A mí también me aburre escribir de Larrea y Rubiales, pero aconsejo leer esto

Que los siete presidentes de territoriales imputados en la misma causa que Villar respalden al ex presidente de AFE deja claro quién representa la continuidad del clientelismo en la RFEF

Foto: Julen Lopetegui, seleccionador español, y Juan Luis Larrea, candidato a la presidencia de la RFEF, en una rueda de Prensa. (EFE)
Julen Lopetegui, seleccionador español, y Juan Luis Larrea, candidato a la presidencia de la RFEF, en una rueda de Prensa. (EFE)

Salvo cambios de última hora, que todo puede pasar en las disparatadas y cansinas elecciones a la presidencia de la Federación Española de Fútbol (RFEF), en una semana Ángel María Villar tendrá al fin sucesor. Tal y como escribí hace unos días, las alternativas no son precisamente las que el fútbol español necesitaría, pero son las que hay y no queda otra que elegir entre una de ellas. Por un lado, Juan Luis Larrea, tesorero de Villar durante los 29 años de su mandato. Y, por otro, Luis Rubiales, expresidente del sindicato de futbolistas AFE, directivo durante los últimos seis años de Villar y elegido por éste —​y su hijo Gorka— para sucederle. "El que elija el fútbol será nuestro candidato", dijo recientemente el presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD), José Ramón Lete, al que solo le faltó lavarse las manos cual Pilatos.

Sin embargo, el fútbol español no puede permitirse que el remedio acabe siendo peor que la enfermedad. "Lo que representa Larrea es la memoria viva de los últimos 30 años. Yo represento justo lo contrario". Si esta afirmación viniera de alguien crítico con Villar durante los últimos años, nos la podríamos creer. Sin embargo, tal declaración pertenece al delfín del expresidente, por quien hizo campaña en las últimas elecciones y ahora convertido en tiburón con el ansiado objetivo de heredar su trono. "A ver, ¿a usted no le iba a nombrar vicepresidente Villar?", le preguntaron hace unos días a Luis Rubiales en el diario 'AS'. "No, mire… Yo he estado en la junta directiva de la Federación seis años. Hay muchas cosas muy buenas del pasado, pero hay que subir la persiana y ver el sol. Con respecto a nombramientos o no nombramientos, primero se tienen que hacer y luego aceptarlos".

"¿Pero a usted le ofreció Villar ser vicepresidente?", le insistieron a Rubiales. "Nunca acepté la vicepresidencia de la Federación y dejé muy claro que si me la ofrecían no la iba a aceptar en las circunstancias que había". ¿Alguien se ha enterado de algo? Complicado. Y así, mientras Larrea apuesta por cosas como una remodelación de la Copa, una mayor presencia del Real Madrid en la vida federativa y una normalización de relaciones con CSD y LaLiga, Rubiales habla de otras como independencia federativa, la principal bandera de Villar para campar a sus anchas, resulta que ahora no le gusta que los árbitros no sean independientes, pide el voto electrónico y, sí, como lo leen, apoya la promoción de la mujer. "No entiendo cómo no ha habido hasta ahora una vicepresidenta", asegura sin ponerse colorado quien está acusado por una mujer de haberle pegado por unos motivos aún más graves si cabe.

Sí, resulta chocante que mientras formó parte de la Junta directiva de Villar, Rubiales nunca se desmarcara de, por ejemplo, sus duras notas de prensa contra el anterior presidente del CSD, Miguel Cardenal, incluida una en la que se consideraba una injerencia inaceptable que se pidiera un mínimo de mujeres en los órganos de gobierno de las federaciones para poder optar a las subvenciones. Por no hablar de cuando a una internacional de fútbol sala se le reprochó que trabajara en el CSD, además de que no volvió a ser convocada con la selección. ¿Acaso dijo algo entonces Rubiales en su doble y extraña condición de sindicalista y directivo?

