Hay un hombre que lo hace todo en Andalucía
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Fernando Matres

El Zaguán

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Hay un hombre que lo hace todo en Andalucía

Tras analizar los matices del carrusel electoral (Extremadura, Aragón y Castilla y León), Juanma Moreno explotará aún más su sobreexposición en busca de otra mayoría absoluta

Foto: Juanma Moreno, presidente de Andalucía. (EP/María José López)
Juanma Moreno, presidente de Andalucía. (EP/María José López)
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Una campaña electoral es como ir a un juicio, un hospital o a ese tugurio en el que decides tomarte la penúltima copa de madrugada: uno sabe cómo entra, pero nunca conoce exactamente cómo va a salir. Según los estudios demoscópicos, un elevado porcentaje del electorado, alrededor del 70%, ya tiene decidido su voto antes de que empiece la ronda de promesas y no lo cambia pase lo que pase. Pero hay un 20% que elige una u otra opción durante esos quince días e incluso un 10% que coge la papeleta en el último momento. Por lo tanto, puede ser determinante lo que ocurra en ese esprint final, aunque por lo general hay más que perder que ganar. Una mala campaña resta más de lo que suma una buena actuación.

Venimos de un carrusel electoral (Extremadura, Aragón, Castilla y León…) que nos ha arrojado interesantes conclusiones, de las que han tomado nota (o, al menos, deberían) los protagonistas de la próxima cita con las urnas en Andalucía. Aunque todavía no hay una fecha marcada en rojo en el calendario, a expensas de que Juanma Moreno resuelva el sudoku para evitar la incidencia de ferias, puentes, vacaciones, visitas papales y hasta el Mundial de fútbol, la maquinaria ya lleva mucho tiempo en marcha y las estrategias se van ajustando a los acontecimientos.

Por más que un resumen a grandes rasgos de los resultados de las tres últimas convocatorias nos muestre una tendencia, victorias claras del PP frente al PSOE, pero insuficientes para gobernar en solitario, el análisis de la letra pequeña nos ofrece matices muy interesantes. Por ejemplo, que la estabilidad es un aliciente para el votante, que también agradece los candidatos pegados al territorio y con un perfil propio, que el tacticismo a la hora de pactar de Vox y su cercanía con Trump pueden castigarle y que la izquierda solo ha aguantado el tirón allí donde ha comparecido más o menos unida, como en Extremadura.

Un cóctel de impresiones que, traducido a los hechos, puede hacer entender algunos movimientos inmediatos, como que Santiago Abascal se haya apresurado a asegurar que habrá pactos de gobierno en las tres comunidades que están a la espera de quien las presida. María Jesús Montero ya sabe que corre el riesgo de empeorar el desastre histórico obtenido por Juan Espadas y que la cercanía con Pedro Sánchez penaliza, porque así lo han sufrido Pilar Alegría como exministra y Miguel Ángel Gallardo, quien sin ser sanchista llevaba su nombre unido al caso de su hermano al estar imputado. Mientras que Carlos Martínez, que siempre ha marcado diferencias con el presidente del Gobierno y tiene el aval de cuatro mayorías absolutas consecutivas como alcalde de Soria, ha crecido en votos. Y las opciones a la izquierda del PSOE asumen que deberían unir en lugar de dispersar, por más que en la práctica vaya a resultar poco menos que imposible.

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¿Y Juanma Moreno? Ha visto con alivio que el crecimiento de Vox puede haber tocado techo y apurará todas sus opciones de conseguir algo muy complicado, pero viable: revalidar la mayoría absoluta. Si al iniciarse la campaña en Andalucía persistiera el bloqueo en Extremadura, Aragón y Castilla y León, algo improbable, podrá aferrarse de nuevo al mensaje del voto útil. Si, como parece que pasará, ya se han producido los pactos, conocerá las cartas con las que se está jugando la partida. Y, mientras tanto, seguirá afanándose en potenciar aquello que en marketing se denomina factor diferencial, es decir, qué te distingue del resto de opciones, por qué deben escogerte a ti.

Y, al pensar en el factor diferencial que quiere transmitir, a uno se le viene a la cabeza la canción de Astrud, con una ligera adaptación: "Hay un hombre en Andalucía que lo hace todo, hay un hombre que lo hace todo en Andalucía". Porque Juanma Moreno es quien presume de la "vía andaluza", saca pecho por los datos de creación de empresas y nuevos autónomos, anuncia el wifi gratis permanente en los hospitales, es el vicepresidente del Comité Europeo de Regiones, cumple el sueño de los andalucistas de crear el Día de la Bandera el 4 de diciembre, saluda a todos al grito de "presidente" mientras acompaña a los Reyes en su visita a Jaén, promete asumir el coste del tratamiento para los afectados por la enfermedad de la piel de mariposa junto al pequeño Leo, rompe a llorar en pleno discurso del 28-F recordando a las víctimas de Adamuz, recibe elogios de Óscar Puente después de haberlo llamado "suavón por fuera y falangista por dentro" y se convierte en Will Smith en El Hormiguero, imitación de Aznar y Rajoy incluidas… Así no es de extrañar que duerma solo cuatro horas al día por un insomnio severo, por el que lleva una pequeña unidad de sueño en forma de anillo, del que también se han hecho múltiples reportajes.

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Quién lo diría, tan solo seis meses después del escándalo del cribado de cáncer de mama que provocó la destitución de la consejera de Sanidad. El mensaje de su estrategia para revalidar la mayoría absoluta es nítido: soy dialogante, empático, no insulto ni genero polémicas, Andalucía va bien, represento la estabilidad en un panorama político convulso, no cuestiono los avances sociales, ¿dónde van a encontrar algo mejor? Una mezcla de gestión, talante, sobreexposición, cercanía y apelación a la emotividad… algo que también podría llamarse populismo.

Una campaña electoral es como ir a un juicio, un hospital o a ese tugurio en el que decides tomarte la penúltima copa de madrugada: uno sabe cómo entra, pero nunca conoce exactamente cómo va a salir. Según los estudios demoscópicos, un elevado porcentaje del electorado, alrededor del 70%, ya tiene decidido su voto antes de que empiece la ronda de promesas y no lo cambia pase lo que pase. Pero hay un 20% que elige una u otra opción durante esos quince días e incluso un 10% que coge la papeleta en el último momento. Por lo tanto, puede ser determinante lo que ocurra en ese esprint final, aunque por lo general hay más que perder que ganar. Una mala campaña resta más de lo que suma una buena actuación.

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