Usos y aprovechamientos para una manifestación neonazi
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Juan Soto Ivars

España is not Spain

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Usos y aprovechamientos para una manifestación neonazi

De la marcha de un puñado de adeptos a una ideología marginal surgen ramajes complejos, intrincados e interesantes

Foto: Manifestación neonazi en Chueca y el centro de Madrid. (Sergio Beleña)
Manifestación neonazi en Chueca y el centro de Madrid. (Sergio Beleña)

Los neonazis son escoria. No tiene ningún mérito decir esto, es un lugar común, pero como hay gente que lo dice en Twitter y gana aplausos, no quisiera yo ser menos, como Sarah Silverman en aquel monólogo: los nazis son detritus, basura, chusma —digo con cara de suficiencia—, lo peor de lo peor, el fondo quemado de la olla. Y hasta tal punto lo son, y hasta tal punto es un lugar común admitirlo, e incluso cantarlo a los cuatro vientos con expresión comprometida, que hasta los de Abascal salieron a desvincularse de la marcha sobre Chueca de un grupo de entre 40 y 200 'skinheads & friends', se supone que adscritos a España 2000.

Me refiero a los cafres que portaban banderas 'skinhead' y prostituían de esta forma las españolas con que las acompañaban; los que levantaban el brazo en saludo romano sin que nadie se lo devolviera, y gritaron “fuera maricas de nuestros barrios” y “fuera sidosos de nuestros barrios” a los ciudadanos que, desde los balcones, les mandaban a paseo y arreaban cacharrazos a las ollas en señal de una más que justificada hostilidad. Se ha dicho que marcharon con impunidad porque la policía no iba dándoles de hostias, pero eso implica desconocer los tiempos de la Justicia. La policía no debería empezar unos disturbios, y la Fiscalía ya investiga a los presentes. Decir 'impunidad' es a veces el síntoma de que se tiene muy poca paciencia.

Foto: Manifestación de grupos de extrema derecha en Chueca y el centro de Madrid. (Sergio Beleña)

Sin embargo, de la marcha de un puñado de adeptos a una ideología marginal surgen ramajes complejos, intrincados e interesantes. Uno de ellos es, por supuesto, la desvinculación de Vox, expresada por Abascal, que ha señalado a una supuesta “cloaca socialista” como queriendo decir que esto lo ha montado la izquierda para hacerles daño. Es una paranoia ridícula y habitual en el nacionalpopulismo, pero resulta que los organizadores del acto hicieron una entrevista en radio Intereconomía, y de títeres del PSOE no tienen nada. Contaron que se iban a manifestar contra la Agenda 2030, que es lo que comunicaron a la Delegación del Gobierno de Madrid, y aseguraron alguna sorpresa. La sorpresa, una vez escuchada la entrevista y observadas las imágenes, hubiera sido encontrar a un manifestante sin tatuajes y con mucho pelo en la cabeza.

Las palabras de asco de Abascal han supuesto un cisma entre España 2000 y Vox, con una carta del líder del grupúsculo que ha hecho mis delicias por su ortografía inexacta y su narración de los hechos, en los que llega a aludir, en un delirio poético, a las “barbas hasta las tetillas” de quienes los increparon. Acusan a Vox de “cloaca oportunista” e inauguran un ciclo en las derechas que recuerda mucho a los eternos divorcios y mitosis de la parte de la izquierda: así que donde hablábamos de Frente Popular de Judea contra Frente Judaico Popular, ahora tendremos que hablar también del Frente Nacional de Roma contra el Frente Romano Nacional. Una entretenida pelea en los asientos de atrás y café para muy cafeteros.

Foto: El presidente de Vox, Santiago Abascal. (EFE) Opinión

En fin. Vox usa esta manifestación para lanzar la sombra de la duda sobre el Gobierno, inocular en algunos de sus capillitas más fieles la idea de un montaje, y en todo caso para desvincularse de un extremismo demasiado incandescente —y también, quizá, demasiado sincero— incluso para la imagen pública de su partido, que ya es decir. Pero que la conspiración a la que aludía Abascal no exista, como tantas otras cosas, no implica que el Gobierno y la prensa progresista, orlada por sus tuiteros de referencia, no se hayan apuntado a la recogida de cerezas. Se ha dicho que la manifestación neonazi de Chueca es una señal inequívoca de la deriva reaccionaria de la sociedad, del odio larvado contra los gais, una bandera de alarma.

Y eso es tan falso como la insinuación de Vox de que la izquierda habría montado el acto. Como decía Freud, a veces un cigarro es simplemente un cigarro. La manifestación neonazi en Chueca no ha sido una señal del peligro en el que viven los homosexuales en Madrid, salvo en el recorrido de la misma, claro, y tampoco un montaje. Ha sido lo que ustedes han visto, nada más y nada menos: la ridícula bravuconería de un puñado de fanáticos convencidos de que existe una conspiración internacional, con los judíos en el ajo, para disolver España. Ni siquiera es un discurso nuevo: lo decía Franco habiéndose leído 'Los protocolos de los sabios de Sión', y lo decía Manuel Canduela en 2007, cuando era líder del partidito Democracia Nacional.

La manifestación neonazi en Chueca acarrea también enfrentamiento político

En España, como en el resto del mundo, el odio y los extremismos siempre crecen alimentándose unos de los otros, y el sustrato sobre el que se desarrollan es el miedo. Desconfíe usted, por tanto, de quienes viven de alimentar el pavor, de los que nos inducen a creer que el vecino o la vecina nos quiere destruir "por ser lo que somos" (sea esto lo que sea), de quienes siempre aluden a las intenciones secretas y diabólicas de los demás y hacen que las piezas inconexas encajen. Es muy cierto que cada vez se oyen más los discursos fanáticos y radicales, es cierto que ocurren cosas horribles, pero es mentira que suceda solo a un lado del tablero, y por las causas mefistofélicas que se suelen señalar.

Para desgracia de todos, salvo de los regantes, hay muchas regaderas derramándose alegremente en torno a la maceta del odio. La de los calvos tatuados que desfilaron por Chueca, por cierto, hace mucho que echa poca agua. Apenas unas gotas emponzoñadas.

Los neonazis son escoria. No tiene ningún mérito decir esto, es un lugar común, pero como hay gente que lo dice en Twitter y gana aplausos, no quisiera yo ser menos, como Sarah Silverman en aquel monólogo: los nazis son detritus, basura, chusma —digo con cara de suficiencia—, lo peor de lo peor, el fondo quemado de la olla. Y hasta tal punto lo son, y hasta tal punto es un lugar común admitirlo, e incluso cantarlo a los cuatro vientos con expresión comprometida, que hasta los de Abascal salieron a desvincularse de la marcha sobre Chueca de un grupo de entre 40 y 200 'skinheads & friends', se supone que adscritos a España 2000.

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