Para Larrea presidir la RFEF era algo que no entraba en sus planes tras haberse jubilado y por ello no dejaría de seguir siendo un pasatiempo con fecha de caducidad: 2020. "Yo me presento por responsabilidad, nunca había ambicionado el puesto y sólo he querido normalizar las cosas", asegura el donostiarra. Sin embargo, la ambición de Rubiales es heredar el despacho de Villar en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas y convertirlo en su modo de vida. Por eso chirría tanto que el expresidente de AFE venda la regeneración de algo que él mismo no sólo respaldó sino que encubrió y para la que es apoyado por los siete presidentes de territoriales que han de declarar ante el juez en el mismo caso que llevó a Villar, su hijo Gorka y Juan Padrón a pasar por la cárcel.

Luis Rubiales, ex presidente de AFE y candidato a la presidencia de la RFEF. (EFE)
Luis Rubiales, ex presidente de AFE y candidato a la presidencia de la RFEF. (EFE)

Orgulloso de apoyos como el de Melilla

En este sentido, Rubiales vuelve a quedar retratado —intelectual y moralmente— cuando dice que "no trascienden otros imputados que están apoyando a la otra candidatura, algunos de consideración mucho mayor y más compleja, y otros que hay en vías de ser imputados. Pero, con todo, para mí todos los imputados, de un sitio y de otro, tienen todo el derecho a la presunción de inocencia. De los que habla que me apoyan a mí le digo que me siento orgullosísimo de que lo hagan, porque los conozco bien y sé cómo son". Entre estos se encuentra, por ejemplo, el presidente de Melilla, que tenía contratado a su hijo a tiempo completo en dos trabajos, uno en la federación y otro en la mutualidad... Como suele decirse en los juicios, "Señoría, no hay más preguntas".

Pero sí, las hay. Curioso es también que el mismo que hizo campaña por Villar diga ahora que quiere tener "un departamento de integridad y anticorrupción para que podamos estudiar si los sistemas clientelares son reales o no" como si no estuvieran lo suficientemente claros, y "si se circunscriben sólo a la Federación o a otras instituciones de las que nadie habla", es decir, de nuevo recurriendo al y tú más.

"Tengo ejemplos de personas que han pasado del sindicato a la patronal y nadie dice nada de ellos", es la pobre respuesta de Rubiales cuando le preguntan por su metamorfosis de presidente de AFE a pretender ser presidente de la RFEF. Por no hablar de su respuesta sobre cuánto cobra el presidente de la AFE. "Le garantizo que mucho menos que el presidente de LaLiga, muy lejos de 1,2 millones". Total transparencia, vamos.

La alargada (y utilizada) sombra de Tebas

Larrea tiene motivos para quejarse de la guerra sucia que le está haciendo su rival, con ciertos medios entregados a su causa a saber a cambio de qué o de cuánto. "No me gusta cómo está actuando. Yo no pongo ninguna pega a nada y él me cuestiona en todo". El presidente de la Federación Guipuzcoana (FGF) no oculta que le molesta que se diga que es el candidato del presidente de LaLiga, Javier Tebas: "Sí, porque no es cierto, y el que piense eso no me conoce. Nadie me empuja a hacer nada. Nos tenemos que entender con Tebas porque están consiguiendo ayudas importantes para el fútbol por medio del Real Decreto de los derechos televisivos".

Después de muchos años denunciando las golfadas en la RFEF —veremos si el juez también las considera corruptelas—, algo que nunca hizo Luis Rubiales, no soy sospechoso de apoyar a Larrea, aunque dadas las circunstancias, después de ver cómo ha tomado distancia con Villar y la tranquilidad que se respira en Las Rozas con Fernando Hierro y Julen Lopetegui aislados para afrontar en las mejores condiciones el Mundial de Rusia, tengo claro que su continuidad es la mejor opción hasta la celebración de unas elecciones limpias y desde cero, con una asamblea realmente regenerada, con candidatos que de verdad, que no tengan nada que ver con el pasado y que estén realmente preparados.

Quienes han trabajado con Rubiales en AFE no olvidan sus puñetazos en la mesa o las patadas en las puertas cuando algo no se hacía como él quería. Por cierto, en AFE están muy nerviosos con la creación de uno nuevo sindicato del que dicen que no se sabe nada, pero del que no dejan de comentar cosas, ya sea a través de filtraciones o directamente por boca de su nuevo presidente, David Aganzo, con algunas acusaciones tan graves que podrían acabar en un juzgado, un lugar, por cierto, demasiado frecuentado también por Rubiales.

A mi bola

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