantándote y comprando ante la caída del 5%. Y así hasta provocar que cualquier caída por mínima que sea, es aprovechada para entrar, poniendo de manifiesto el aspecto psicológico aún dominante en la inversión.

La disminución de la volatilidad experimentada desde marzo del año pasado, que ya se sitúa en niveles previos a la pandemia, viene a confirmar tal despropósito a modo de sello de confianza. Pero como ya les he comentado en alguna ocasión, cuando expectativas y realidad no coinciden, justo es esa volatilidad la que sorprende al inversor y, desgraciadamente, nunca es para bien.

Tal afirmación se me antoja especialmente válida en los momentos de valoración actuales. Si tomamos el S&P 500 veremos que con un PER cercano a 24 veces, o bien el mercado corrige fuertemente, o bien las expectativas sobre los resultados empresariales crecen aún más, hasta alcanzar un BPA de 250 USD que justifique tales cotizaciones. Como una gran parte del mercado está en esa última situación, veremos qué sucede cuando la realidad no colme esas expectativas y si, como todos esperan, la cobertura que dan las autoridades referidas, sigue funcionando.

Así las cosas, es por todo esto que las razones que se terminan dando por estrategas y analistas como los del anterior artículo, no son muy convincentes y debería ser crítico. La pérdida de la noción del riesgo es una característica observable entre una gran parte de los inversores y, pese a que todo cambia como hemos visto, no se deje atrapar por la euforia y búsqueda de rentabilidad a toda costa. Lo único que permanecerá siempre activo, pese a que no lo vea, es justamente ese riesgo y el encontrase justamente usted, en el epicentro de tales imposibilidades.

Por un periodismo responsable

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