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Crisis de confianza de Sánchez: epicentro en las mujeres
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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Crisis de confianza de Sánchez: epicentro en las mujeres

Los datos del CIS son claros: el volumen de mujeres que le prefieren como presidente del gobierno ha caído en seis puntos en los últimos seis meses, una fuerte bajada que duplica a la de los votantes masculinos

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Juan Carlos Cárdenas)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Juan Carlos Cárdenas)
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La estructura del voto al Partido Socialista está experimentando este año dos quiebras estructurales. La primera en su armazón territorial, donde el peso de Andalucía permitía históricamente levantar victorias y sobrevivir a las derrotas; sin esa comunidad no existe la posibilidad de articular una mayoría. Y la segunda, en la propia configuración sociológica del electorado: las mujeres, que siempre han sostenido las siglas en los peores momentos, conforman hoy el epicentro de la crisis de confianza que está sufriendo Pedro Sánchez.

Los datos del CIS son claros: el volumen de mujeres que le prefieren como presidente del gobierno ha caído en seis puntos en los últimos seis meses, una fuerte bajada que duplica a la de los votantes masculinos.

Foto: Pedro Sánche y Alberto Núñez Feijóo durante su debate en el Senado. (EFE/Juanjo Martín)

No es normal que la base electoral socialista esté hoy muy erosionada. Es lógico que el poder desgaste a este y cualquier presidente. Lo inédito está en la velocidad del deterioro actual.

Hicieron falta varias legislaturas para rebajar la confianza depositada en González, dos para Aznar y para Zapatero, incluso Rajoy llegó en condiciones aceptables al segundo mandato con nuevos competidores a su alrededor. Sin embargo, Sánchez solo lleva cuatro años gobernando y ya está en su otoño político. Ahora lo que viene es un duro invierno.

Su aceleración no es ajena a la cascada de desgracias vividas por España en estos últimos años. El mecanismo de libre asociación funciona. Su imagen está inevitablemente asociada a una montaña de pesares naturales, sanitarios, económicos y sociales. Eso es comprensible. Pero no basta para explicar por qué la intención de voto al Partido Socialista cae de manera tan desigual en el último semestre: dos décimas entre ellos y cuatro puntos entre ellas.

"Resulta reduccionista argumentar que las políticas de igualdad bastan para explicar el cambio que está operando en el voto femenino"

Detengámonos un momento para contemplar la dimensión del fenómeno: en marzo 60 de cada 100 personas que expresaban su voluntad de votar a Sánchez eran mujeres, hoy son 54. Lo que se está alterando es la proporción en la composición del voto socialista y esa alteración en la propia naturaleza del electorado amenaza las expectativas del PSOE y de toda la izquierda, tanto a corto como a largo plazo.

Resulta reduccionista argumentar que las políticas de igualdad bastan para explicar el cambio que está operando en el voto femenino. Afirmar que las políticas de género determinan el comportamiento electoral de las mujeres es una fantasía, una simpleza porque reduce la complejidad. Sin embargo, tampoco se puede decir que la cuestión sea irrelevante, no es un ingrediente principal, aunque sí está en la receta de la decisión de voto. Sánchez optó por abandonar el feminismo clásico y entregar la causa a Irene Montero. Aquella elección fue un error político que pesará en las urnas, no será inocua en las próximas elecciones.

En cualquier caso, el voto femenino es más meditado que el masculino. Más sólido. Nosotros nutrimos a los partidos populistas, ellas a las opciones centrales. Son menos extremistas y menos coléricas, más sistémicas y moderadas, menos partidarias de la confrontación y menos caprichosas, mantienen durante más tiempo su lealtad. Aguantan más y tardan mucho más en irse, aunque cuando se van lo hacen para no volver. Factor portazo.

Foto: Yolanda Díaz. (EFE/J.J. Guillén) Opinión

Pero… ¿Por qué se van? En último término, el voto es una expresión de confianza y la confianza siempre se dirime, por acumulación, en el terreno de los valores y de los hechos. Por este motivo, el pacto con los nacionalistas y populistas puede ser visto como un motivo determinante pero latente, mientras que la gestión de la crisis en la que ya estamos actuaría como razón desencadenante.

El porcentaje de mujeres que tienen poca o ninguna confianza en Sánchez ha subido en cuatro puntos desde abril. A día de hoy son dos de cada tres. Y solo estamos en el primer tramo de las dificultades económicas la inflación—, queda el segundo. Después del otoño viene el invierno, vendrá la recesión.

Conviene además tener en cuenta que la votante media del PSOE se parece sociológicamente mucho más a una votante tipo del PP que a una de Podemos (edad, hábitat, formación, extracción social…). Y, esto será clave de cara al futuro, porque el Partido Popular cuenta en estos momentos con un líder competitivo en ese espacio socialista que antes parecía inexpugnable.

Foto: Yolanda Díaz y María Jesús Montero. (EFE/Fernando Villar)

Las mujeres puntuaron por última vez a Casado con un 3,6. Sánchez estaba en el 5,09. Cambio de ciclo: la última entrega del CIS da un empate entre el presidente y el líder de la oposición —ambos en el 4,6 tras la campaña de insultos al gallego—. Desde que Feijóo se hizo con los mandos del PP, no ha habido ningún barómetro en el que Sánchez haya podido superarle.

¿Cómo se traslada este cambio a las intenciones de voto? De manera rotunda: si nos fijamos solo en ellas, en marzo el PSOE aventajaba al PP en más de ocho puntos y medio, en septiembre la distancia se ha reducido a uno.

El porcentaje de hombres dispuestos a votar a Sánchez está exactamente donde estaba hace un semestre, clavado. Lo nuevo, el desengaño y el hartazgo, la quiebra de la confianza está en ellas. Va a ser difícil de reparar porque por encima de la condición de género incidirá más la condición vital, las cosas del comer.

Foto: El expresidente del Gobierno José María Aznar y el actual líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. (EFE/Fernando Villar)

El líder socialista está tirando hacia abajo la marca PSOE y poniendo en peligro la posibilidad de que se reediten los gobiernos municipales y autonómicos actuales. Y los puntos que pueden faltar para alcanzar la mayoría están donde está la desconfianza.

Los líderes territoriales tienen una manera fácil de comprobarlo. Cuando encarguen una encuesta solo tienen que fijarse en la columna de voto femenino, todo lo que baja ahí es una factura personal que se pasa a Moncloa.

Exactamente, la misma factura que se aprecian en los análisis cualitativos, en los grupos de discusión. Pregunten por él: ellas ya no se fían y están de mudanza. Así que puede ser cuestión de tiempo que muchos dirigentes socialistas se vean también forzados a hacer las maletas.

La estructura del voto al Partido Socialista está experimentando este año dos quiebras estructurales. La primera en su armazón territorial, donde el peso de Andalucía permitía históricamente levantar victorias y sobrevivir a las derrotas; sin esa comunidad no existe la posibilidad de articular una mayoría. Y la segunda, en la propia configuración sociológica del electorado: las mujeres, que siempre han sostenido las siglas en los peores momentos, conforman hoy el epicentro de la crisis de confianza que está sufriendo Pedro Sánchez.

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