'The Knick': la historia de EEUU a golpe de bisturí

La segunda temporada de la serie dirigida por Steven Soderbergh y protagonizada por Clive Owen se ha estrenado esta semana en EEUU y en España

Foto: The knick
The knick

La ficción televisiva lleva más de medio siglo interesándose por la medicina. Todo el mundo tiene una serie de médicos en la memoria, esa que un día le hizo plantearse que quizá hubiera sido (o sería) interesante, dedicarse a la altruista labor de salvar vidas. Esa en la que una enfermera, o un médico, le reconcilió con la humanidad, porque eran la viva prueba de que en el mundo aún quedan almas caritativas. O esa otra que puso de moda el temperamento malhumorado y arisco, porque las buenas formas están sobrevaloradas. Los nostálgicos recurrirán a 'Urgencias', aunque sólo sea por Clooney y Margulies, los cuarentones quizá recuerden 'St. Elsewhere' y la última generación televisiva tal vez quede irreparablemente marcada por 'Anatomía de Grey'.

En cincuenta años la medicina se ha convertido en un género televisivo propio, generalmente dramático y con muchas posibilidades de mantener una estructura procedimental. Lo habitual es que el espectador conozca las vidas personales y profesionales de los protagonistas mientras se suceden los pacientes, cuya trama raramente dura más de un episodio. Romances posibles e imposibles, problemas familiares o de autoestima y adicciones aliñan las historias que también se ven salpicadas por denuncias sociales de todo tipo, que van desde el racismo hasta el machismo, pasando por la homofobia.

El noble arte de sanar al prójimo es para la televisión un recurso fácil a la hora de realizar una producción más o menos familiar que logre buenas audiencias. Una estructura sencilla que no exige mucho y ofrece en pocos minutos un carrusel de emociones que logra atrapar al espectador medio. O por lo menos era así hasta que Steven Soderbergh dejó de hacer películas y Jack Amiel, Michael Begler y Steven Katzan creyeron que sería interesante trasladar a la pequeña pantalla todo aquello que hizo posible las producciones de las que disfrutamos ahora. (Y también lo que hace posible que la esperanza de vida haya sumado cincuenta años en el último siglo). Los inicios de la medicina moderna.

Con 'The Knick' Soderbergh y el trío de escritores se han sumado a la historia de la medicina televisiva a través de hombres ansiosos por conocer más y mejor el cuerpo humano, quirófanos que saben lo que es la esterilización desde hace poco tiempo y procedimientos que dieron pequeños pero decisivos pasos a la hora de mejorar y alargar la vida del paciente. Para ello han recurrido a un doctor drogadicto y de carácter particular (sí, eso no es demasiado nuevo), el Nueva York de comienzos del siglo XX y una historia en la que es tan importante lo personal como lo científico. El viernes en Estados Unidos, y simultáneamente en España a través de Movistar +, se estrenó la segunda temporada. Diez nuevos capítulos que llegan con la intención de seguir narrando los progresos de la medicina desde un hospital en ruinas y a través de un médico muy amigo de los vicios.

“Quiero hacer historia”

A la vista del avance de la segunda temporada, la serie de Cinemax (que pertenece a HBO) regresa con nuevos desafíos de la ciencia, amores imposibles sin edulcorar y, cómo no, nuevas adicciones. El Doctor John Thackery continuará buscando en las drogas la lucidez y el atrevimiento que los tiempos exigen, dispuesto a no rendirse ante las adversidades que surjan. Para acompañarle en la aventura estará su asistente, el Dr. Algernon Edwards, quien además trata de luchar contra los prejuicios por su color de piel. A su alrededor la enfermera Elkins, el miserable Herman Barrow o la jefa de todos ellos, Cornelia Robertson, se mantendrán expectantes ante la capacidad de Thackery para sortear los desafíos que les planteará el destino.

En la conferencia celebrada hace unos días en el Paley Fest de Nueva York, los protagonistas de la producción dieron algunas pistas sobre los caminos que tomará la segunda temporada. Según André Holland, que interpreta a Edwards, la próxima entrega de 'The Knick' hará que la primera temporada parezca una comedia romántica. Profundizando un poco más, el intérprete añadió que el tono de la serie será un poco más oscuro y más complicado. Por su parte Clive Owen, encargado de dar vida a Thackery, explicó que los próximos capítulos tendrán como transfondo eventos reales que se vivieron en la época en Nueva York, y que la ciudad tendrá mayor importancia en esta segunda temporada.

