Evergrande y la peor estrategia de inversión
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Juan Gómez Bada

Rumbo Inversor

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Evergrande y la peor estrategia de inversión

No sé si Evergrande será el detonante de una crisis financiera en China o si acabará siendo rescatada parcialmente por el gobierno chino para frenar un posible efecto dominó...

Foto: Edificios de Evergrande. (EFE)
Edificios de Evergrande. (EFE)

A raíz de la posible quiebra de la inmobiliaria china, Evergrande, me llamó un inversor preguntando por la conveniencia de «protegerse» vendiendo sus posiciones: acciones y fondos de inversión seleccionados con unos criterios concretos y un horizonte temporal de largo plazo.

Es decir, quería, de un día para otro, echar por tierra las diferentes tesis de inversión a largo plazo que le habían llevado a confiar en diferentes negocios y fondos de inversión por un motivo que no toca, ni tangencialmente, los aspectos relevantes que le llevaron a realizar esas inversiones.

No sé si Evergrande será el detonante de una crisis financiera en China o si acabará siendo rescatada parcialmente por el gobierno chino para frenar un posible efecto dominó. La deuda pública y privada China es enorme comparada con su PIB, pero también tienen una economía opaca y mucho margen de maniobra político para hacer de todo. Podría estallar ahora, dentro de un lustro o incluso conseguir ir ajustando los excesos de una manera planificada e impropia de las economías de mercado.

Foto: (iStock) Opinión

En cualquier caso, esta situación no echa para atrás a los empresarios que crean empresas y crecen en otras partes del mundo. De la misma manera, no debería hacer que los inversores pierdan la cabeza y echen por tierra sus estrategias de inversión.

Este tipo de reacción a una noticia concreta es muy habitual en muchísimos inversores que invierten a largo plazo. Los motivos pueden ser variopintos: una moción de censura en España; un dato de paro en Estados Unidos; una recomendación de un amigo o invertir en otro activo que esté de moda.

El hecho es que utilizando unos argumentos invierten en unos activos y un día, de repente, deciden cambiar de opinión por algo totalmente ajeno a sus motivos iniciales y tiran por la borda todo el esfuerzo que pusieron en la selección de las inversiones.

Después, cuando los rendimientos obtenidos por los inversores son insatisfactorios, se le acaba echando la culpa a la mala suerte, a la volatilidad de los mercados o a la selección de las inversiones. Sin embargo, en estos casos no fallan ni los mercados ni el análisis de las inversiones. Falla la ejecución.

Foto: iStock Opinión

Normalmente tenemos unos motivos para invertir y un horizonte temporal. Con esto en mente elaboramos un plan que deberíamos dejar por escrito y que revisaremos cuando estemos tentados a vender. Solo deberíamos vender cuando haya pasado el tiempo necesario o se dejen de cumplir los criterios o tesis de inversión utilizados.

Todo esto es más fácil de decir que de hacer, porque estamos constantemente bombardeados con noticias y nuevas alternativas de inversión que nos hacen dudar. Es necesaria mucha autodisciplina.

Lo peor que podemos hacer es ir de flor en flor saltándonos nuestros propios planes. El plazo al que invertimos debe ser coherente con los motivos por los que invertimos. Si tenemos que vender anticipadamente, que sea por algo que modifique sustancialmente nuestra tesis inicial de inversión. Si no somos disciplinados, acabaremos a la deriva en un mar de noticias y posibles inversiones.

*Juan Gómez Bada es director de inversiones de Avantage Capital y asesor de Avantage Fund

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