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Iglesias-Yolanda: radiografía de un divorcio
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Antonio Casado

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Iglesias-Yolanda: radiografía de un divorcio

Podemos no es un partido exento de la desafección ciudadana que denuncia la vicepresidenta segunda del Gobierno

Foto: Pablo Iglesias y Yolanda Díaz. (EFE/Archivo/David Fernández)
Pablo Iglesias y Yolanda Díaz. (EFE/Archivo/David Fernández)
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El exlíder de Podemos y hoy famoso contertulio de la progresía mediática, Iglesias Turrión, exvicepresidente del Gobierno y fallido aspirante a una plaza de profesor asociado en la Complutense ha hecho un inesperado canto al papel de los partidos como cauces de la participación política, según mandato constitucional del Régimen del 78.

El elogio iba destinado a Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del Gobierno y agitadora de un “frente amplio” que, según pública confesión, pretende desbordar la función de los partidos. Según ella, y no le falta razón, son en gran parte responsables de la desafección ciudadana.

Foto: Yolanda Díaz (d) e Ione Belarra. (EFE/Rafa Alcaide)

El partido que Iglesias declara exento de la desafección señalada por Díaz es Podemos, para el que pide respeto, aunque cotice a la baja en todas las encuestas. No solo respeto. También pide que se cuente con su organización en cualquier oferta electoral a la izquierda del PSOE. Pero Yolanda, abanderada de un misterioso proyecto transversal, no está por la labor. Y eso ha desatado la ira de un Iglesias perplejo ante la emancipación de su propia criatura política, pues él la declaró sucesora natural sin venir a cuento, incluso sin anuencia de la interesada, para reinar a la izquierda del centroizquierda.

El exvicepresidente, que ha resultado ser un falso profeta, no acepta su cancelación como voz cantante en esa zona del juego político. Y tampoco tolera que Yolanda Díaz escape a su control. Más bien esperaba que viniera a besarle los pies por haberla encumbrado en la pirámide del poder. Ese es el fondo del asunto, la parte más visible en la radiografía del divorcio político que anima la temporada otoño-invierno.

El exvicepresidente, que ha resultado ser un falso profeta, no acepta su cancelación como voz cantante a la izquierda del PSOE

Sin haber formado parte de la aventura podemita de hace ocho años, Yolanda ha resultado ser más fiel que Iglesias al espíritu fundacional del partido que vino a redimirnos del bipartidismo. Al menos en lo referente al soplo adanista del 'No nos representan', pregonado entonces por los Iglesias, Bescansa, Errejón, Monedero, prestos a desenmascarar a los partidos constituidos en “casta” de una democracia incompleta.

Foto: Pablo Iglesias e Irene Montero. (EFE/Mariscal) Opinión

Hagamos memoria. Lo primero que hizo Iglesias inmediatamente después de entregar su cartera de vicepresidente, en marzo del año pasado, fue un viaje de cercanías a Coslada invitado por una asociación de vecinos. Allí sufrió el acoso de un grupo de activistas de ultraderecha al grito de “¡Fuera la casta de nuestros barrios!”. Ya había pasado otras veces por lo mismo, incluso en su domicilio de Galapagar.

Nunca debió haber hecho apología de la “naturalización del insulto”. Y no se me ocurre mejor manera de explicar que uno recoge lo que siembra. También eso tiene su lado bueno porque resulta que aquel original 'No nos representan' se ha convertido ahora en el banderín de enganche del proyecto de Yolanda Díaz, todavía aparcado en el reino de las musas.

Foto: Pablo Iglesias, en el acto de este domingo. (EFE/Mariscal)

Nada de partidos, siglas y egos. Solo dos nombres. “Proceso de escucha”, para la galería. Y “Sumar”, para el Registro de Asociaciones del Ministerio del Interior, con unos abajo firmantes entre los que no figura ella. Y, aunque ese paso burocrático (marzo 2022) no es una marca electoral (ni siquiera garantiza que vaya a ser candidata en las próximas elecciones generales), ya se vio entonces que se desmarcaba del partido que ahora lidera la ministra Ione Belarra.

Para entonces, Podemos ya había encontrado la postura en la política nacional. Y sobre todo ya se había acostumbrado a cobrar del Estado por voto, por escaño, por formar grupo parlamentario, por concurrir a las elecciones. Así que nos hacemos una idea del ataque de contrariedad que afecta a Iglesias al descubrir que los votos y los escaños de Podemos están hoy por hoy a la baja. ¿Causas? Por un lado, lo que suma Yolanda en popularidad (la ministra mejor valorada). Por otro, lo que resta el narcisismo-leninismo del fundador.

El exlíder de Podemos y hoy famoso contertulio de la progresía mediática, Iglesias Turrión, exvicepresidente del Gobierno y fallido aspirante a una plaza de profesor asociado en la Complutense ha hecho un inesperado canto al papel de los partidos como cauces de la participación política, según mandato constitucional del Régimen del 78.

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