Otro de los temas de conversación de la conferencia fue la labor del director, Steven Soderbergh, responsable de películas como 'Erin Brockovich', 'Traffic' o 'Sexo, Mentiras y Cintas de Vídeo' entre otras. El realizador se ha encargado de dirigir, muy personalmente, todos los episodios de la serie, una rareza propia de proyectos más breves, como Hugo Blick con 'The Honorauble Woman' o Cary Fukunaga en la primera temporada de 'True Detective'. Pero para el creador 'The Knick' es un proyecto propio, algo que queda patente en su ambiente oscuro, sus planos o su particular utilización de la música. Merece especial reconocimiento este último ya que lejos de decantarse por algo más clásico, la banda sonora de la producción maneja un libreto anacrónico formado, gracias al compositor Cliff Martinez, por música electrónica.

Rigor y expertos en la materia

Para sacar adelante este ambicioso proyecto, la serie se ha preocupado por recrear con exactitud y precisión tanto las escenas exteriores como aquellas que ocurren en el interior del hospital que le da nombre. En este aspecto juega un papel muy relevante el Dr. Stanley Burns. El oftalmólogo e historiador neoyorquino es un reconocido experto en la historia de la medicina y fundador del Archivo Burns, la colección privada más extensa de los primeros años de la fotografía y la historia médica. A través de sus colecciones, y de un entrenamiento personalizado, los actores se han familiarizado con el instrumental y las técnicas quirúrgicas de hace más de un siglo.

Steven Soderbergh se ha esforzado por trasladarlas con exactitud y rigor a la pequeña pantalla, tal y como deja entrever el libro digital que Cinemax puso a disposición de la serie hace unos meses, The Knick: Anatomy of a Series. En él podemos encontrar las anotaciones del director durante el proceso creativo, las pequeñas diferencias que mantuvieron Soderbergh y la cadena, cuántas horas tardaron en editar la primera entrega de la serie o cuántas veces aparece la palabra “cocaína” en el guión (56).

Inspirados por la figura del revolucionario William S. Halsted, la serie incluyó en su primera temporada algunos de los avances médicos del momento, que fueron posibles gracias a la labor de varios expertos en la materia. Uno de los que más impresionaron a la audiencia, visualmente hablando, fue el procedimiento de la nariz italiana, en el que Thackery reconstruye la nariz de una mujer con sífilis a partir de la piel de su antebrazo. Por su parte Edwards se gana el respeto de sus compañeros, aunque sea poco, gracias a su técnica para tratar una hernia inguinal. Un procedimiento que un par de décadas antes había inventado el cirujano italiano Edoardo Bassini. Ambos pudieron disfrutar de la adquisición, por parte del hospital de una de las primeras máquinas de Rayos X, inventada a finales del siglo XIX por el físico alemán Wilhem Conrad Röntgen. Y fuera del hospital, el espectador tiene la oportunidad de ver al propio Thomas Edison haciendo una demostración en sociedad de uno de sus inventos, el fonógrafo.

Con su interés por el rigor histórico, 'The Knick' pone la guinda a unas grandes interpretaciones dentro de una historia muy atractiva en la que osados personajes se desviven por ir más allá de lo convencional, a pesar de que eso les cueste algunas críticas y unos cuantos desvelos. La medicina no es sólo la excusa, la medicina es el motor de 'The Knick', que se nutre de sus éxitos puntuales y sus rotundos fracasos para acercar al espectador un momento de la historia que quizá no es tan conocido como merece. Porque para disfrutar de los medicamentos, los procedimientos y los avances médicos que tenemos hoy a nuestra disposición (si los recortes sanitarios lo permiten), fueron varios los que pasaron horas experimentado, asumiendo riesgos que costaban vidas y luchando contra lo establecido en torno a la muerte y la relación de la religión con la medicina y el cuerpo humano. Eso sí que es un drama médico y no lo del Seattle Grace.

Desde Melmac
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