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Aragonès habla al Madrid más plural: Bildu, Carmena y una señora llamada Marisol
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Ángeles Caballero

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Aragonès habla al Madrid más plural: Bildu, Carmena y una señora llamada Marisol

Es bueno que venga un señor a decirte que el conflicto no es cosa suya y que la sala se llene de gente dispuesta a escucharle. Que nadie le abuchee, que nadie resople

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE/Miguel Oses)
El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE/Miguel Oses)

Madrid puede ser una ciudad fría, hostil, engullidora de talentos y de aspirantes a tenerlo. Implacable con los últimos, servil con los primeros. Pero Madrid es la ciudad en la que vive Marisol. Una señora que ha dedicado la tarde de este miércoles a escuchar a quien parece estar en sus antípodas ideológicas; una mujer de esas capaces de templar enero que pregunta, que interpela, y que matiza si con algo no está de acuerdo. Marisol fue con varias amigas a escuchar lo que tenía que decir Pere Aragonès al Club Siglo XXI, donde ella es socia. Más Marisoles necesita Madrid. A ver si me explico.

El Club Siglo XXI lleva medio siglo reuniendo gente y dejándola hablar. En 1985 estuvo Josep Tarradellas explicando su idea de Cataluña y hoy ha sido el turno de Aragonès. Un hombre de solo 39 años que parece que tiene muchos más y que vino a Madrid con educación y cortesía, con el 'seny' justo y la contención contenida, a decir que el conflicto político es culpa de la incapacidad de las instituciones del Estado español. Ese Estado que impide a los catalanes cómo quieren vivir, que no es sino sin miedo y libertad. Los extremeños, imagino, desean algo parecido.

“Atrévanse a ganar y atrévanse también a asumir que pueden perder”, dijo en un par de ocasiones. La valentía como magdalena de Proust de lo suyo. La amnistía, la autodeterminación. Es una libertad sin churros pero con 'seny'. Veremos.

placeholder Aragonès, la presidenta del Club Siglo XXI, Paloma Segrelles (c), y la exalcaldesa madrileña Manuela Carmena. (EFE/Miguel Oses)
Aragonès, la presidenta del Club Siglo XXI, Paloma Segrelles (c), y la exalcaldesa madrileña Manuela Carmena. (EFE/Miguel Oses)

A Aragonès lo había presentado la exalcaldesa de Madrid Manuela Carmena, cuyas primeras palabras a la audiencia (luego vamos a las negritas, que merecen párrafo propio) fueron: “Me siento muy feliz”. Un amigo mío, de esos con toneladas de sarcasmo, me acababa de escribir en el móvil: “Te dejo rodeada de gente feliz”. Me pareció una coincidencia preciosa y así se la hice saber.

Carmena habló de diálogo y de Antonio Machado y cuando se sentó se fue a su planeta y de ahí no se movió. Al acabar el asunto se puso su abrigo color mostaza y se marchó sin hacer ruido. Es tan juvenil como pastoril, que diría el ministro Planas.

Pero además de Carmena y Aragonès había muchas caras conocidas. Gabriel Rufián vestido de sacerdote sin alzacuellos y cerca de él un cura de verdad con el suyo puesto. Bendita providencia. Pepe Álvarez, secretario general de UGT, el ministro de Universidades, Joan Subirats, la portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, el poeta y director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, el empresario Blas Herrero, Jaume Asens y Mertxe Aizpurua, de EH Bildu.

placeholder La ministra de Política Territorial y portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez (d). (EFE/Miguel Oses)
La ministra de Política Territorial y portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez (d). (EFE/Miguel Oses)

Un montón de personas hablando en catalán y con algo amarillo en el atuendo y muchos notarios jubilados o con aspecto de serlo que escucharon al presidente catalán hacer el clásico guiño de “Andalucía es la tierra de mis abuelos” para compensar el chorreo anterior que recogerán otro tipo de crónicas. Servidora, discúlpenme ustedes, ya ha escuchado muchas veces esa película. No son ellos, somos nosotros, que no aprendemos.

Y estaba Marisol, les decía. Vestida con manoletinas negras, una camisa del mismo color plagada de cabezas de leones, unas gafas de ver con cadenita repleta de pequeñas perlas, una mascarilla blanca con la bandera de España en la franja superior, un chaquetón de mutón como tienen casi todas las mujeres de clase media para arriba de su generación, el bolígrafo a punto, la pregunta dispuesta.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, este miércoles en Madrid durante una conferencia en el Club Siglo XXI. (EFE/Miguel Oses)

Le dejó claro a Aragonès que los catalanes votaron la Constitución del 78. Luego hubo un lío con el tema de la puntuación a la hora de formular el resto de su reflexión y sus palabras no acabaron de rematarse. Pero habíase ido Carmena y ella acudió dando pasos firmes hacia Paloma Segrelles hija, moderadora del encuentro, a matizar y dejar claras sus intenciones. Cosas de una coma bien puesta y mal leída, creí escuchar. Dijo que quería corregir a quien leyó sus palabras con educación. Segrelles, que ha heredado de su madre la cara y también la mano izquierda, le dijo que faltaría más.

Es bueno que venga un señor a decirte que el conflicto no es cosa suya y que la sala se llene de gente dispuesta a escucharle. Que nadie le abuchee, que nadie resople cuando dice que en la comunidad que preside no hay conflicto lingüístico y que los que pretenden obtener rédito no se van a salir con la suya.

Que afirme que ya está bien de recetar represión con la cantidad de exiliados que hay luchando por los ideales fuera de su tierra. Y que muchos lo aplaudan al acabar. Y que nadie patalee. Y que esa sala del hotel Eurobuilding no se pareciera en nada a una sesión de control al Gobierno. Y que haya gente como Marisol dedicándole a Aragonès una tarde de enero.

Madrid puede ser una ciudad fría, hostil, engullidora de talentos y de aspirantes a tenerlo. Implacable con los últimos, servil con los primeros. Pero Madrid es la ciudad en la que vive Marisol. Una señora que ha dedicado la tarde de este miércoles a escuchar a quien parece estar en sus antípodas ideológicas; una mujer de esas capaces de templar enero que pregunta, que interpela, y que matiza si con algo no está de acuerdo. Marisol fue con varias amigas a escuchar lo que tenía que decir Pere Aragonès al Club Siglo XXI, donde ella es socia. Más Marisoles necesita Madrid. A ver si me explico.

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