Volcanes ha habido siempre
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Juan Soto Ivars

España is not Spain

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Volcanes ha habido siempre

Esto es una respuesta para la gente amable que me da su apoyo, y también para los aprovechados agresivos que aprovechan la trifulca para insultar a Calderón

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Foto: Unsplash.

Un día estaba yo viendo en directo en la tele, con mi abuela, la erupción de aquel volcán impronunciable islandés, y ella soltó una frase de apariencia ligera que fue ganando peso y tamaño hasta convertirse en otra cosa. Con su acento aguileño, ante la pequeña pantalla de la salita desde la que un cráter nórdico interrumpía el tráfico aéreo mundial, mi abuela dijo: "Volcanes ha habido siempre, no los han podido quitar".

Primero me reí, como solía hacer en las apáticas tardes de entonces, pero después le di un beso a mi abuela, me fui de su casa y me aburrí. En esa época estaba solo y tampoco tenía trabajo, así que me aburrí en el puerto, me aburrí en un bar, me aburrí en la playa, de anochecida y, al final, cuando ya me aburría en la cama, me quedé pensando que era divertido eso de resignarse a la existencia de los volcanes. Una tarde entera de aburrimiento había conectado esa frase y su sentido, más profundo de lo que parecía. El aburrimiento es fértil, ¡cuánto lo echo de menos!

Hoy la sentencia abuelil es una especie de talismán para mí. La he convertido en mi particular "con estos bueyes hemos de arar", en mi amuleto de resignación. Por eso, cuando me pasan cosas raras, como la que involuntariamente he protagonizado esta semana por cruzarme con una señora vociferante en Twitter, anécdota que termina con la ministra de igualdad Irene Montero posicionándose públicamente contra mí, saco esta frase del bolsillo, la abrillanto y la miro. Volcanes ha habido siempre, no los han podido quitar.

La anécdota que protagonizo comenzó hace algunos años, cuando Isa Calderón, una cómica, hacía una sección de críticas de cine feministas que a mis amigos le gustaban mucho, y a mí no. Un día puse en alguna red social que a mí aquellos vídeos me parecían un poco vulgares, o algo así, y por lo visto Calderón no se lo tomó bien: su orgullo es frágil. Más tarde, ella hacía sus vídeos para 'El Español', la echaron tras una polémica y yo escribí criticando el despido. Después, coincidimos en un programa de 'Carne Cruda', cordialmente, y no volví a saber de ella.

Lo siguiente que supe fue que me ridiculizaba, junto a Lucía Lijtmaer, en un espectáculo teatral feminista. Allí descontextualizaban cosas que yo había escrito para pintarme como un misógino, un machista y un idiota. Jamás me invitaron al asunto, así que ignoro hasta qué punto aquellos dardos eran graciosos o no, pero supe que esas dos estaban participando de algo más grande. Para cierto público, insultarme a mí era como insultar a Vargas Llosa, Arturo Pérez-Reverte o Joaquín Sabina. Los señoros, anacrónicos y canallitas, caducos. A mí, que quieren que les diga, la comparación me parecía un elogio inmerecido.

Fue por aquella época, un tanto asquerosa, que aparecí caricaturizado en una novela de éxito escrita por otra autora, que me nominaron al cuñado del año en la revista 'El Jueves', que me dieron una medalla de plata de señoro o algo así en otro programa cómico de izquierdas, que un grupo de raperos orgánicos de Podemos me sacó poco halagüeñamente en una de sus canciones, y que un montón de gente empezó a decirme por Twitter que me lavara el pelo, coletilla —ejem— que se ha ido aposentando y que hoy recibo habitualmente por parte de gente muy comprometida con distintas cruzadas que yo suelo criticar.

Lo que a mí me ha estado pasando no es más que una mala reputación en ciertos ambientes donde la pose es vital para la supervivencia

Sin embargo, siempre he repetido en entrevistas, cuando me lo han preguntado, que nunca me he sentido linchado, ni víctima, y es la pura verdad. Dado que he trabajado con auténticos linchamientos y he escrito un libro sobre esto, sé adónde conducen y lo terroríficos que son. Lo que a mí me ha estado pasando no es eso, por fortuna. No es más que una mala reputación en ciertos ambientes donde la pose es vital para la supervivencia, y donde todo el mundo tiene mucho cuidado de dar 'likes' a según quién. Son tribus relacionadas con la izquierda posmoderna, la que menos respeto en este mundo, matona y superficial.

Durante algunos años, hicieron de su capa un sayo, bajo la amenaza chantajista de que, si criticabas a estas personas, dirían por ahí que estabas en contra de las mujeres, los negros, los gais, los pobres o vaya usted a saber quién, como hicieron conmigo. Estas personas han utilizado a distintos grupos sociales como trampolín para ganar prestigio, han formado tribus, las han alimentado y, por el camino, han adquirido deudas y se han posicionado, desde ese ministerio olvidable para abajo, en buenos lugares, estables y cómodos. Son sitios donde se me veta sistemáticamente, y este es el único precio que he pagado. Es poca cosa.

Con muy escasas y afortunadas excepciones, jamás he discutido ninguno de mis artículos más polémicos con ninguna de las personas pertenecientes a estas tribus. Siempre han respondido con la burla o el insulto. Jamás me han preguntado nada, ni me han escrito en privado, ni han tomado a bien nada de lo que yo haya podido decir desde posiciones más próximas a alguno de sus mantras, que también las tengo. No han tenido conmigo la más mínima contemplación, así que dejaron de afectarme sus críticas. Durante años seguí la táctica de no responder jamás, pero eso terminó. En este submundillo, si te quedas callado te quedas solo.

Así que respondo. Hoy la ministra de Igualdad, a la que critico sin compasión en este diario puesto que me parece un cáncer para el feminismo y la izquierda, se ha posicionado públicamente a favor de Calderón, que lleva varios días fuera de sí en Twitter, tildándome de monstruo, misógino, cabronazo y demás, mintiendo sobre mí, haciéndose la víctima, acusándome de enviarle tuiteros a desearle violaciones, solo porque ironicé sobre el contenido de uno de sus tuits, casi siempre lamentables y misándricos.

Quería dejarlo pasar hasta que apareció Irene Montero este jueves por la mañana y un montón de gente me ha escrito para darme su apoyo, redoblándose los insultos contra Isa Calderón. Este ha sido el motivo de este texto, que es una respuesta para la gente amable que me da su apoyo, y también para los aprovechados agresivos que usan la trifulca para insultar a Calderón: a los primeros, muchas gracias por vuestros mensajes. A los segundos, por favor, parad. Detesto las huestes, y Calderón, que lleva dos o tres días retuiteando a las suyas, con mensajes que le dicen "reina" y a mí lindezas, ya ha demostrado con creces lo mucho que le afecta ese ruido. No hacéis ningún favor a nadie insultando a esa señora y alimentando su desquicie. Dejadla estar. Volcanes ha habido siempre, no los han podido quitar.

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