El mundo en 2019

2019 será el año de la desaceleración mundial, y posiblemente en 2020 veamos una recesión en la primera economía del mundo, muy serios problemas en la segunda, y estancamiento en la tercera

Foto: Foto: Reuters.
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Bob Farrell afirmó que “no hay nuevas eras, los excesos nunca son permanentes”. Creo que esta afirmación es pertinente para el mundo este año que afrontamos: 2019 será el año de la desaceleración mundial, y posiblemente en 2020 veamos una recesión en la primera economía del mundo, muy serios problemas en la segunda y estancamiento en la tercera. Los tres fenómenos tendrán consecuencias globales.

EEUU encara un 2019 con condiciones financieras más duras tras las subidas de tipos de la Fed y el importante drenaje de liquidez que el banco central de los EEUU ha estado llevando a cabo (aproximadamente de 10.000 millones de dólares semanales, lo que en parte explica la fortaleza del dólar). Como el impacto de los estímulos fiscales vence este agosto, es de esperar un segundo semestre muy difícil para la economía de los EEUU. La Fed dice que va a subir los tipos dos veces más, y sin embargo el mercado no descuenta más subidas e incluso apuesta por una bajada. ¿Por qué? La Fed estima que EEUU crecerá un 2,3% este año. El mercado, a tenor de la curva de tipos a punto de invertirse, del aumento de los diferenciales de crédito vs. los bonos gobierno y de la caída de la bolsa, está descontando una recesión para finales de 2019.

Según Duke University, la mitad de los directores financieros de los EEUU espera una recesión para 2019 y un 82%, para 2020. Una recesión no será igual a lo vivido en 2008-2009, implicará dos trimestres de crecimientos negativos, pero marcará un punto de inflexión frente a una de las expansiones económicas más duraderas de la historia reciente. Si en este contexto la Fed sigue subiendo tipos durante el primer semestre de 2019 y reduciendo balance al ritmo actual, el mercado descontará un 'policy mistake' o error de política monetaria: un endurecimiento excesivo que provocará una recesión (la práctica totalidad de recesiones de los EEUU han sido precedidas por ejercicios de endurecimiento monetario por parte de la Fed). La Fed tendrá que afrontar este riesgo mirando de reojo el riesgo de inflación, al alza según los salarios suben ya al 3,1% —el mayor nivel desde 2009—, así como monitorizando crecientes riesgos de inestabilidad financiera.

China parece encarar un 2019 extremadamente complejo, como expuse hace unas semanas. Las guerras comerciales han hecho por fin mella en sus exportaciones. Las inversiones crecen al menor ritmo de los últimos 20 años. El sector inmobiliario afronta un gran reto, con caídas de compraventas y precios de las casas en territorio de burbuja. La gran sorpresa está siendo el consumo chino, que, lejos de venir al rescate del resto de la economía, está afrontando una súbita desaceleración. En este contexto, no es de extrañar si los estímulos monetarios y fiscales anunciados por China resultan tan estériles como los europeos de 2008-2009.

Mientras, en un entorno de fuerte desaceleración, aumentará el riesgo de una crisis financiera en una economía adicta al crédito. La situación china será determinante para los países emergentes, que han vivido un muy difícil 2018 y que encararán 2019 afrontando vencimientos de deudas en dólares difíciles de atender según las divisas locales se han depreciado, y que verán sufrir sus exportaciones a medida que la desaceleración global haya impactado muy negativamente en los precios de las materias primas. Tan solo Brasil parece arrojar alguna luz tras una histórica recesión (mayor que la vivida recientemente por España).

La zona euro sigue siendo la tercera economía mundial, y aunque no vislumbro riesgo de recesión, el crecimiento será muy exiguo, cercano al 1,5%. Con una Italia estancada, en parte por su pintoresca situación política, una Alemania afectada de lleno por las guerras comerciales que están impactando en su industria y una Francia paralizada por las protestas, tan solo España seguirá actuando como motor de la eurozona, con crecimientos superiores al 2%.

A nivel global, se observarán varios factores. Primero: los crecimientos económicos estarán por debajo de lo pronosticado por el consenso, lo que provocará reducciones de estimados por primera vez en tres años. Segundo: comenzaremos a observar una recesión de beneficios, ya que estos aún se sitúan en niveles de récord histórico… La mayor inflación salarial, el menor crecimiento económico y la subida del precio del dinero marcarán una tendencia decreciente en márgenes. Tercero: el sector industrial sufrirá especialmente, acusando el menor crecimiento, las guerras comerciales y la disrupción a las cadenas de suministros que están provocando estas últimas. Cuarto: el mundo presenta hoy más deuda que antes de la crisis (2,3 veces PIB vs. 2,1 en 2007), los crecimientos vía deuda no son sanos y acaban estallando, como bien sabemos en España. Quinto: si las hipótesis expuestas en este artículo se materializan, entonces preveo que el euro subirá frente al dólar la segunda mitad de 2019.

No todo el dibujo es negativo. Hay países y zonas económicas que estarán menos expuestos debido a que no han abusado del crédito, a los que beneficiarán las caídas de materias primas. En mi opinión, España y la zona euro destacan. Por otro lado, una parte de los inquietantes presagios expuestos en esta columna (que, por cierto, adelantamos en octubre del pasado año) se han reflejado en las abultadas caídas de los mercados durante 2018.

Dice un proverbio árabe que la experiencia es el peine con el que la vida nos recompensa una vez que nos hemos quedado calvos… Veamos si es así en 2019.

El Observatorio del IE
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