En qué invertir cuando hay exceso de liquidez
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Juan Gómez Bada

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En qué invertir cuando hay exceso de liquidez

En la situación actual, la liquidez no es el recurso escaso, la escasez está en los buenos modelos de negocio

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El parón económico generado por la pandemia ha provocado una crisis muy diferente a otras en el pasado. Ha sido mucho más severa, previsiblemente será corta en el tiempo y ha hecho cambiar los hábitos de los consumidores en la mayoría de sectores. No obstante, los aspectos diferenciales de esta crisis no acaban ahí: la fuerte intervención de los bancos centrales ha provocado un exceso de liquidez para la inversión.

Este último hecho es diferencial porque está influyendo en la asignación que las empresas hacen de los recursos y, por tanto, en los rendimientos de las diferentes estrategias de inversión.

En términos empresariales, las crisis se producen por la desconfianza de los agentes económicos en la viabilidad de los negocios. Tradicionalmente, los inversores que, en momentos previos a cualquier crisis, hayan mantenido liquidez o capacidad de endeudamiento, son capaces de aprovechar las caídas bursátiles, logrando invertir a precios de saldo en buenas empresas con menor riesgo. Las empresas que no logran financiación por parte de los inversores quiebran. Los buenos negocios se mantienen, y los malos negocios, desaparecen.

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Hoy, nos encontramos, sin embargo, con una crisis donde los bancos centrales han inundado el mercado de liquidez, convirtiendo un bien que tradicionalmente ha sido escaso, en una herramienta para evitar temporalmente una ola de quiebras. No obstante, aunque todavía no se haya producido la bancarrota de muchas organizaciones, el momento de mayor desconfianza y grandes gangas de mercado ya ha pasado. Mucho ojo con muchas de las empresas que aparentemente siguen estando muy baratas porque suelen tener modelos de negocio obsoletos y complicada su supervivencia.

En la situación actual, la liquidez no es el recurso escaso, la escasez está en los buenos modelos de negocio. Por ello, aquellas empresas que el mercado identifica como buenos modelos de negocio se disparan en precio haciendo su valoración poco atractiva. Esto, que para nosotros los inversores, puede ser un quebradero de cabeza, es bueno para la economía porque se quedan menos buenos proyectos, que generan empleo, sin financiar.

Por otro lado, estamos en un entorno de elevadísima incertidumbre empresarial. No porque aceche una crisis, sino porque es difícil prever el comportamiento de los consumidores y competidores en los próximos años. Esta situación provoca que la inmensa mayoría de los negocios estén en procesos de restructuración, de adaptación a las necesidades de los clientes y que los resultados sean menos predecibles que en otros momentos en los que el ritmo de cambio es menor.

En esta tesitura, lo que los inversores debemos demandar a las empresas es capacidad para adaptarse. Esto se consigue teniendo a la dirección completamente alineada con los intereses de los accionistas. Solamente los directivos que tengan el foco en el muy largo plazo podrán sacrificar resultados de los próximos años para invertir en desarrollar ventajas competitivas que generen elevados y sostenidos márgenes de beneficios en el futuro.

En resumen, esta vez los ganadores no son los que predijeron la crisis y esperan al momento de las quiebras para invertir, sino quienes seleccionan las empresas de calidad: las que tienen los mejores modelos de negocio y a los directivos con los intereses mejor alineados con los de los accionistas.

Termino resaltando que, en este entorno, no invertir es una de las peores opciones. En un mundo con exceso de liquidez, el valor del dinero respecto a otros activos solo tiene un posible destino: la pérdida de poder adquisitivo.

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