Los resultados tienen que llegar, si no se están quedando con tu dinero

En la escena del restaurante de 'El lobo de Wall Street' se define el objetivo de los profesionales del sector como “pasar el dinero del bolsillo de tu cliente a tu bolsillo"

Foto: Leonardo DiCaprio en 'El lobo de Wall Street'.
Leonardo DiCaprio en 'El lobo de Wall Street'.

Nunca me ha gustado la forma en la que Hollywood suele caricaturizar a los inversores que trabajamos en el sector financiero. En la gran pantalla normalmente aparecen personajes prepotentes, sin escrúpulos, un tanto desequilibrados, que viven a todo tren en un mundo lleno de excesos y que solo piensan en ganar más dinero por encima de cualquier otra cosa.

Sin embargo, a veces el cine nos muestra a nosotros mismos algo real que no vemos desde dentro. En la escena del restaurante de 'El lobo de Wall Street' se define el objetivo de los profesionales del sector como “pasar el dinero del bolsillo de tu cliente a tu bolsillo”. Cuando vi la película me parecía una burla más muy alejada de la realidad. Nadie que conozca trabaja con esa intención.

Sin embargo, con el tiempo te das cuenta de que eso es lo que de verdad acaba ocurriendo en muchas ocasiones. El cliente pierde o no gana, pero el profesional sí y frecuentemente demasiado. Quienes prestamos servicios financieros solemos tener muy presente nuestra cuenta de resultados, pero muy pocas veces priorizamos el beneficio del cliente. La consecuencia es que la inmensa mayoría del valor aportado acaba en manos de quien lo trabaja y no del inversor, que es quien asume el riesgo.

Los estudios de rentabilidad pasada a muy largo plazo de los fondos de inversión muestran que en media los resultados han sido muy pobres comparados con el rendimiento medio de los activos en los que invertían. Los clientes deberían haber ganado mucho más, pero ese dinero ha ido a parar poco a poco a los bolsillos de quienes han cobrado unas comisiones excesivas para la escasa rentabilidad generada.

En bolsa habitualmente ocurre lo mismo. Hay muchas compañías que cotizan generando indefinidamente pérdidas (se pagan con ampliaciones de capital) o resultados muy mediocres mientras sus cúpulas directivas ganan elevadísimos sueldos e indemnizaciones que no se corresponden con los que debería generar la oferta y demanda de profesionales con habilidades similares.

Pero es que a nivel de 'startups' o compañías de nueva creación también abundan los mismos problemas. Muchos emprendedores tienen como objetivo último 'levantar' el máximo capital posible en cuantas rondas de financiación les permitan los inversores. Rentabilizar el dinero captado es secundario. Lo primordial es conseguir el capital que financie su proyecto y les asegure el cobro de un generoso sueldo.

En conclusión, como inversores tenemos que vigilar cuál es el destino de nuestro dinero, cómo se utiliza y si está generando los resultados previstos. Si no se incrementa el beneficio neto, al menos deberían aumentar otras variables operativas medibles (ventas, número de clientes, número de operaciones, reputación de la marca, etc.) que nos hagan prever mejores resultados futuros. El seguimiento de las inversiones es fundamental.

Debemos esperar el tiempo que requiera la naturaleza del negocio para no pecar de impacientes. No obstante, si transcurrido ese plazo la inversión no marcha bien, tendremos que buscar la salida. Si nos quedamos indefinidamente sin exigir resultados, estaremos regalando el dinero.

Rumbo Inversor
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