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Lo que nos piden los ucranianos para resistir y ganar a Putin
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Luis Garicano

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Lo que nos piden los ucranianos para resistir y ganar a Putin

Los ucranianos nos muestran lo mejor de la humanidad. Merecen y necesitan nuestra ayuda

Foto: Foto: EFE/Isaac Esquivel.
Foto: EFE/Isaac Esquivel.

¿Qué más puede hacer la UE para ayudar a Ucrania? El viernes pasado, seis eurodiputados viajamos a Lviv, la principal ciudad occidental del país, con este único punto en la agenda.

Las primeras respuestas las obtenemos en la visita a un hospital militar que está recibiendo casi un centenar de heridos cada día. Hablamos con el director, cirujanos, médicos y personal de enfermería. Aunque por ahora no están desbordados (hay camas, personal y suministros suficientes), necesitan medicinas. Todos ellos —los soldados heridos a los que saludamos, el cuerpo médico, los ciudadanos que ayudan— tienen una determinación asombrosa, emocionante: “Vamos a ganar”.

Foto: Edificios y vehículos destruidos tras el ataque en la base de Yavoriv. (Reuters/@BackAndAlive)

Nos reunimos después con responsables civiles y militares de la ciudad y la región. El gobernador militar es una metáfora de Ucrania: “Yo era el gobernador civil, pero ahora no he tenido más remedio que ponerme el uniforme”. Es médico de profesión. Otros visten camisetas con la leyenda que se ha hecho famosa en todo el mundo, la respuesta que dieron el pasado 24 de febrero los soldados ucranianos de la guarnición de la Isla de las Serpientes, en el mar Negro, a los rusos que les conminaron a rendirse: “¡Jódete, barco ruso!”. Aparentemente, los 13 soldados murieron en el bombardeo.

Los ucranianos están fuertes, a pesar del zarpazo cruel e indiferente de Putin y su Ejército. No se desaniman, no piensan en rendirse. Mantienen el sentido del humor, que es otra forma de resistencia. No he detectado ninguna sensación de derrota. Los voluntarios llenan los hospitales, los centros de ayuda, las cocinas populares que José Andrés y varios organismos han levantado en Ucrania y los países vecinos para alimentar a la marea de refugiados y a todos los que están viviendo esta pesadilla.

De la reunión con Yulia Svyrydenko, viceprimera ministra y responsable de Economía —ahora encargada de la logística de sobrevivir a los asedios—, salimos con más respuestas. Su mensaje es muy claro: “Necesitamos alimentos y medicinas antes de que la trampa se cierre, antes de que los asedios corten todas las rutas a las ciudades. Todo lo que entre ahora en Ucrania, y no sabemos hasta cuándo será posible, son vidas ganadas”.

¿Qué necesitan los ucranianos? Les hace falta ayuda en siete áreas clave: sanciones, alimentos, medicinas, siembra y cosecha de cereales, horizonte para su candidatura a la UE, respaldo de organizaciones internacionales y, finalmente, ayuda militar, claro.

Foto: Militares ucranianos junto a un tanque, presuntamente ruso, a las afueras de Kharkiv (Reuters/Maksim Levin)

Todas las autoridades con las que nos encontramos en Lviv nos pidieron que no desfalleciéramos en la aplicación de sanciones. No podemos financiar la guerra de destrucción de Putin comprando el petróleo y el gas de Rusia. La Unión Europea ha anunciado que el paquete de ayuda a Ucrania se duplicará y llegará a los 1.000 millones de euros, exactamente el mismo cheque que cada día enviamos a Rusia por el suministro de combustibles fósiles. Hay que prohibir esas importaciones, mantener la presión contra los oligarcas y el entorno del Kremlin y excluir a todos los bancos rusos del sistema Swift.

