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Fernando Matres

El Zaguán

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Papeletas con foto y con mensaje

Las listas del PP y PSOE para el 19J, vacías de 'casadistas' y 'susanistas' por las renovaciones internas, son más elocuentes aún que el rostro de Teresa Rodríguez

Foto: Moreno y Espadas. (EFE/Julio Muñoz)
Moreno y Espadas. (EFE/Julio Muñoz)
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Hay papeletas electorales que llevan una fotografía incorporada, como la de Teresa Rodríguez el 19 de junio, pero otras encierran un clarísimo mensaje sin necesidad de imágenes ni de mil palabras. Está por ver que haya quien decida su voto guiándose por la lista de candidatos o por el programa en lugar de por tradición, intereses particulares o filias y fobias personales. Aunque si para los electores no suele ser un factor decisivo, para los partidos es una manera indiscutible de demostrar quién manda aquí.

La manera más evidente es enseñar tu cara bien visible, por la que ha optado la candidata de Adelante Andalucía para que los árboles de la división a la izquierda de la izquierda, valga la doble redundancia, no impidan ver el bosque. Una fórmula personalista que aprendió en las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 cuando era la número dos de Pablo Iglesias, el líder que exhibía su coleta junto a las urnas, antes de que un chalé y otras diferencias provocaran que separaran sus caminos hace dos años. Otro método menos gráfico, aunque igual de contundente, es hablar a través de los hechos consumados: tú estás dentro y tú estás fuera.

placeholder Susana Díaz y Juan Espadas, en una comparecencia conjunta el pasado mes de junio. (EFE/Julio Muñoz)
Susana Díaz y Juan Espadas, en una comparecencia conjunta el pasado mes de junio. (EFE/Julio Muñoz)

Dicen que el punto ideal de la venganza es servida a baja temperatura y en la política, como en la vida, quien resiste, gana, como se encargó de recordar Camilo José Cela en su discurso de agradecimiento del Premio Príncipe de Asturias. Hay silencios elocuentes y gestos que duelen más que un insulto, pero en este mundo nada es tan revelador como incluir o no un nombre en una lista electoral.

Y, en ese sentido, las papeletas del PSOE y PP hablan a gritos. Juan Espadas ha eliminado cualquier rastro de “susanismo”, que para algo fue designado por Pedro Sánchez como relevo de su íntima enemiga. Mientras, Juanma Moreno ha aprovechado el cambio de rumbo en Génova, tejido a medias entre Galicia y Andalucía, para borrar cualquier trazo de Pablo Casado, por pequeño que fuera. Idéntico sentimiento, tan humano como el rencor, aunque con opuestas consecuencias, más que previsiblemente.

Foto: El líder del PSOE andaluz, Juan Espadas. (EFE/Julio Muñoz)

Ambos parecen haberse guiado por un criterio común a la hora de hacer el sudoku de las ocho listas, aunque con ópticas radicalmente distintas. Para Espadas haber sido consejero o consejera es una rémora, hasta el punto de que él es el único socialista que concurre a las elecciones con ese cargo en el currículum. Es un gesto que pretende escenificar una ruptura total con el pasado: cambian siete de los ocho cabezas de lista respecto a 2018, ya que sólo repite Ángeles Férriz, y únicamente 11 de los 33 diputados actuales parten en puestos que garantizan continuar en el Parlamento.

Una renovación lógica por el cambio en la cúpula del PSOE andaluz designado personalmente por Pedro Sánchez y el “destierro” de Susana Díaz en el Senado, aunque algunas malas lenguas internas adviertan de una incoherencia. Señalan la curiosidad, valga el eufemismo, de que el cambio lo lidere Espadas, quien se sentara en los Consejos de Gobierno con Manuel Chaves y José Antonio Griñán, condenados por el caso de los ERE a la espera de la revisión de la sentencia por el Tribunal Supremo.

placeholder Moreno y Casado, el pasado noviembre durante la celebración del Congreso del PP andaluz. (EFE/Pepe Torres)
Moreno y Casado, el pasado noviembre durante la celebración del Congreso del PP andaluz. (EFE/Pepe Torres)

De lo que no cabe ninguna duda es de que Espadas aún no controla los entresijos del partido como lo hacía Susana Díaz, y casi nadie confía en que pueda hacerlo algún día, lo que puede traer consecuencias muy desagradables el 19 de junio. Ahora mismo está muy lejano ese PSOE que era una engrasada máquina de ganar elecciones, con estructuras capaces de movilizar el voto hasta en el más pequeño de los pueblos y barrios, llamando una a una a las casas si era necesario. Y eso, con unas encuestas desalentadoras, un candidato que no ilusiona y con escaso grado de conocimiento en buena parte del electorado y un rival moderado y centrado, es un enorme problema que atormenta en la Moncloa.

Porque lo que para Espadas es un inconveniente, para Juanma Moreno es una virtud, que además le ha dado una excusa perfecta para hacer su renovación. El presidente de la Junta ha apostado por encabezar las listas con consejeros y consejeras para aprovechar el escaparate que eso supone. Tan sólo Loles López, la secretaria general popular, por Huelva, y Ana Mestre, la delegada del Gobierno andaluz, por Cádiz, no se sientan en San Telmo.

Foto: Moreno y la consejera Del Pozo pasean por la Feria de Sevilla. (EFE/Raúl Caro)

Esta circunstancia, unida a la condición de las listas “cremallera” paritarias que obligan a alternar un hombre y una mujer, han servido de coartada para retrasar hasta puestos que no son de salida a algunas personas vinculadas a Pablo Casado por una u otra razón. Así, algunos, como el portavoz parlamentario popular, José Antonio Nieto, o el diputado por Almería Ramón Herrera, amigo de Teodoro García Egea, se han adelantado a renunciar a formar parte de ellas al conocer el lugar que ocuparían. Aunque también hay quien ha sobrevivido, como Virginia Pérez, la presidenta de Sevilla, que había transmitido el mensaje de que todo lo que no fuera ser la número 3 reabriría el duro conflicto interno vivido en el partido tras su enfrentamiento en el Congreso con Juan Ávila, el candidato de Juanma Moreno.

Desde luego pueden ser cuestiones más en clave interna o propias del micromundo de políticos y periodistas que determinantes en unas elecciones, si bien es evidente que Juanma Moreno se aferra al perfil de gestor moderado, que suma más que la propia marca PP como él mismo ha verbalizado sin reparo. Y, además, ya quedaron muy atrás los tiempos en los que el PSOE, como decía con gracia Alfonso Guerra, presentaba una cabra y la gente votaba a la cabra. Y todo esto es mal negocio para Espadas.

Hay papeletas electorales que llevan una fotografía incorporada, como la de Teresa Rodríguez el 19 de junio, pero otras encierran un clarísimo mensaje sin necesidad de imágenes ni de mil palabras. Está por ver que haya quien decida su voto guiándose por la lista de candidatos o por el programa en lugar de por tradición, intereses particulares o filias y fobias personales. Aunque si para los electores no suele ser un factor decisivo, para los partidos es una manera indiscutible de demostrar quién manda aquí.

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