Muerte del periodista Khashoggi: ¿es hora de que todos rompamos con Arabia Saudí?

La glorificación de Mohamed bin Salman en los medios para retratar al líder de una monarquía absolutista como un reformador se ha venido abajo con la muerte del periodista Khashoggi

Foto: El rey Felipe, la reina Letizia y Mohamed bin Salman antes de un almuerzo en el Palacio Real, el 12 de abril de 2018. (Reuters)
El rey Felipe, la reina Letizia y Mohamed bin Salman antes de un almuerzo en el Palacio Real, el 12 de abril de 2018. (Reuters)

Mohamed bin Salman llegó a España envuelto en un aura de reformas. Corría la primavera y el almuerzo en su honor que celebró el Rey Felipe en el histórico Salón de Columnas del Palacio Real -aprovechado para que el Ibex presentase credenciales- contó con la presencia del expresidente Mariano Rajoy, la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y otros seis ministros. No era una visita de Estado, pero el príncipe se alojó en el Pardo. Todo era poco para agasajar al heredero de Arabia Saudí y a su aperturismo.

Aquella gira por España, EEUU y Francia tenía un claro objetivo: captar inversores para la “nueva Arabia Saudí”, el país surgido de las reformas emprendidas por Bin Salman en el que las mujeres pueden conducir e incorporarse al mercado laboral, la policía religiosa ha perdido poder y “solo se acepta un islam moderado”, en detrimento del wahabismo, corriente inspiradora del Reino saudí y raíz de todos los movimientos fundamentalistas. Joven, dinámico, progresista, con un perfecto inglés, el emisario impecable que era el príncipe heredero debía abrir Arabia Saudí al mundo… y a su dinero. La estrategia funcionó. “La primavera árabe ha llegado por fin a Arabia Saudí”, sostenía Thomas L. Friedman, tres veces ganador del Premio Pulitzer, en 'The New York Times', “nunca pensé que viviría lo suficiente para escribir esta frase: el proceso de reforma más significativo hoy en día en Oriente Medio tiene lugar en Arabia Saudí”.

La glorificación de Mohamed bin Salman en los medios para retratar al líder de una monarquía absolutista como un reformador se ha venido abajo con la muerte del periodista Jamal Khashoggi. Con la esperanza de salvar una reputación internacional que se desmorona, el príncipe heredero parece estar dispuesto a admitir que el columnista murió durante un interrogatorio en el consulado saudí en Estambul. Riad prepara un informe en el que admitirá que planeaba interrogar a Khashoggi y trasladarle a Arabia Saudí, pero defenderá que el periodista fue asesinado por agentes saudíes que actuaron sin la autorización del Reino.

El propio Mohamed bin Salman habría aprobado el interrogatorio de Khashoggi, su arresto y traslado al Reino, pero un agente de la inteligencia saudí “trágicamente incompetente” frustró el plan inicial, según el 'New York Times'. Todo apunta a que un equipo de agentes saudíes -el mismo que asesinó, troceó el cadáver y lo sacó del consulado en valija diplomática, según el periodista Turan Kislakçi, amigo personal de Khashoggi- será la cabeza de turco.

La muerte de Khashoggi -quien durante años tuvo acceso a información privilegiada como asesor del exjefe de la Inteligencia saudí, el poderoso Turki al-Faisal- ha sacudido el tablero diplomático. Mientras Francia, Reino Unido y Alemania amenazan con “las consecuencias que hagan falta” y llaman a ejercer presión internacional sobre Riad, Donald Trump envió este martes a Arabia Saudí en viaje relámpago al secretario de Estado Mike Pompeo. El jefe de la diplomacia estadounidense fue recibido entre sonrisas por el rey Salman bin Abdelaziz y el príncipe heredero. Hace días, Trump amenazó con imponer un “severo castigo” a Riad si se confirmaba el asesinato. El lunes, tras una conversación telefónica con el rey Salman, dijo que tenía la sensación de que Khashoggi fue víctima de “asesinos por cuenta propia”.

Mike Pompeo durante su reunión con Mohamed bin Salman en Riad, Arabia Saudí. (Reuters)
Mike Pompeo durante su reunión con Mohamed bin Salman en Riad, Arabia Saudí. (Reuters)

La muerte del periodista saudí ya ha provocado movimientos, la pregunta es si el caso tendrá consecuencias. “Las habrá, pero no serán de calado. Arabia Saudí secuestró a un primer ministro (el libanés Saad Hariri) y es responsable del mayor desastre humanitario de la actualidad, en Yemen. EEUU tomará medidas pero tendrán el impacto más limitado posible, porque Washington perdería a un aliado y todos los países árabes se han posicionado a favor de Riad. Los efectos (de la muerte de Khashoggi) podrían notarse más a nivel interno. Cada vez que el rey Salman debe intervenir para resolver o disimular los errores de su hijo, el príncipe heredero pierde legitimidad”, explica a El Confidencial Itxaso Domínguez, coordinadora de Oriente Próximo y Norte de África de la Fundación Alternativas.

Puede que la muerte de Khashoggi lo haya cambiado todo, pero las señales de que Bin Salman no era el reformista que esperaba Occidente ya estaban ahí. La purga sin precedentes que acabó con la detención de 11 príncipes y varios ministros acusados de corrupción en 2017 se interpretó como una maniobra de Bin Salman para borrar de un plumazo todos los contrapesos a su poder, hasta el punto de que el Gobierno se vio obligado a desmentir los rumores sobre una posible abdicación del rey Salman, de 81 años, en favor de su hijo. Por aquel entonces, el príncipe heredero parecía dirigir el país hacia una dictadura mientras arrasaba con el tradicional método de gobierno saudí: la búsqueda de consenso entre la familia real.

Poco después, el Gobierno lanzó una campaña de represión contra las defensoras de los derechos de la mujer, acusadas de crímenes tan graves como “contactos sospechosos con entidades extranjeras”. También fueron víctimas de ataques personalizados en medios y redes sociales sin precedentes. Entre las arrestadas hay figuras muy conocidas en el país por su lucha contra la prohibición de conducir, como Louyain al-Hatloul —detenida durante 73 días en 2014 por desafiar la prohibición de conducir—, Aziza al-Yusef —quien hizo lo propio en 2013— o Eman al-Nafyan, profesora universitaria y bloguera. Tanto Al-Hatloul como Al-Yusef aparecieron en la portada de un diario local, el 'Al-Jazirah', bajo un titular que las describió como "traidoras al Estado". Las autoridades saudíes castigaron a estas mujeres por promover un objetivo que el príncipe heredero asegura apoyar.

Mondo Cane
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