La 'derechita cobarde' de Belfast y los 100 años de división de Irlanda
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Celia Maza (La Isla)

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La 'derechita cobarde' de Belfast y los 100 años de división de Irlanda

La irrupción del Vox norirlandés podría dar impulso a la reunificación de la isla un siglo después de su partición

Foto: Edwin Poots, posible futuro líder del DUP. (Reuters)
Edwin Poots, posible futuro líder del DUP. (Reuters)

No fue el Brexit, sino su ambivalencia sobre la terapia de conversión gay. Arlene Foster se ha visto obligada a dimitir como ministra principal de Irlanda del Norte y como líder del DUP por su abstención en una votación para prohibir las terapias de 'curación homosexual'. Estas prácticas siguen siendo habituales en la provincia británica, donde las bodas entre personas del mismo sexo no han sido legales hasta 2020. La decisión de Foster no gustó al sector más tradicionalista de las filas unionistas. No es lo que se esperaba de un líder del DUP. O, al menos, no es lo que se esperaba cuando la formación está desangrándose ante el auge de otro partido más radical. Ya se sabe el nerviosismo que producen en algunos sectores las acusaciones de 'derechita cobarde'.

Como ocurriera con el PP ante el auge de Vox o con los 'tories' ante el auge del UKIP, los unionistas norirlandeses del DUP están endureciendo su discurso por la creciente popularidad del Traditional Unionist Voice (TUV). El partido, capitaneado por Jim Allister, se creó en 2007. Pero es ahora cuando está tomando gran protagonismo ante la profunda crisis que se vive en la provincia británica, coincidiendo con los 100 años de la partición de la isla de Irlanda.

Foto: Un autobús arde en las protestas de Belfast, en Irlanda del Norte. (Reuters)

Si el próximo líder del DUP se mueve (aún más) hacia la derecha para atajar la amenaza del TUV, alienará a los votantes más jóvenes que lo han ayudado a ser el principal partido unionista desde 2007. En la última década, el Partido de la Alianza se ha convertido ya en refugio de los menores de 30 años que buscan una opción de centro y socialmente liberal.

Y con el voto protestante dividido, los católicos del Sinn Féin tienen cada vez más posibilidades de convertirse, por primera vez en la historia, en el partido más votado en los próximos comicios a la Asamblea de Belfast, con su promesa de un referéndum para unir de nuevo norte y sur de la isla.

Las elecciones están previstas para el próximo año. Pero podrían adelantarse si el nuevo líder del DUP, presionado por el sector más tradicionalista, se niega a promulgar la Ley de la Lengua Irlandesa, lo que colapsaría el Gobierno de coalición entre católicos y protestantes, obligados a entenderse y compartir poder por el Acuerdo de Paz de 1998. De momento, el favorito para sustituir a Foster es Edwin Poots, representante del ala dura del partido, con un discurso en contra del aborto y las uniones homosexuales.

El gran problema que ha tenido el DUP en los últimos años es su vanidad. Su primer gran error fue hacer campaña por un Brexit duro creyendo que eso no influiría en la frontera con la República de Irlanda. Y luego su equivocación fue creer a Boris Johnson cuando este prometió que jamás crearía una división entre Irlanda del Norte y el resto del Reino Unido.

Foto: La ministra principal de Irlanda del Norte. (Reuters)

Para los unionistas, el Protocolo de Irlanda recogido finalmente en el acuerdo de Brexit para evitar la frontera dura entre la República de Irlanda y la provincia británica es el caballo de Troya que establece la unidad económica en la isla como precursora de la unidad política entre el norte y sur.

Pero el protocolo no habría sido necesario si el DUP hubiera apoyado la opción más pragmática planteada en su momento por Theresa May para dejar todo el Reino Unido dentro de la unión aduanera. Cuando la que fuera primera ministra perdió la mayoría absoluta y tuvo que apoyarse en los unionistas para sacar sus políticas adelante, a la formación norirlandesa se le subió el poder a la cabeza y pecó de arrogante. Se fio de Johnson, pero este terminó traicionándolos. Y la provincia británica ha terminado ahora más alineada que nunca con la República del sur.

En definitiva, 100 años después de su partición, la dimensión política de Irlanda y sus implicaciones tanto para Bruselas como para Washington (donde existe un gran 'lobby' irlandés) siguen siendo sumamente complejas.

Foto: Una calle en Belfast, Irlanda del Norte. (Reuters)

La historia más reciente de la isla se remonta al lunes de Pascua de 1916, cuando menos de 2.000 insurgentes, sin apenas entrenamiento militar y pobremente armados, se lanzaron a las calles de Dublín para tomar la ciudad y enfrentarse al Ejército del todopoderoso imperio de su majestad. La rebelión era la primera gran revuelta del nacionalismo y republicanismo irlandés, prácticamente derrotado después de ocho siglos de ocupación británica de la isla.

Para los ideólogos rebeldes, no fue fácil de encajar. Parecía que Irlanda estaba ya abocada a convertirse, como Escocia, en una región más del Reino Unido que, además, luchaba en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) con 150.000 irlandeses integrados en las filas de su Ejército.

Pero el levantamiento despertó las conciencias nacionalistas y llevó, tras la Guerra de Independencia, a la creación en 1922 de un Estado Libre Irlandés, compuesto por 26 condados, precursor de la actual República de Irlanda, fundada en 1949. A cambio, Dublín aceptaba la división de la isla y dejaba en manos de Londres seis de los nueve condados del Ulster, lo que pasó a ser la provincia británica de Irlanda del Norte.

Foto: Una imagen de las pasadas elecciones. (Reuters)

Pero Belfast y el noreste han dejado ahora de ser el motor económico. Y los unionistas ya no son infranqueables en las urnas. Desde la entrada en vigor del Protocolo de Irlanda en enero, el apoyo al DUP ha caído del 31% al 19%. Los nuevos controles que hay que realizar en los puertos norirlandeses han polarizado la política de Irlanda del Norte y han llevado, de nuevo, la violencia a las calles de Belfast. Y la situación solo empeorará una vez que todas las medidas de la era pos-Brexit entren en vigor.

Hasta ahora, los diversos controles están limitados por periodos de gracia que el Gobierno de Johnson ha extendido unilateralmente, enfrentándose así a Bruselas. Pero, incluso con las actuales excepciones, los controles de mercancías que llegan a Irlanda del Norte desde Gran Bretaña representan el 20% de todos los chequeos fronterizos realizados en toda la UE. La mente se aturde ante lo que sucederá una vez que el protocolo se implemente en su totalidad y la reacción de los políticos y líderes empresariales se descubra.

Pero este es el Brexit por el que apostó el DUP. Y ahora ni un nuevo líder, ni un discurso más radical ni sus terapias de conversión homosexual van a lograr cambiarlo.

No fue el Brexit, sino su ambivalencia sobre la terapia de conversión gay. Arlene Foster se ha visto obligada a dimitir como ministra principal de Irlanda del Norte y como líder del DUP por su abstención en una votación para prohibir las terapias de 'curación homosexual'. Estas prácticas siguen siendo habituales en la provincia británica, donde las bodas entre personas del mismo sexo no han sido legales hasta 2020. La decisión de Foster no gustó al sector más tradicionalista de las filas unionistas. No es lo que se esperaba de un líder del DUP. O, al menos, no es lo que se esperaba cuando la formación está desangrándose ante el auge de otro partido más radical. Ya se sabe el nerviosismo que producen en algunos sectores las acusaciones de 'derechita cobarde'.

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