Que le pregunten a Lorenzo Sanz cómo se las gastaba el pequeño (pero matón) Núñez

El difunto expresidente del Barcelona hizo una gran gestión al frente del club catalán, pero también tuvo una parte oscura en materia de fichajes, como en el caso del de... ¿Ronaldo?

Foto: Josep Lluís Núñez, en la presentación de Ronaldo, con su vicepresidente, Joan Gaspart. (EFE)
Josep Lluís Núñez, en la presentación de Ronaldo, con su vicepresidente, Joan Gaspart. (EFE)

De Josep Lluís Núñez (Barakaldo, 1931) se recuerda que fue presidente del FC Barcelona entre 1978 y 2000, 22 años en los que las diferentes secciones del club catalán ganaron un total de 140 títulos. En fútbol conquistó la ansiada primera Copa de Europa del Barça, además de siete Ligas, dos Copas del Rey, cuatro Recopas y dos Supercopas de Europa. Empresario de la construcción, entre sus logros están también la ampliación del Camp Nou, que pasó a tener 125.000 espectadores, la construcción del Mini Estadi para los partidos de las categorías inferiores y La Masia, una residencia para alojar a los jugadores de la cantera, además de la contratación de Johan Cruyff como entrenador y fichajes tan sonados como los de Maradona, Schuster, Ronaldo, Stoichkov, Laudrup, Koeman o Figo.

En cierto modo, Núñez fue un adelantado a su tiempo, pues si bien es verdad que dividió al barcelonismo en su enfrentamiento con Cruyff, aumentó notablemente los ingresos atípicos del FC Barcelona, compró los terrenos de Sant Joan Despí, donde hoy se levanta la flamante ciudad deportiva que lleva el nombre de Joan Gamper, potenció las diferentes y siempre exitosas secciones del club y disparó el número de peñas hasta superar las 1.300 por todo el mundo. Como suele suceder en estos casos, en su muerte a los 87 de edad a causa de un cáncer, es de justicia que en sus obituarios se destaque lo mucho que hizo como presidente del Barça y se evite esa otra parte oscura de su gestión empresarial y del propio club, especialmente en materia de fichajes, aunque tampoco está de más comentarla por encima.

Quienes tuvieron la oportunidad de conocerle de cerca recuerdan a Josep Lluís Núñez como una persona muy autoritaria con sus empleados, pero al mismo tiempo afable. Mientras sus inseparables Nicolau Casaus y Joan Gaspart controlaban la parte social y la deportiva del club, respectivamente, Núñez se ocupaba y preocupaba especialmente de mantener un pulso permanente con el Real Madrid. Desconfiaba de las designaciones arbitrales, de ahí que considerara imprescindible mandar en la Federación Española de Fútbol (RFEF), de la que llegó a ser vicepresidente. Como buen catalán, aunque vasco de nacimiento, Josep Lluís miraba mucho ‘la pela’. Basta con decir que quienes iban a reunirse con él en la sede de su empresa Núñez y Navarro debían pagar el 'parking' antes de retirar su coche.

También quienes tuvieron que hacerlo en más de una ocasión aseguran que negociar con Núñez era relativamente sencillo, siempre y cuando él quisiera lo que tú tenías, pues entonces no escatimaba añadir algún cero a la operación si era menester. Aunque a veces delegada en la dirección deportiva, aquellos fichajes que consideraba especialmente importantes los llevaba personalmente él en su despacho de Núñez y Navarro. Allí, rodeado de obras de arte y sentado al otro lado de una inmensa mesa, se sentía seguro. Nada que ver con las tácticas del mencionado Joan Gaspart, más tarde presidente, quien con cualquier excusa se salía de su despacho para escuchar a través de los micrófonos que tenía colocados lo que se decía en su ausencia y de este modo intentar tomar ventaja en la negociación.

Como curiosidad, Núñez tenía la costumbre de apuntar en un papel su oferta y pasársela a su interlocutor, para que este la viera y se lo volviera a pasar con una contraoferta. Así hasta llegar a un acuerdo, pues si te sentabas con él, lo normal era acabar haciéndolo. Ese papel con notas escritas de su puño y letra era el que a continuación el agente del futbolista o del entrenador de turno debía llevar al gerente del club, el mítico Antón Parera, quien redactaba el contrato de verdad, siempre en castellano y no en catalán como ocurre ahora. Un contrato que además nunca llevaba únicamente la rúbrica de Núñez, sino que a veces firmaban hasta ocho personas, quizá por aquello de hacer a todos partícipes de la operación, sobre todo por si salía mal o surgía cualquier contratiempo.

¿Ese misterioso brasileño era Ronaldo?

En un claro ejemplo de cómo se las gastaba el difunto expresidente culé, se puede contar que en una ocasión encargó a un agente que le hiciera saber a su homólogo madridista Lorenzo Sanz que no se entrometiera en el fichaje de un brasileño que el Barça estaba intentando cerrar —por las fechas, 1996, todo apunta a que se trataba de Ronaldo—, ya que, según le dijo al intermediario para que también se lo hiciera saber al presidente del Real Madrid, tenía un comprometedor vídeo suyo en Río de Janeiro que no dudaría en sacar a la luz en caso de hacerlo.

Sabido es que Ronaldo acabó fichando por el Barça en julio de 1996, aunque solo estuvo en el Camp Nou una temporada. Tal y como sucede actualmente en el Real Madrid, y a los casos de Del Bosque, Hierro, Raúl, Casillas o Cristiano me remito, todas las estrellas que tuvo Núñez, entre las que podemos incluir a Johan Cruyff en su exitosa faceta de entrenador, no salieron del club por la puerta grande, sino que lo hicieron por la de servicio. Uno de ellos fue precisamente Ronaldo, quien después de irse al Inter acabaría fichando por el Real Madrid, aunque ya con Florentino Pérez como presidente.

"Núñez sabe que ha cometido un error. No ha querido gastar el dinero conmigo, pero sí lo ha hecho con otros", decía Ronaldo en octubre de 1997 desde Milán, donde acabó después de haber sido, según él, "engañado" por la directiva de Núñez. "Jugaron conmigo durante siete u ocho meses, mientras yo me dedicaba a meter goles", Nada menos que 34 goles en 37 partidos de Liga marcó el brasileño en su fugaz paso por el Barça. "Siempre les queda a los aficionados el consuelo del vídeo para ver mis goles", añadió Ronaldo tras recordar aquella noche en Oslo en la que pidió una botella de champán para celebrar su renovación y minutos después recibió una llamada de sus agentes en la que le comunicaban que todo era papel mojado y que se iba traspasado al Inter.

Sí, así se las gastaba el difunto Josep Lluís Núñez, el pequeño pero matón presidente del Barça que, desgraciadamente para él y para la imagen del club, acabó entrando en la cárcel hace cuatro años, cuando contaba con 83, condenado por sobornar a funcionarios de Hacienda. Pasó 38 largos días en prisión y tuvo que pagar dos millones por delitos de cohecho y falsedad documental. El Gobierno le negó el indulto que solicitó como “persona honorable” y porque los hechos, según su versión, fueron puntuales y “sucedidos 20 años atrás”. Es decir, cuando era presidente del FC Barcelona, por el que hizo tanto, pero no siempre de manera precisamente honorable. Descanse en paz.

A mi bola

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