La letra con sangre entra
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Juan José Cercadillo

Feria de San Isidro

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La letra con sangre entra

No hay tarde de tregua en este oficio. No se paga este arte tan sublime sin la sangre. Los que miran desde lejos este mundo pensando que su esencia se limita a maltratar sin razón a un toro bravo jamás entenderán la esencia de nuestra vida

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El diestro Roca Rey. (EFE)

Palacio de Vistalegre, 19 de mayo de 2021

7ª de la Feria de San Isidro. Casi 6.000 espectadores. Al borde del aforo máximo permitido. Sin llegar por poco al 'no hay billetes', con diferencia la mejor entrada de la feria hasta la fecha.

Seis toros de distintas ganaderías. 1º de Vegahermosa, 2º de Jandilla, 3º y 4º de Garcigrande y 5º y 6º de Nuñez del Cubillo. Bien presentados en general, cuajo suficiente y astifinos, con distintas hechuras en función de sus procedencias. Mejor el lote de Roca Rey en especial el tercero de Garcigrande.

Incidencias: resultó cogido el banderillero Juan José Dominguez en el primero de forma aparatosa y continuada. El parte médico da cuenta de la gravedad de la cogida: herida por asta de toro en hemitórax izquierdo en zona infraclavicular con un agujero de entrada de unos 15 por 20 centímetros. Presenta cuatro trayectos: uno hacia arriba de unos 16 centímetros, que llega a región supraclavicular; otro hacia afuera de unos diez centímetros que llega al hueco axilar sin penetrar en él, otro hacia adentro de 20 centímetros, que provoca fractura de tercera costilla con luxación condrocostal y otra más hacia arriba y adentro de 15 centímetros que alcanza espacio supraexternal. Graves lesiones musculares en pectoral mayor. Bajo anestesia general se interviene quirúrgicamente y se traslada al Hospital Nuestra Señora del Rosario. Pronóstico muy grave. Firmado: doctor Enrique Crespo

Resultó cogido también al entrar a matar al Sexto Pablo Aguado, con una cornada también dramática, pero afortunadamente limpia. El parte médico refleja lo siguiente: "Cornada en el tercio medio, cara interna, del muslo derecho. Dos trayectorias: una hacia arriba de 20 centímetros que desgarra músculo vasto interno y contunde arteria femoral en unos 5 centímetros, otra hacia fuera y dentro de 14, que alcanza diáfisis de fémur, con lesiones musculares en vasto interno, recto anterior y crural, de pronóstico grave".

Roca Rey, de blanco y oro. Ovación, dos orejas y ovación con saludos.

Pablo Aguado, de catafalco y oro. Silencio tras dos avisos, ovación y cogido al entrar a matar al sexto. Trasladado a la enfermería, a la muerte del toro, se le brinda una gran ovación.

placeholder El diestro Pablo Aguado sufre una cogida. (EFE)
El diestro Pablo Aguado sufre una cogida. (EFE)

No hay tarde de tregua en este oficio. No se paga este arte tan sublime sin la sangre. Los que miran desde lejos este mundo pensando que su esencia se limita a maltratar sin razón a un toro bravo jamás entenderán la esencia de nuestra vida. Porque exponerse a la muerte a cambio de compartir emociones, jugarse tu propia existencia para hacérsela un poco más presente a los que te miran, le puede resultar anacrónico a ciertos espectadores, no digo que no, pero resulta infinitamente edificante para el que trate de hacerse a sí mismo consciente de algo tan trascendente en lo breve de una tarde. Aclara este espectáculo apenas en un par de horas, como en una condensación milagrosa de la más compleja filosofía, el cómo y el por qué de lo que somos. De lo poquísimo que somos, si nos ponemos sinceros.

Prendió el primero de este miércoles al pobre Juan José Domínguez y le dejó bien claro el oficio de toro bravo. Le hizo sentir lo liviano de su cuerpo en repetidos viajes del suelo hacia el firmamento. Y viceversa. No es anatomía ligera la de este buen banderillero, pero a merced de pitones, de riñones y de celo del toro de Vegahermosa, ligerísima marioneta nos pareció unos instantes. Instantes que se nos hicieron eternos y a la vez superdramáticos por lo contumaz del compromiso de demostrar el cinqueño su condición y sus genes que, por desgracia, le obligan, a acabar con cualquier intruso que invadiera su terreno. Desbaratado, medio muerto, le llevaron en volandas por el camino del miedo que, en el mejor de los casos, evitando otras instancias, termina gracias a Dios, en hospitalaria cama. Suerte que el Doctor Crespo pise en Carabanchel esos terrenos. Con su milagrosa ciencia mantiene entre los vivos varios cuerpos de toreros que han sido desbaratados. En pocos días son muchas las cornadas, las heridas, que ponen a prueba el talento de un galeno reconocido y admirado por todo el orbe taurino. Sobre todo el remachado.

placeholder El diestro Roca Rey. (EFE)
El diestro Roca Rey. (EFE)

Y por si fuera poca prueba, por si pareciera mentira la entrega de los toreros, el pitón del rancio sexto se tropezó con el muslo de ese torero artista al que todos admiramos. Pablo con el muslo roto, taponándose la herida, llegó de blanco perverso a la única camilla, que libre, aún quedaba en la saturada enfermería. Sangre colofón de entrega. Rúbrica de grandes pases. Firma de emoción, de talento. Epílogo de dolor que da sentido a la obra que el torero sevillano nos brindó como quien no quiso dar importancia a sus cosas. Remate de esas verónicas de no olvidar mientras vivas. De ese pecho por delante, de esa cadencia sublime que para al toro y al tiempo. Se entregó sin contemplaciones Pablo a la competencia. Sin señalar ganadores perdió Aguado la sangre que le aleja de posiciones cercana a los perdedores.

placeholder El diestro Pablo Aguado. (EFE)
El diestro Pablo Aguado. (EFE)

Roca evitó la herida. No porque no lo intentara. Más bien pareció fracasarse a pesar de las dos orejas por no conseguir inmolarse a la altura de tal salvaje competencia. Formato de tú o yo, sacó lo mejor de estas dos figuras hasta llevarles al extremo del triunfo y de la cornada. En plan maestro, el peruano vistió de grandeza sus cites, decoró de aplomo sus muletazos y engrandeció con sincero sentimiento sus remates y sus pasos. Encandiló a partidarios y convenció a los dudosos. Dejó una magistral lección de auténtico y serio toreo. Esa capacidad abruma a la par que desconcierta. Tal seguridad y tal técnica ponen techo de cristal al futuro de la fiesta. Ponen toreros como este la música al futuro, Aguado pone la letra dejándose partir los muslos.

Tarde de toros con triunfo. Tarde de toros y entrega. Tardes de esas en que decíamos 'la letra con sangre entra'.

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