Alimentos para las ciudades sitiadas: Yulia Svyrydenko me contó que reciben 200 camiones diarios con comida, pero que necesitan 1.000 para almacenar víveres en las futuras ciudades sitiadas. El desabastecimiento y el hambre empiezan a estar presentes. Necesitan cereales, toda clase de comida enlatada, productos cárnicos, conservas y quesos fáciles de guardar y que no se estropeen, frutos secos, biscotes…

Foto: Una barricada en la carretera que lleva a Kiev. (EFE/Zurab Kurtsikidze)

Hacen falta medicinas y material sanitario. Nos lo explicaron en el hospital militar. También en este capítulo nos dieron su lista de prioridades: paracetamol, antiinflamatorios, antibióticos, toda clase de vendas y esparadrapos, gasa estéril, guantes médicos de nitrilo, mantas térmicas, productos antihemorrágicos, tubos nasofaríngeos lubricados, tijeras para cortar ropa y calzados…

La cosecha y la posterior siembra de cereales, la que debería ser la mayor del mundo, se acerca. Si la guerra lo impide, habrá una crisis alimentaria global. Los ucranianos tienen tractores y semillas, pero no combustible. Hay que ayudarles, mientras sea posible, con envíos de combustible, y eso también es ayudarnos: ningún país tiene interés en que esa cosecha fracase y que se desencadene una crisis alimentaria que nos afectaría a todos por la inevitable subida de los precios de los productos alimentarios.

Foto: Foto: Pixabay/jplenio. Opinión

La candidatura de Ucrania a la UE necesita señales de esperanza. La decisión del Consejo Europeo de Versalles ha supuesto una ducha de agua fría para ellos. Nadie está pensando en un ingreso rápido, ni siquiera en un proceso como el de otros países, pero hay que valorar todo lo que han hecho —defendiendo Europa con su sangre— para ser candidatos. Tenemos que pensar en fórmulas que ofrezcan horizontes a países como Ucrania y otros de la zona y de los Balcanes: fórmulas que sirvan al tiempo de faro y de contención, que señalen un proceso y un destino sin dar falsas esperanzas ni plazos artificiales.

Los ucranianos nos piden ayuda para revisar la actuación de algunas organizaciones internacionales. Echan de menos más presencia de la Cruz Roja, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Son instituciones hechas para situaciones como esta. Si no actúan a pleno rendimiento en Ucrania en estos momentos, como otras sí lo están haciendo, ¿para qué sirven?

Y, como ya sabemos, Ucrania pide ayuda militar e implora una zona de exclusión aérea, un paraguas para evitar los bombardeos de aviones y helicópteros que disparan a placer sobre objetivos de todo tipo. En todas y cada una de las reuniones que tuvimos, nos lo dijeron. Yo entiendo las cautelas ante esta medida porque, para hacer efectiva la zona de exclusión aérea, la OTAN tendría que estar dispuesta a derribar a los aviones rusos que entrasen en ella, y eso nos podría llevar a un enfrentamiento entre potencias nucleares. Sin embargo, la medida es un clamor entre los ucranianos y tengo la obligación de contar lo que he visto y escuchado.

En el regreso a la frontera, vemos las colas masivas de ucranianos que salen de su país y los autobuses que esperan para llevarlos. Silencio y tristeza, dolor y angustia. Pero orden y buena organización.

Veo la bandera europea, la bandera azul con las estrellas, cuando entro en Polonia. En cientos de ocasiones he cruzado fronteras que ya no existen sin detenerme a mirarla. Es distinto ahora, cuando dejo Ucrania. Sabemos, intelectualmente, lo que significa esa bandera, la Europa en paz, pero es la primera vez que siento lo que significa: vuelvo a territorio seguro.

Los ucranianos creen que, con nuestra ayuda, pueden resistir y ganar. Frente a los carros de combate, los helicópteros y los misiles que destrozan hospitales y revientan barrios residenciales, frente a la inteligencia artificial y a los robots, frente a la geopolítica y la 'realpolitik', el factor humano sigue siendo clave.

Los ucranianos nos muestran lo mejor de la humanidad. Merecen y necesitan nuestra ayuda. Quieren vivir. Yo lo he visto en Ucrania.

*Luis Garicano, jefe de la delegación de Ciudadanos en el Parlamento Europeo, es vicepresidente y portavoz económico de Renew Europe.

¿Qué más puede hacer la UE para ayudar a Ucrania? El viernes pasado, seis eurodiputados viajamos a Lviv, la principal ciudad occidental del país, con este único punto en la agenda.

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