Formación financiera: ir por lana y salir trasquilado
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Juan Gómez Bada

Rumbo Inversor

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Formación financiera: ir por lana y salir trasquilado

Este tipo de ofertas te atraen con formación y expectativas de ganar dinero, te venden sus productos y lo más probable es que acabes perdiendo dinero y ellos ganándolo

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Muchos ahorradores se preguntan qué deben aprender para invertir bien su patrimonio y, a menudo, caen en la red de proveedores financieros que ofrecen formación gratuita. En esa formación les acaban enseñando a utilizar sus productos a nivel usuario: plataformas de trading, acciones bonos, CFDs, warrants, turbowarrants, etc. Lo que no piensan es que esos cursos de formación rápida son un señuelo con el objetivo de captar clientes.

Estos cursos, y los servicios que las entidades financieras promocionan como herramientas necesarias para ganar mucho dinero, son accesibles de una forma sencilla. A menudo, sus anuncios se parecen demasiado a los de las casas de apuestas, en los que apelan a la confianza en ellos mismos y a su habilidad para ganar al mercado.

Una vez convencido el inversor, atraído por la formación y las expectativas de ganar dinero, ignora las advertencias regulatorias sobre el elevado porcentaje de inversores que obtienen pérdidas en determinados productos financieros: cercano al 80% en algunos casos. Sin embargo, el porcentaje de entidades financieras que pierden dinero ofreciéndolos tiende a cero.

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En conclusión, este tipo de ofertas te atraen con formación y expectativas de ganar dinero, te venden sus productos y lo más probable es que acabes perdiendo dinero y ellos ganándolo.

Lo cierto es que, si bien la formación financiera es necesaria, hay algo que falla en este proceso. ¿Cómo se podría mejorar? Hay dos maneras:

La primera es buscar formación independiente. Nuestra formación no debemos basarla en los cursos más o menos rápidos de quienes pretenden ser nuestros proveedores. Las universidades, escuelas de negocios y otros centros académicos suelen ofrecer una formación de más calidad y menos sesgada. Para invertir debemos tener claro cuáles son los intereses de todas las partes involucradas: empresa emisora de acciones o bonos, intermediario, proveedor de productos financieros, inversores, etc. Debemos entender qué aporta cada interviniente en el mercado, qué debe recibir cada uno a cambio de lo que aporta y cuándo es razonable recibirlo. Si no comprendemos el sentido de los mercados financieros para cada una de las partes involucradas seremos presa fácil de otros participantes, que tratarán de aprovecharse de nuestro desconocimiento.

La segunda manera es la vía regulatoria. El supervisor de los mercados trata de defender a los minoritarios como puede y, con la mejor intención, obliga a informar a las entidades de los riesgos que asumen sus clientes. El problema es que hay demasiadas advertencias de muchísimos riesgos y los pequeños inversores no saben cómo de probable y de grave es cada riesgo. Algo similar ocurre cuando nos enfrentamos a una operación médica. Puede que tengamos que firmar varias hojas de posibles riesgos y contraindicaciones, pero eso nos sirve para poco. Al final lo que solemos hacer es preguntar por consejo a conocidos y fiarnos del profesional que tenemos enfrente.

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Ante la dificultad efectiva de poner en contexto los riesgos, una solución es una especie de ranking para ver qué tipo de operaciones médicas o inversiones financieras son más y menos arriesgadas. Esto ya lo ha hecho el supervisor con muchos productos financieros poniendo niveles del 1 al 6 o del 1 al 7 según el riesgo. No obstante, creo que también ayudaría conocer el porcentaje de inversores que gana o pierde en cada tipo de activo y la rentabilidad media que obtienen.

Es decir, no solamente informar de que cerca del 80% de los que invierten en CFDs (contratos por diferencias) pierden dinero, sino también saber qué porcentaje es ese cuando se invierte en acciones, bonos, fondos de inversión, planes de pensiones, opciones, futuros, warrants, etcétera. Posteriormente podríamos ver cómo evolucionan esos datos según aumenta el plazo de la inversión. De esa manera los inversores podrían comparar las distintas opciones de inversión y poner en contexto los riesgos y rentabilidades.

Entiendo que preparar todo esto es un trabajo y que requiere tiempo, pero estamos en el siglo de los datos y esa información sí es de verdad una herramienta útil para los inversores. Si todos invertimos mejor, la recompensa será grande para todas las partes.

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