Inmersión lingüística: Cataluña no es Groenlandia, pero se le parece

En los países democráticos, hay numerosos territorios bilingües, pero la imposibilidad para los padres de elegir la lengua de escolarización de sus hijos solo existe en autonomías de España y Dinamarca

Foto: Foto: Reuters.
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El mundo occidental está salpicado de territorios donde conviven varias lenguas. En Europa sucede, por ejemplo, en tres cantones suizos, en la región de Tirol del Sur (Italia), en la ciudad de Bruselas y en otros muchos lugares. A gran escala, el mejor prototipo es quizá Canadá.

En los cantones de Friburgo, Valais y Berna, los padres eligen si sus hijos son escolarizados en alemán o francés. En Bruselas y parte de su periferia, sucede otro tanto entre el flamenco, una variante del neerlandés, y el francés, por el que se inclina la mayoría del alumnado.

Incluso en países que han accedido más recientemente a la democracia, como Rumanía, los derechos de la minoría húngara (1,25 millones de habitantes) son respetados por una ley de 1995 enmendada dos años después. En este caso, también los progenitores deciden en qué escuela matricular a sus hijos, y la gran mayoría opta por los centros públicos donde la enseñanza se imparte en su lengua materna.

Quebec no es un estado bilingüe, aunque Canadá, del que forma parte, sí lo es. Hace ya 46 años, el primer ministro quebequense, Robert Bourassa, logró promulgar una ley que convirtió el francés en la única lengua oficial. Aun así, la minoría anglófona puede escolarizar a su prole en escuelas públicas y subvencionadas donde se estudia en inglés, a condición de solicitarlo al Ministerio de Educación y cumplir algunos requisitos.

Basta con demostrar que el alumno al que se quiere matricular en un centro anglófono tiene un hermano que cursó en inglés la mayoría de la escuela primaria o secundaria o un padre o una madre que también estudiaron algunos años en ese idioma. En el anterior curso escolar (2018-19), había en las escuelas anglófonas de Quebec 84.189 alumnos. En la mayoría de los estados angloparlantes de Canadá donde hay una consistente minoría francófona, esta puede también escolarizar a sus hijos en su lengua materna.

En los territorios bilingües de países democráticos, solo hay un modelo de inmersión similar al de Cataluña, que no permite a los padres que sus hijos sean escolarizados en su lengua materna. En Cataluña, el castellano es la lengua madre del 52,7% de la población y el catalán del 31,5%, según el 'Estudio de usos lingüísticos" efectuado en 2019 por la Dirección General de Política Lingüística de la Generalitat.

En los colegios de Groenlandia, solo se estudia en groenlandés, y el danés, el idioma oficial del país, ha pasado a ser la primera lengua extranjera

El acuerdo alcanzado entre ERC, el PSOE y Unidas Podemos para eliminar de la nueva ley de educación (Lomloe) la referencia al castellano como lengua vehicular tendrá pocos efectos prácticos, pero ratifica simbólicamente el sistema de inmersión en catalán que arrancó en 1983.

Ese modelo de inmersión catalán solo existe en Groenlandia, una región autónoma de Dinamarca con una población (56.000 habitantes) como Segovia o Huesca. Los groenlandeses decidieron en 2008 en referéndum dotarse de una mayor autonomía y, entre otras cosas, acabar con el bilingüismo. Desde junio de 2009, el groenlandés, un idioma esquimal hablado por más del 80% de la población, es la única lengua oficial.

En los colegios, solo se estudia en groenlandés, y el danés, el idioma oficial del país, ha pasado a ser la primera lengua extranjera. La coalición de cuatro partidos que gobierna Groenlandia aprobó incluso hace un par de años un manifiesto proclamando su propósito de convertir el inglés en la primera lengua extranjera, por delante del danés.

Esta intención causa consternación en Dinamarca. “Poner menos énfasis en el danés en Groenlandia equivale a poner menos énfasis en los sueños y esperanzas de los jóvenes groenlandeses de cursar estudios superiores”, escribió en el diario 'Berlingske' Marcus Knuth, diputado conservador danés y exportavoz para asuntos groenlandeses. Si no dominan el danés, difícilmente podrán esos jóvenes estudiar y trabajar en Dinamarca, cuyo mercado laboral ofrece muchas más salidas que el groenlandés.

La inmersión en groenlandés es, en realidad, un paso para preparar la independencia que, según los sondeos, un 64% de la población anhela. Los partidos políticos locales son, en mayor o menor medida, todos proclives a romper amarras con Dinamarca y solo discrepan sobre el ritmo de la separación. Si aún no se ha consumado, es porque la autonomía recibe cuantiosas ayudas de Copenhague y porque el nuevo Estado quedaría, aunque sea provisionalmente, fuera de la UE.

Al margen de las excepciones española y groenlandesa, en los demás territorios bilingües de las sociedades democráticas la inmersión lingüística no existe porque, hasta algunos nacionalistas quebequenses lo reconocen, vulnera el derecho de los padres a escolarizar a sus hijos en la lengua de su elección y conculca libertades individuales, aunque sean pocos los que quieran ejercerlas.

La historia no acaba aquí