"Vivo obsesionada con mi primer amor, ¿es normal?"

Muchas veces idealizamos las primeras relaciones, especialmente cuando han sido tan cortas que no ha dado tiempo a pasar de la fase pasional a otra más comedida

Foto: El impacto del primer amor es normal. (iStock)
El impacto del primer amor es normal. (iStock)

"Hola. Tengo 24 años y nunca experimenté lo que es tener una verdadera relación de pareja, aunque tuve un primer enamorado durante tres meses, sin embargo rompimos porque él se mudaba. Bueno, en realidad fui yo quien rompió la relación, pero desde aquel día, siento que vivo atrapada en el pasado. A pesar de que ya han pasado cuatro años desde esa ruptura, siento que lo extraño y que no encontraré a nadie más que me quiera. Después de aquella relación llegó a mi vida un joven que juraba que me amaba pero era conocido por ser mujeriego: no lo quería, simplemente me gustaba. Aquello duró dos meses. Al poco de dejarlo inicié una relación con mi mejor amigo, de quién creo que sí me enamoré. Eso, con gran complicidad, duró hasta que llegó alguien más a su vida. Resultó que mi amigo es bisexual y empezó a salir con un chico. Yo sufrí mucho. Ahora miro mi pasado y recuerdo con nostalgia a mi primer amor, ese que no terminó por infidelidad ni desengaño ni nada malo, solo por una mudanza. Cada día pienso en él, cada día quiero saber más de él, cada día quiero volverlo a ver. Mi consulta es: ¿Estoy obsesionada con mi primer amor y necesito ayuda o es algo normal vivir con la nostalgia de un primer amor?".

Hola. Lo primero que quiero aportarte es tranquilidad: lo que te ocurre es un fenómeno muy habitual. Como tú misma sospechas, "es normal vivir con la nostalgia de un primer amor". Hace unos años, un grupo de psicólogos argentinos realizó una investigación para averiguar cómo se recuerda nuestra primera experiencia romántica. La inmensa mayoría de los encuestados usaban adjetivos para describirla muy similares a los que utilizarías tú: "romántico", "ideal", "tierno", "fantástico"… Este recuerdo acaramelado proviene, en primer lugar, del impacto de la experiencia. La explosión bioquímica que supone, además, es mayor aún en la juventud.

El Amor Compañero es también esencial en la vida, ya que en él los individuos dejan de contemplarse el uno al otro y empiezan a mirar hacia el futuro

En otro artículo de este consultorio he hablado de investigadoras como Helen Fisher que analizan esta revolución biológica. La pasión inicial nos inunda de hormonas como la dopamina y la oxitocina. La primera nos produce un continuo estado de éxtasis, que ni siquiera tiene que ver con que la relación esté funcionando bien. Por eso estamos hiperactivados y nos sentimos subjetivamente felices, incluso si la otra persona no nos corresponde realmente. Bastan unas palabras esperanzadoras del otro para que volvamos a estar radiantes. La segunda sustancia, la oxitocina, es la que nos produce una total confianza en la otra persona para que creamos que no nos puede hacer daño. Gracias a ella, damos por hecho que no hay ningún problema… por la insensata razón de que todavía no han surgido.

Distintos tipos de amor

En la madurez, ese estado alterado de conciencia da lugar, poco a poco, a un tipo de cariño más realista. El sociólogo Francesco Alberoni llama a esa segunda fase "Amor Compañero" para distinguirlo del "Amor Pasional". Échale un vistazo a 'Enamoramiento y Amor', un libro en el que este autor explica que la primera etapa, la pasional, tiene un sentido adaptativo. Supone una revolución química que causa una revolución vital: todo se trastoca para crear un estado naciente a partir del cual las personas iniciarán una nueva vida. Pero la segunda —el Amor Compañero— es también esencial en la vida, ya que en ella los dos individuos dejan de contemplarse el uno al otro y empiezan a mirar juntos hacia el futuro y crecen como personas. Es una fase menos radiante, pero en ella dejamos de estar ensimismados en nuestra alegría y empezamos a vivir la vida real sin depender de la otra persona.

Como tú, muchas personas idealizan el primer amor porque nunca vivieron la siguiente fase. En la investigación de la que te hablo se concluye que únicamente el 13% de personas acabó formando una pareja con ese primer pretendiente. Como nos recuerdan los autores del estudio (Alicia Cayssials, Marcelo Pérez y Ana D'Anna) esa es precisamente la razón de la idealización. Al igual que te sucede a ti, el recuerdo ha quedado embellecido porque fue el primer impacto bioquímico y no vino después la "toma de tierra" que supone el Amor Compañero.

