Génova ya ha explicado sus directrices. Ahora tiene que actuar en consecuencia. Porque mientras siga intentando resolver esa ecuación con ambigüedades tácticas, Sánchez seguirá teniendo margen para sobrevivir
María Guardiola, en el debate de investidura fallido. (EP)
Sánchez ha cogido carta buena y la M-30 ha entrado en pánico. Se extiende la sensación de que el presidente lo puede hacer de nuevo. A pesar de que no gobierna por la falta de apoyos parlamentarios. A pesar de que su partido no hace más que perder poder territorial y de que ya no es un partido, sino un club de fans. A pesar de la corrupción.
Del mismo modo, el PP se arriesga a que se le vuelva a escapar de las manos igual que en 2023 y con independencia de esas encuestas que dicen que con Vox suman 200 diputados e incluso hasta el infinito y más allá.
Gracias @sanchezcastejon. One of the few leaders defending international rules and leading with clarity, courage, empathy and solidarity. https://t.co/M2FA9lOQke
La carta buena de Sánchez no es otra que la de Irán y el ‘No a la guerra’, ese eslogan vintage que la izquierda española desempolva cada vez que oye la palabra misil. Nació en 2003, cuando millones de personas salieron a la calle contra la invasión de Irak mientras Zapatero aprendía a conjugar el verbo gobernar prometiendo retirar las tropas españolas.
En Moncloa creen que esta vez también funcionará. Piensan que el presidente español, en un mundo huérfano de líderes, puede convertirse en el icono pop del progresismo mundial, tal y como sugieren Mariana Mazzucato, el hijo de Soros o los sesudos analistas del Financial Times, y que, mutatis mutandis, aglutinará a la izquierda en torno a su persona.
También creyeron que la bandera de Gaza le beneficiaría, pero no ha sido así. Desde entonces, el PSOE no ha hecho más que perder elecciones
Se trataría, en definitiva, de indicar a esos españoles cortos de miras cuál es la urna correcta de la historia. La urna donde hay que depositar la papeleta para que continúe la misión casi mística con la que el destino ha bendecido a nuestro amado líder.
La realidad, en cambio, es muy distinta a como nos la intenta vender el laboratorio monclovita. También creyeron que embutirse en la bandera de Gaza —con el reconocimiento del Estado palestino, la retórica inflamable contra Israel y medio Gobierno ufanándose de todo ello por tierra, mar y Twitter— le beneficiaría demoscópicamente. Pero no ha ocurrido nada. Desde entonces, el PSOE no ha hecho más que perder elecciones. Por goleada. Y lo mismo volverá a ocurrir ahora.
Diga lo que diga el Financial Times, Sánchez no es la némesis de nada ni de nadie, básicamente por nuestra irrelevancia política y económica. España es un país que aspiraba a tratar de tú a Alemania y Francia y que hoy observa cómo Polonia la adelanta en renta per cápita y, sobre todo, en influencia estratégica dentro de la UE.
"Me sorprende constantemente lo pobre que es la cobertura de España en gran parte de los medios de comunicación de habla inglesa, pero su artículo alcanza un nuevo mínimo al no cumplir ni siquiera los estándares más básicos de objetividad", escribía el economista Jesús Fernández-Villaverde en referencia al comentario del Financial Times.
I am consistently struck by how poor the coverage of Spain is in much of the English-speaking media, but your piece reaches a new low in terms of failing to meet even the most basic standards of objectivity.
Instead of informing an international readership with accuracy and…
— Jesús Fernández-Villaverde (@JesusFerna7026) March 5, 2026
En España hace tiempo que tenemos aprendida la lección. En el extranjero empiezan a percatarse ahora, después de años embobados con la política ESG y el impecable inglés de Mr. Handsome. Lo cierto es que nadie se fía de Sánchez porque, pese a su buenismo y sus discursos —un cuarto de convicción y tres cuartos de cálculo táctico—, su método consiste en engañar a todos todo el rato. Una auténtica máquina de descerrajar mentiras.
Miente cuando habla de regeneración democrática y luego gobierna al margen del Parlamento, a golpe de decreto y en beneficio de sus socios. Miente cuando se proclama el más feminista —como este mismo 8-M— y al mismo tiempo sostiene a ministros que miran hacia otro lado ante escándalos sexuales que les tocan de cerca. Miente cuando habla de pseudomedios mientras el Gobierno despliega un pandemónium de opacidad y propaganda institucional. Y miente cuando habla del 'No a la guerra' mientras España participa activamente en el dispositivo militar occidental.
