Antes de invertir en megatendencias, fondos temáticos o energías renovables lee esto
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Juan Gómez Bada

Rumbo Inversor

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Antes de invertir en megatendencias, fondos temáticos o energías renovables lee esto

Piense que vender es más difícil de lo que parece. Para poder vivir de ello, debe “colocar” muchos productos de inversión a mucha gente

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Piense que usted no es un inversor, sino que trabaja para un banco vendiendo inversiones a sus clientes. Se gana la vida cobrando por los productos que vende a los clientes de su entidad. ¿Qué tipo de inversiones les ofrecería? Si está pensando en ofrecerles los productos que más le gustan a usted como inversor, todavía no se ha puesto en la piel del vendedor.

Piense que vender es más difícil de lo que parece. Para poder vivir de ello, debe “colocar” muchos productos de inversión a mucha gente. Tiene que vender aquello que tiene más probabilidades de ser comprado por el cliente; no puede perder oportunidades de venta, ni mirar atrás.

La mejor manera de no fallar es ofrecer, de toda la gama de productos disponibles, aquellos productos con mejores rendimientos en el pasado reciente, aquellos que suenen bien a los clientes, aquellos en los que parezca muy sencillo ganar dinero. En la situación actual, los productos estrella son los mencionados en el título.

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¿Dónde está el problema? El problema está en que está invirtiendo muchísima gente en lo mismo, porque se vende muy bien. De hecho, todas las entidades financieras de la mayoría de los países desarrollados están vendiendo productos similares al mismo tiempo. Esto no supone un problema para el vendedor, que está haciendo su trabajo, ni para el inversor, que cree que está tomando la mejor decisión.

No obstante, los gestores de los vehículos de inversión se enfrentan a una gran dificultad frente a la que no pueden hacer mucho: la subida de precios de todo lo que deben comprar para cumplir su mandato de inversión.

En esta tesitura, el cliente no es sensible a precio, el vendedor tampoco y el gestor de las inversiones, que es quien que debería serlo, no puede serlo porque tiene un mandato de inversión muy específico: debe invertir en los activos que el mandato de inversión le indica, independientemente de su precio.

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A corto plazo todo funciona bien porque se genera una espiral positiva: la nueva demanda hace revalorizarse las inversiones de los que entraron con anterioridad y esos buenos rendimientos sirven, a su vez, para atraer a nuevos inversores. Todo el mundo está contento, incluidos aquellos gestores que ganan más a través de las comisiones de éxito. A medio plazo, se genera una burbuja en ese tipo de activos que crece y crece hasta que, sin previo aviso, estalla.

No hay nada nuevo bajo el sol. Antes de la crisis de 2008, por ejemplo, los sectores estrella eran otros: telecomunicaciones, bancos o inmobiliarias. Sectores que unas décadas después están de capa caída.

Un ejemplo actual de temática de inversión es la Inteligencia Artificial (IA), una tecnología con posibles aplicaciones de indudable futuro. Sin embargo, cada vez hay más fondos, y de mayor tamaño, que invierten exclusivamente en cotizadas que dicen utilizar IA para ofrecer sus bienes y servicios. Llegará un momento en el que todo lo que huela a Inteligencia Artificial estará muy caro, aunque la forma de aplicar esta tecnología de muchas empresas no esté teniendo éxito.

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La ingente financiación que llega a la IA hará desarrollarse esta tecnología muy rápido, no hay duda de eso. Donde hay duda es si las cantidades invertidas generarán un retorno suficiente. En el año 2001 Internet era el futuro, y lo sigue siendo, pero se invirtió demasiado dinero en proyectos que no tuvieron la rentabilidad esperada y se originó una de las mayores crisis de la historia reciente de la bolsa americana y global.

¿Qué podemos hacer, entonces? Existen señales de alarma en las que, como inversores, podemos fijarnos: i) las valoraciones de los activos se disparan a niveles históricamente elevados comparado con el rendimiento que producen, ii) la mayoría de las grandes entidades financieras venden prácticamente el mismo tipo de inversión, iii) las cotizadas ponen a la venta sus divisiones más demandadas por el mercado y se producen muchas salidas a bolsa o ampliaciones de capital en determinados sectores.

Actualmente Acciona y Repsol quieren vender parte de su negocio de energías renovables, algo que hizo Ence hace unos meses. Ninguna de estas tres compañías quiere salirse de ese negocio, por ello mantienen el control. No obstante, consideran que, ahora, debido a los elevados precios, es un buen momento para vender una parte sustancial de ese tipo de activos, generar plusvalías y reducir riesgo. Están tomando justo la posición contraria a la de la mayoría de los clientes de los grandes bancos.

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Destaco que seguirá habiendo muchas oportunidades en proyectos y empresas en estos sectores, pero hay que identificarlas una a una. Debemos tener en cuenta que los visionarios que pensaban hace veinte años que Internet era una fuente de oportunidades, donde la mayoría del potencial estaba por descubrir, estaban en lo cierto. A pesar de ello, los que pusieron su dinero en esa temática, sin revisar la razonabilidad del precio de los valores ni mayor análisis, sufrieron unas pérdidas de una magnitud que rara vez se ven en los mercados.

En mi opinión, la mejor manera de evitar estas burbujas es invertir con una política de inversión suficientemente flexible por sectores, países y tipos de activo, de forma que siempre se pueda invertir en valores con ventajas competitivas sostenibles en el tiempo que coticen a precios razonables. Ni los gestores, ni ningún otro inversor, deberían estar obligados a invertir a cualquier precio.

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