Hay miles de canciones, libros y películas que idealizan el primer amor, una mitificación del "Síndrome de Romeo y Julieta"

De hecho, la no consumación es otra de las razones de la idealización. El psicólogo Glenn Geher, de la Universidad Estatal de Nueva York, es uno de los investigadores que intenta explicar por qué es tan fácil que el amor truncado degenere en comportamiento tóxico. Desde un punto de vista evolutivo —afirma Geher— el rechazo nos lleva a la insistencia porque durante muchas épocas de la historia de la humanidad perder una relación aumentaba demasiado las probabilidades de quedar fuera del apareamiento, un callejón sin salida evolutivo. Pero hoy en día la insistencia es casi siempre improductiva: el que se obsesiona es el que se queda fuera de la vida amorosa. Pasar página es lo natural.

Sin embargo, no eres la única persona que, durante una etapa de su vida, se obsesiona con esa reminiscencia sublimada. De hecho, vives rodeada de cultura que la fomenta: precisamente porque es un sentimiento muy poético, hay miles de canciones, libros y películas que idealizan el primer amor. Hay una mitificación del "Síndrome de Romeo y Julieta": incluso los artistas más fríos e intelectuales le dedican piezas al descubrimiento inicial del éxtasis hormonal que luego queda casi siempre truncado.

Obsesión romántica

Pero muchos psicólogos que se dedican al tema nos recuerdan que esta experiencia idealizada es nutritiva precisamente porque se deja atrás. En la investigación argentina se demuestra: el primer amor está en segundo plano en la memoria y solo el 9% de los encuestados admite pensar frecuentemente en el tema. La salud amorosa está reñida con la obsesión. Por eso la psicóloga Judith Viorst, en su libro 'Necessary Losses: The Loves Illusions Dependencies and Impossible Ex', insiste en que lo más importante de la sentimentalidad moderna es aprender a hacer "pérdidas necesarias".

Para conseguirlo, tienes que distinguir amor de obsesión romántica. No es tan fácil: Colleen Sinclair, profesora de psicología en la Universidad Estatal de Mississippi, afirma que tenemos dificultades para diferenciar la experiencia sana de la experiencia tóxica porque se trata de un continuo de emociones y la línea entre unas a otras es muy sutil. Por ejemplo: recordar el primer amor como una experiencia exultante puede darnos fuerzas para encarar una experiencia de pareja real. Pero también puede ser limitante y llevarnos a conformarnos con relaciones que en el fondo sabemos que nunca van a prosperar.

El recuerdo idealizado es un paraíso del que nadie nos puede echar y donde nos encontramos a gusto

¿Puede que te esté sucediendo a ti? ¿Es posible que te estés adentrando en vínculos sin estar segura de que haya posibilidades de acabar teniendo una pareja real? Si sospechas que es así, te recomiendo echar un vistazo a un artículo en el que hablaba del derecho a tener la mayor cantidad posible de información antes de adentrarnos en el amor. Piensa, también, si en general, tu recuerdo te está resultando nutritivo o paralizador: la psicóloga Mila Cahué, en su libro 'Amor del bueno', da claves para ello. Dale una vuelta, por ejemplo, a cómo afecta a tu autoestima y a tus planes de futuro (¿tu fatalismo sobre las relaciones puede provenir de esa mitificación del primer amor?)

En todo caso, busca ayuda si la necesitas para no quedar encallada en ese recuerdo. El psicólogo John Dewey decía que "la memoria es una experiencia sustituta, en la cual se da todo el valor emocional de la experiencia actual sin su tensión, sus vicisitudes y sus perturbaciones". El recuerdo idealizado es como un paraíso del que nadie nos puede echar y en el que nos encontramos muy a gusto. El riesgo es que olvidemos que ese vergel es solo un sucedáneo de vida.

Psicoterapeuta y divulgador. Intento echar una mano. A veces ayudando a la persona a cambiar la forma de procesar lo que le está sucediendo. Otras veces ayudándola a cambiar lo que le está sucediendo.Creo que el 90% de lo que nos preocupa no va a suceder nunca; que el humor y la ira son dos grandes recursos psíquicos infravalorados y que es buena táctica hacer un buen “casting” del prójimo antes de que los sentimientos nos atonten.Mi método se basa en que cada persona es (al menos) un mundo. Y en los momentos de crisis, cada persona es muchos mundos. Por eso aunque los síntomas sean universales, hay que buscar problemas y soluciones particulares. Twitter: @Luis_Muino

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