Porque, señor presidente, si esta es una guerra ilegal en la que Irán tendría derecho a defenderse, ¿por qué estamos ayudando a impedirlo? ¿Por qué la Armada española mantiene desplegada una fragata en la operación naval internacional que protege el tráfico marítimo frente a los ataques con misiles y drones iraníes en el Golfo y el mar Rojo?
Si de verdad es tan pacifista y está tan preocupado por los derechos humanos, ¿por qué no se le ha oído al presidente ni a sus socios denunciar con la misma vehemencia la situación de las mujeres en Irán? ¿Por qué no han dedicado la misma parafernalia a la represión del régimen de los ayatolás, que ha provocado miles de muertos y detenciones desde las protestas iniciadas tras la muerte de Mahsa Amini?
Y si pretende convertirse en el caballero sin espada del derecho internacional, ¿por qué tratados como el acuerdo sobre Gibraltar con el Reino Unido se negocian y anuncian sin pasar por el Parlamento? ¿Por qué se cambió de la noche a la mañana la posición histórica de España sobre el Sáhara Occidental alineándose con Marruecos y desoyendo las resoluciones de la ONU que siguen defendiendo un referéndum de autodeterminación?
La mejor forma de denunciar el contorsionismo verbal de Sánchez —que igual le sirve para defender una cosa que la contraria en la misma frase— es hacer como Ayuso: invitar a las pancartistas del ‘No a la guerra’ a pasear “solas y borrachas por Teherán”, o con minifalda por Kabul, y después “llévense a sus amigos gays”, a ver qué ocurre.
En la M-30, en cualquier caso, no deberían preocuparse demasiado. La guerra terminará más pronto que tarde, el mundo pasará página —como ha ocurrido con el resto de emergencias globales— y el PSOE seguirá perdiendo elecciones.
El problema no es Sánchez.
El problema es la alternativa.
Es decir, el PP, que vuelve a hacerse un lío con Vox.
En Extremadura se ha abierto un escenario que recuerda peligrosamente a los episodios de 2023. Los ecos de una repetición electoral empiezan a sobrevolar la política en esta comunidad. Si ese escenario se materializa, el electorado tendrá que decidir quién es responsable del bloqueo, si PP o Vox, y quién gana el relato. Y eso, como saben bien los estrategas de campaña, es como lanzar una moneda al aire.
Génova ha intentado solventar estas situaciones con un documento marco que sirva para ordenar las negociaciones con los de Abascal en los distintos territorios y evitar el descontrol de 2023, cuando cada barón autonómico hizo de su capa un sayo —empezando por Carlos Mazón— y terminó complicando las aspiraciones de Feijóo a la Moncloa.
La cuestión es que, a día de hoy, esas directrices no están funcionando. De los cuatro grandes campos de batalla autonómicos, solo Jorge Azcón en Aragón parece tener encarrilada la relación con Vox y estar en condiciones de convertir un resultado electoral decepcionante en un gobierno estable.
En Extremadura, la atmósfera es la contraria, con un Abascal que le ha tomado la medida a Guardiola. En Castilla y León, las perspectivas tampoco son idílicas para Mañueco, con un PSOE que podría no andarle muy lejos y un Vox que ronda porcentajes cercanos al 20%, algo inédito para los de Bambú. Y en Andalucía, aunque Juanma Moreno sigue siendo el político más sólido del tablero autonómico, el simple hecho de que se discuta la pérdida de su mayoría absoluta ya dice bastante del nuevo equilibrio político.
La conclusión es evidente.
El problema del PP no es Irán.
Es Vox.
Génova ya ha explicado sus directrices. Ahora tiene que actuar en consecuencia. Porque mientras siga intentando resolver esa ecuación con ambigüedades tácticas, Sánchez seguirá teniendo margen para sobrevivir políticamente.
Lo de Irán pasará.
Lo de Mérida, no.
Sánchez ha cogido carta buena y la M-30 ha entrado en pánico. Se extiende la sensación de que el presidente lo puede hacer de nuevo. A pesar de que no gobierna por la falta de apoyos parlamentarios. A pesar de que su partido no hace más que perder poder territorial y de que ya no es un partido, sino un club de fans. A pesar de la corrupción.