Ayuso prefiere asaltar Telemadrid en lugar de cerrarla
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Juan Ramón Rallo

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Ayuso prefiere asaltar Telemadrid en lugar de cerrarla

Si, como decía Ayuso en campaña, los españoles acuden a Madrid para que se les deje en paz, es momento de reclamarle a Ayuso que nos deje en paz con Telemadrid

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Isabel Díaz Ayuso ganó las últimas elecciones en la Comunidad de Madrid con el eslogan 'Socialismo o libertad'. La líder de los populares se arrogó la representatividad de los ideales de la libertad —fueron, de hecho, un reclamo continuo durante su campaña— y cargó a sus adversarios políticos con el sambenito del 'socialismo'. Su incontestable victoria, unida al desmoronamiento de Pablo Iglesias, la figura que —por desgracia— ha marcado de un modo más abrumador el debate público en España durante el último lustro, hizo pronosticar a muchos una incipiente revolución liberal en Madrid y acaso más adelante en el resto de España: los madrileños habían dado las llaves del poder a Ayuso para que pusiera en práctica su discurso pro libertad.

Sin embargo, lo cierto es que la cosa no empezó bien: la medida estrella de la popular durante su discurso de investidura, la que acaparó por decisión propia el foco mediático, no tuvo que ver ni con una reducción de impuestos, ni con una desregulación de la economía ni con una devolución del estado de bienestar a los ciudadanos. No, tuvo que ver con un subsidio (pocos meses antes, habría sido calificado de 'paguita') hacia la natalidad: una política de dudosa eficacia y de impronta ideológica conservadora, no liberal. Con todo, alguien podría haber querido disculpar a Ayuso alegando que, con semejante anuncio, pretendía ensanchar su base de votantes y contentar a sus socios parlamentarios de Vox. La presidenta no abnegaba del liberalismo, pero tampoco se casaba exclusivamente con él.

Foto: Isabel Díaz Ayuso, en la Asamblea de Madrid. (EFE)

Y si con el cheque bebé ya deberían haber sonado las alarmas de que algo estaba fallando en esa pretendida revolución liberal de Ayuso, con el descarado y desacomplejado asalto a Telemadrid no debería quedar ninguna duda de que ya se han traicionado de raíz todos los principios. La postura liberal con respecto a un medio de comunicación estatal es inequívoca: cerrarlo (o alternativamente privatizarlo sin repartirlo entre los amiguetes del poder político). No se trata de una propuesta radical e implanteable: alguien tan taciturno, tan poco dado a librar ninguna batalla ideológica, como Alberto Fabra tuvo los arrojos suficientes como para cerrar Canal Nou en 2013.

En este caso, además, Vox no habría constituido ningún tipo de obstáculo: la formación regional de Rocío Monasterio llevaba, de hecho, en su programa el compromiso de “eliminar todos los entes públicos que realizan funciones que ya hace o que puede asumir la Administración central, empezando por Telemadrid”. Por consiguiente, si se pretendía contentar a Vox de algún modo, la forma de hacerlo habría sido cerrando Telemadrid.

Foto: Imagen: Laura Martín.

Pero no. Ayuso ha rechazado cerrar o privatizar Telemadrid. Ha preferido, en cambio, tomar el control político del ente público con una caciquil artimaña: cambiar la ley reduciendo el plazo del director general de seis a cuatro años (de modo que el actual director general cesará de inmediato) y creando la figura del administrador provisional (el cual puede ser elegido por mayoría absoluta, que no cualificada, de la Asamblea y carece de plazo de caducidad). El modelo de Rosa María Mateo implantado para Telemadrid.

Entre socialismo o libertad, Ayuso ha apostado por el socialismo audiovisual, esto es, por la propiedad estatal de un medio de comunicación

Es decir, entre cerrar o controlar Telemadrid, Ayuso ha optado por lo segundo. Y Vox, no lo perdamos de vista, ha pisoteado su programa electoral y ha traicionado a sus votantes convirtiéndose en comparsa parlamentaria cómplice del ayusazo (si Vox no se hubiese abstenido en la votación, si hubiese votado en contra, como debería haber hecho, la nueva ley no habría prosperado). ¿Y por qué Ayuso ha optado por lo segundo? Pues, evidentemente, porque entre ampliar las libertades de los madrileños —cerrando el grifo a Telemadrid y reintegrando a los ciudadanos su dotación presupuestaria— o construir, con el dinero de los madrileños, su propio altavoz mediático, Ayuso ha escogido lo segundo. Entre socialismo o libertad, Ayuso ha apostado por el socialismo audiovisual, esto es, por la propiedad estatal de un medio de comunicación.

En definitiva, el respeto a la libertad no solo se muestra con las palabras, sino sobre todo con los hechos. Máxime en el caso de los políticos, cuyos hechos son los que cercenan o respetan las libertades de los ciudadanos. Si, como decía Ayuso en campaña, los españoles acuden a Madrid para que se les deje en paz, es momento de reclamarle a Ayuso que nos deje en paz con Telemadrid.

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