Por qué el fútbol se fue al carajo a cuenta de vender camisetas

El fútbol es un juego cada vez más individualista por cuestiones puramente económicas y lo peor es que ya no lo es solo el profesional: en España también lo será el aficionado

Foto: El chileno Iván Zamorano con el famoso 1+8 que llevó de dorsal tras el fichaje de Ronaldo por el Inter. (Reuters)
El chileno Iván Zamorano con el famoso 1+8 que llevó de dorsal tras el fichaje de Ronaldo por el Inter. (Reuters)

El pasado mes de noviembre la Comisión Directiva del Consejo Superior de Deportes (CSD) aprobó que los jugadores de los equipos de fútbol de Segunda División B y Tercera puedan lucir la próxima temporada un dorsal fijo y su nombre en la parte posterior de la camiseta. Es decir, que se modifica el artículo 216 del Reglamento General de la Federación Española de Fútbol (RFEF), en el que se decía que "al dorso de la camiseta deberá figurar, con una dimensión de 25 centímetros de altura, el número de alineación que les corresponda, del 1 al 11 los titulares y del 12 en adelante los eventuales suplentes".

De este modo, el llamado fútbol modesto comete el mismo error que el profesional, o sea, el de Primera y Segunda, que dependen de LaLiga. ¿Y por qué digo un error? Pues, primero, porque el fútbol es un deporte colectivo o de equipo, de ahí la importancia del dorsal, no solo para indicar si un futbolista es titular o suplente durante la disputa de un partido, sino también qué demarcación ocupa sobre el terreno de juego. Ya saben, el 2 es el lateral derecho, el 4 o el 5, según las escuelas, el medio centro, el 8 el interior derecho, el 9 el delantero centro o el 11 el extremo izquierdo. Esto es algo que, por ejemplo, en el rugby XV es implanteable y bien que se agradece.

Y el segundo motivo por el que me parece un error es porque los equipos de fútbol son de sus aficionados y no de unos futbolistas que en la mayoría de los casos visten sus colores de manera temporal o circunstancial. Ahí está lo que pasa cuando un jugador 'traiciona' a un club y los aficionados queman su camiseta. Poner el nombre de un jugador es como cederle la propiedad de algo que no es suyo. Además, conlleva a individualizar el fútbol, algo a lo que también contribuyen esos ridículos premios como el Balón de Oro o el The Best, detrás de los cuales solo hay intereses económicos y especulativos.

Sí, según parece, la decisión del CSD de autorizar el dorsal fijo y el nombre en la parte posterior de la camiseta atiende una petición reiterada de los clubes que militan en las dos divisiones inferiores, que entienden que con esta nueva fórmula podrán aumentar sus ingresos con la venta de camisetas. ¿De verdad alguien se cree esta milonga? Por si no lo sabían, los Yankees de Nueva York no ponen en su camiseta el nombre de sus jugadores, la mayoría verdaderas estrellas, pues consideran que el béisbol es un deporte de equipo.

Lo mismo sucede con los no menos famosos All Blacks, el mítico equipo de rugby de Nueva Zelanda, a quienes tampoco les van mal las ventas. En ambos casos, basta que un jugador dignifique la camiseta que viste y con el número que le corresponde para que se venda como churros. ¿O acaso no ocurría esto con el 10 de Brasil, el 14 de Holanda o el 10 de Argentina cuando las llevaron Pelé, Cruyff o Maradona?

Aaron Judge, jugador de los New York Yankees, durante un partido. (USA TODAY Sports)
Aaron Judge, jugador de los New York Yankees, durante un partido. (USA TODAY Sports)

Hagamos un poco de historia

Por hacer un poco de historia, fue en 1928 cuando el mítico Herbert Chapman, entrenador del Arsenal y uno de los grandes teóricos del fútbol, propuso numerar a todos los jugadores que tomaban partido en un encuentro para así identificarlos mucho mejor. El primer partido en el que se utilizó fue el disputado el 25 de agosto de 1928 entre el Wednesday y los 'gunners'. El equipo anfitrión portaba las camisetas numeradas del 1 al 11 y el visitante, en este caso el de Chapman, llevaba la numeración del 12 al 22. Fue una norma que costó introducir, pero que poco a poco fue cogiendo fuerza, hasta que en la temporada 1939-40 la Federación Inglesa de Fútbol (FA) unificó criterios y de forma oficial mandó numerar todos los dorsales de las camisetas de todos los equipos que disputaban su campeonato.

En España fue el 14 de julio de 1995 cuando LaLiga aprobó que los jugadores de Primera y Segunda división tuvieran un número fijo asignado para toda la temporada y su nombre futbolístico apareciera escrito en la camiseta. Claro que con el tiempo y la conversión definitiva del fútbol en puro negocio, llegaron casos como los de Li-Ning, la marca deportiva que vistió al Sevilla, que decidió traducir los nombres de los futbolistas al chino para abrir el mercado asiático.

Herbert Chapman, mítico entrenador del Arsenal inglés
Herbert Chapman, mítico entrenador del Arsenal inglés

No es la única excentricidad que ha vivido los últimos años el equipo hispalense con las camisetas, pues el francés Julien Escudé decidió llevar SQD, como si de un mensaje de texto para móvil se tratara. Otro que también dio mucho que hablar fue José María Gutiérrez 'Guti', quien en sus últimas temporadas en el Real Madrid portaba en su camiseta Guti HAZ, en representación de su segundo apellido, Hernández, y las iniciales de sus hijos: Aitor y Zaira.

Pero hay más. Jugadores que, al no poder llevar el número 9, escogieron el 99, como fue el caso de Ronaldo. Precisamente, el fichaje del brasileño por el Inter de Milán en 1997 propició que Iván Zamorano, que hasta entonces lucía el 9 en su camiseta, cediera el dorsal al brasileño y optara por serigrafiarse el número 1+8, algo nunca visto hasta el momento. Otro delantero brasileño, Vágner Silva de Souza, conocido como Vágner 'Love', por sus escapadas nocturnas con mujeres durante las concentraciones del Palmeiras. Lejos de sentirse avergonzado, decidió incorporar su apodo a las camisetas de sus equipos y estos se lo permitieron. Cuánta imbecilidad, cuánto capricho en un fútbol que ha perdido el sentido colectivo del juego y que cada vez es menos de sus aficionados, a quienes se les trata como meros clientes. Unos clientes que, además, nunca tienen razón para quejarse.

Por eso me sorprende la decisión de que en Segunda B y Tercera también puedan llevarse dorsales fijos y el nombre de los jugadores a la espalda. No tanto que la aplaudiera un sindicado de futbolistas como AFE, donde lo calificaron como "un gran paso adelante en una reivindicación histórica". Una valoración excesiva en cualquier caso y ridícula teniendo en cuenta asuntos mucho más importantes que siguen sin resolverse y que, desgraciadamente, tienen que ver con lo mismo. Con un fútbol cada vez más egoísta por individualizado. Y al reciente caso del Reus me remito, donde lo importante ya no es vender camisetas, sino vender el club...

A mi bola

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