Cuando tapas tus vergüenzas (y las de Valverde) con una derrota del Madrid

El 3-0 posterior del Sevilla al Real Madrid desvió la atención de uno de los peores partidos que se le recuerdan al Barça y con un técnico que definitivamente no se entera de nada

Foto: Ernesto Valverde, entrenador del FC Barcelona. (EFE)
Ernesto Valverde, entrenador del FC Barcelona. (EFE)

Perder contra el colista y en el campo de uno de los equipos más modestos de la categoría es algo que le puede pasar circunstancialmente a cualquiera. Incluso al líder y uno de los tres aspirantes a ganar la Liga, con permiso de Simeone y con perdón de Machín, cuyo Sevilla FC le dio un soberano repaso al Real Madrid. Sin embargo, lo que le pasó al FC Barcelona en Butarque no fue un accidente, como lo calificó Ernesto Valverde. La derrota ante el Leganés después de ir por delante en el marcador y encajar dos goles en apenas dos minutos fue un resultado sorprendente, pero también lógico. Castigó el juego de un equipo que ha perdido definitivamente —y veremos si también irreversiblemente— la identidad. La excelencia de la que tanto presumieron, y con razón, en Barcelona y tanta admiración y envidias sanas e insanas generó.

Valverde siempre me ha parecido un buen entrenador, aunque muy alejado del modelo del juego del Barça, de ahí que por muchos partidos y títulos que gane, su paso por el banquillo del Camp Nou está condenado el fracaso. Escucharle decir cosas como que "nosotros somos un equipo que maneja el juego de posición, pero los jugadores de adelante tienen que tener ese punto de desborde, de enfrentarse al contrario, y los centrocampistas, en cambio, tienen que meterse en nuestro juego”, suena claramente a no entender nada. Claro que si a continuación afirma que "el juego de posición sirve para entrenar, no para jugar", algo que, por cierto, también se escuchó en el 'staff' de Luis Enrique, se confirma que es así. No todos los que tuvieron la suerte de ser entrenados por Johan Cruyff entendieron como Pep Guardiola a lo que el holandés les pedía jugar. De hecho, muy pocos lo hicieron y el Txingurri no es uno de ellos, tal y como está quedando demostrado.

"Ese pequeño espacio que ocupaba Iniesta. Desde ahí todo se ordenaba, se convertía la precipitación en orden. Agarraba la pelota y se cambiaba de deporte, se JUGABA. Nos enseñaba la naturaleza de este deporte (sistémico-compleja). Volvemos a la moda, al reduccionismo". Así se pronunciaba Óscar Cano en su cuenta de Twitter al término del Leganés-Barcelona. "ESE es el gran error a nivel metodológico: si quieres jugar de una manera, debes entrenar de esa manera. No tiene ningún sentido ni coherencia entrenar una cosa para jugar otra. Decir eso que dijo Ernesto Valverde demuestra que no aprendió nada", añadió el autor del libro 'El juego de posición del FC Barcelona: concepto y entrenamiento'. Como muy bien apuntaba el técnico granadino al que tanto recurro, "el centro del campo es ahora zona de paso, cuando ha de ser zona de pase. La moda es obsesionarse con eliminar a los primeros defensores y acelerar en la búsqueda de la última línea". ¡Bingo!

"En el partido hay que correr al espacio, hay que definir. En un equipo hay espacio para todos, para los que juegan a dos toques y también para los que juegan en el uno contra uno. Y ahí es donde necesitamos a Dembélé", dijo Valverde tras golear por 4-0 al PSV en el primer partido de la Champions. Tres días antes, tras ganar a la Real en Anoeta, precisamente con el resultado contrario al de Butarque, del 1-0 pasó al 1-2 en poco más de tres minutos, con una brillante actuación de Ter Stegen y una aciaga de Rulli, el técnico del Barça dijo: "Está claro que la Real te puede meter dos o tres contrataques, pero hay que saber dominarlos. Me voy un poquito, pero poquito, preocupado". Y, claro, te preocupas solo un 'poquito' y luego pasa lo que pasa: empate y gracias en el Camp Nou contra el Girona (2-2) y derrota en Leganés.

Imagínate si pierdes... en Leganés

Si en Butarque salió con Vermaelen de lateral izquierdo y con Coutinho haciendo de Iniesta, en San Sebastián, ya con el marcador a favor, el técnico azulgrana dio entrada a Arturo Vidal. Su equipo inmediatamente captó el mensaje y reculó. "¿Por qué me preguntáis por el cambio de Vidal?", cuestionó el Txingurri a los periodistas en la sala de prensa de Anoeta. "Quería tener más control. Esto es como todo, haces un cambio y ganas y sueles ser el rey, hoy he hecho un cambio y hemos ganado y estamos así, imagínate...". Pues sí, imagínate que pierdes en Leganés después de ir ganando 0-1. Pero no, no hace falta imaginárselo, porque esto es precisamente lo que sucedió este miércoles.

Messi se queja durante el partido frente al Leganés en Butarque. (EFE)
Messi se queja durante el partido frente al Leganés en Butarque. (EFE)

"Esto es fútbol y puede pasar", fue su pobre análisis. "No es fácil explicar lo que pasa en un partido que está controlado y se te escapa con dos goles de esta manera", añadió. Así es, pero lo mismo, aunque a la inversa, sucedió en Anoeta y en cambio Valverde dijo irse solo un "poquito" preocupado. Es evidente que al Txingurri le salvó la derrota del Real Madrid en el Pizjuán dos horas después, tal y como pudo comprobarse con las portadas de los diarios 'Sport', que tituló "Muchas gracias, Madrid", y 'Mundo Deportivo', con un curioso "Mal Barça, peor Madrid"; pues, con todos mis respetos para el Leganés, perder en el Pizjuán no es lo mismo que hacerlo en Butarque.

"Ellos se han metido muy atrás. Llegábamos, pero había mucho tráfico y no acertamos en el último pase. Ha sido un accidente", argumentó un contrariado Valverde tras perder ante el colista y caer por primera vez en Liga, después de que la temporada pasada el Barça batiera el mítico récord de la Real Sociedad de 38 partidos sin perder y lo dejara en 43. Como comentaba Ignacio Benedetti desde Butarque, "sostengo, sin mayor prueba que lo observado y las sensaciones que deja esa observación, que a Valverde lo consumen grandes temores, que se acentuaron tras la eliminación de Champions, y que, ajeno al viejo modelo, se refugia en su ideario". Difícilmente se puede resumir mejor. El problema es que el ideario del Txingurri no es el del Barça. O al menos de lo que algunos pensamos que es el Barça, más allá de Messi.

A mi bola
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