El declive del yihadismo en Europa

La actividad terrorista ha decaído en la UE estos últimos años, pero perfiles como el del asesino del profesor francés anuncian la aparición de jóvenes radicales indetectables

Foto: Foto: EFE.
Foto: EFE.

La decapitación, el viernes en Conflans-Sainte-Honorine, del profesor Samuel Paty, a manos de Abdoullakh Anzorov, refugiado checheno de 18 años, ha causado un enorme impacto en Francia y ha retrotraído emocionalmente el país hasta hace un lustro, cuando ocho yihadistas armados hasta los dientes asesinaron en París a 130 personas en una sola noche.

Por muy grande que sea la repercusión del atentado, el terrorismo islamista en Europa pierde intensidad desde hace unos tres años. El último a gran escala y preparado con meses de antelación fue el perpetrado en Barcelona y Cambrils, en agosto de 2017.

“El declive del terrorismo en Europa”, titulaba su último artículo en 'El País' el catedrático Fernando Reinares, de la Universidad Rey Juan Carlos, y analizaba el fenómeno. “Quizá, más que en declive esté ahora adormilado”, sostiene, por su parte, Anna Teixidor, autora del libro 'Los silencios del 17-A', una obra exhaustiva sobre el zarpazo terrorista en Cataluña.

Con matices, todos los informes recientes de instituciones públicas o de 'think tanks' apuntan en esa dirección. Europol, la agencia policial europea, resaltaba en junio la disminución del terrorismo islamista el año pasado. “El número total de detenciones decayó ligeramente por segundo año consecutivo en 2019”, subrayaba.

A lo largo de 2017, se detectaron en la Unión Europea 33 proyectos de atentados de los que 10 tuvieron éxito. Ese año, fueron también detenidas 1.219 personas. El año pasado, el último para el que Europol proporciona datos, los terroristas prepararon 21 atentados, pero solo se llevaron a la práctica tres. Hubo además 1.004 detenciones.

¿Por qué decae la actividad terrorista en el Viejo Continente? Porque ha desaparecido Daesh

En España, la tendencia es a grandes rasgos similar a la de sus socios europeos, según los datos que suministra el Ministerio del Interior. En 2017, se desarrollaron 52 operaciones antiterroristas con 76 detenidos. En lo que va de año, solo se han producido 12 con 23 detenidos. Con una sola excepción en Sevilla, que incluso arroja dudas, todas las células desmanteladas en España en 2019 se dedicaban a la difusión de propaganda o a la recaudación de fondos, según Europol. No suponían, por tanto, una amenaza inmediata. Aun así, Interior mantiene el nivel de alerta antiterrorista 4 en una escala de cinco.

¿Por qué decae la actividad terrorista en el Viejo Continente? Porque ha desaparecido Daesh, el mal llamado Estado Islámico, que constituía un potente foco de atracción para una minoría de jóvenes musulmanes asentados en Europa de los que unos 6.000 viajaron a Siria e Irak para incorporarse a las filas de la organización terrorista.

El yihadismo de Abu Bakr al Baghdadi no solo fundó un 'califato' sino que puso en pie una extraordinaria maquinaria de propaganda, a través de las redes sociales y de foros restringidos, con la que captó a partir de 2012 a miles de adeptos que se unieron a él 'in situ' o que estaban dispuestos a pasar a la acción allí donde residían. No en balde, los realizadores de vídeos eran los mejor pagados, por delante de los combatientes, en ese Estado embrionario.

Como ya no hay, a ojos de una minoría de jóvenes musulmanes, un 'modelo' por el que luchar, ya no es necesario movilizarse. El año pasado, la policía solo detectó en la UE dos salidas de jóvenes radicalizados con destino a las zonas de conflicto de Oriente Próximo, uno de ellos en España. Al Qaeda, la otra gran organización terrorista fundada por Osama ben Laden, nunca tuvo el mismo poder de seducción que el Estado Islámico.

No solo la derrota de Daesh, consumada en marzo de 2019 con la pérdida de Baghuz (Siria), la última localidad que aún controlaba, ha desmotivado a los radicales. También les han parado los planes de prevención de la radicalización y, sobre todo, las actuaciones policiales y judiciales contra los terroristas o aquellos que aspiraban a serlo.

Ahora bien, el asesinato del profesor de Historia que mostró a sus alumnos unas caricaturas del profeta en el marco de una charla sobre la libertad de expresión, nos deja otras enseñanzas sobre el peligro terrorista. Sabíamos que los yihadistas en Europa actuaban en general solos, por lo que era difícil detectarlos, pero en general estaban fichados y tenían antecedentes penales. Estaban sometidos a una cierta vigilancia.

El checheno Abdoullakh Anzorov era, en cambio, un desconocido para las fuerzas de seguridad que, en el marco de una familia con tintes extremistas, se radicalizó aún más. “No es miembro de un grupo yihadista (…), no ha sido fichado por la policía, los servicios de Inteligencia no le seguían la pista, no ejecuta una orden dada desde el extranjero”, señalaba el experto francés Bernard Rogier en una entrevista radiofónica. “Ante una situación de estas características, no se puede hacer gran cosa”, se lamentaba.

Anzarov y los que sigan su estela no asesinarán a 130 personas en una noche porque carecen de los medios, la preparación y la pericia para hacerlo. Sí podrán, sin embargo, acabar con la vida, de uno en uno, de docentes, magistrados o periodistas, sobre todo si cuentan, como sucedió en este caso, con cómplices que a través de las redes sociales les ayudan a identificar a sus víctimas denunciando la supuesta ofensa al islam que han perpetrado.

La historia no acaba aquí
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
5 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios