Ayuso 2027 (y una comparación con C. Tangana)
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Ángel Alonso Giménez

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Ayuso 2027 (y una comparación con C. Tangana)

A la presidenta de la Comunidad de Madrid todo le sale bien: se encuentra en estado de gracia. A su campaña exitosa une genialidades como la visita sorprendente a Ángel Gabilondo en el hospital

placeholder Foto: La presidenta en funciones de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. (EFE)
La presidenta en funciones de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. (EFE)

C. Tangana se encuentra en estado de gracia; todo lo que hace es una genialidad. Aparece en un recital de pequeño formato, el 'tiny desk' del grupo de medios estadounidense NPR, y arrasa. A su lado aparecen los Ketama y Kiko Veneno, y su productor en el teclado, y verlo todo y verlos a todos/as te deja boquiabierto. Te puede gustar su música mucho, poco o nada, pero aguantas la mirada y hasta escuchas. Con Isabel Díaz Ayuso, sucede algo parecido.

Se vio el 4-M, cuando recibió más del 45% de los votos y barrió. Dijo la izquierda que si la participación superaba el 70%, el fascismo y la ultraderecha abandonarían el poder en la Comunidad de Madrid. El vuelco pareció factible cuando el último barómetro publicado por el CIS antes de las elecciones (insisto, 'publicado', pues siguió haciéndolos a pesar de la prohibición de su difusión) apuntaba a un 80% de movilización, una barbaridad.

Foto: Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado. (Reuters) Opinión
El ayusazo
Rubén Amón

A las urnas, efectivamente, fueron casi ocho de cada 10 ciudadanos llamados a votar. Antes de que el escrutinio llegara a la mitad, los únicos vuelcos que se atisbaron fueron el hundimiento de Ciudadanos y el varapalo del PSOE. El equipo de Ayuso comenzó entonces a descorchar el champán y a comerse los canapés. Su opción fue la elegida por muchísima gente a quien le pasa con ella lo que suele pasar ahora con C. Tangana: terminas mirando. Y escuchando.

Rebobinar la campaña de la candidata del PP depara momentos sorprendentes. Afirmó lo de los ex en Onda Cero y no pasó nada políticamente relevante. Lo que pasó fue que en las redes sociales proliferaron 'memes' y dosis de humor fascinante. Pero, políticamente, nada de nada. Ayuso, además, surfeó con soltura el momento más crítico de la campaña, la sucesión de cartas con balas y amenazas, incluida una a ella, y en una televisión, en una entrevista más, reflexionó sobre ello y bajó el volumen del escándalo, y tan pichi. Cuando en el debate de la SER saltaron las costuras del tono electoral, ella allí no estaba. Su vida, ese día, consistía en ir a un acto y en ver a gente que no paraba de decirle en la calle cuánto la adoraba.

Foto: Aguirre con un estampado de Ayuso en el cierre de campaña. (Ana Beltrán)

Cuando comenzó la campaña, en este mismo blog, salió a relucir la comparación con una de las estrategias electorales más brillantes en lo que va de siglo XXI en España, la de José Luis Rodríguez Zapatero en 2008. Representó la alegría, la festividad, las ganas de vivir, al contrario que Mariano Rajoy, a quien convirtieron en heraldo de desdichas y desgracias económicas. El desastre llegó, bien que lo pagamos aún, pero su mensaje fue la penumbra y el del candidato del PSOE, la luz. Trece años más tarde, Ayuso ha encarnado esas mismas ganas de vivir y se cuenta que en Chamberí, al paso de un coche con publicidad electoral, gente que pasaba la tarde en las terrazas se levantó a aplaudir. Escenas así este periodista las ha visto: se produjeron no hace mucho con candidatos y líderes que en 2015 representaron una esperanza y una perspectiva. Líderes que en 2021 salieron de la política o están a punto de salir. Ayuso, en cambio, es futuro.

Obrar el milagro

Vamos a rebobinar un poco más. Vayamos a septiembre de 2020, a la Puerta del Sol. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acude a la sede de la Presidencia de la comunidad para negociar con Ayuso una serie de medidas comunes con las que afrontar la pandemia. Acordaron la creación de un comité técnico entre representantes del Ministerio de Sanidad y de la consejería. Salvador Illa estuvo, y también Ignacio Aguado, otros dos que han cambiado de vida. La parafernalia luminosa y tan de banderas con que Sánchez y Ayuso anunciaron las medidas escondía una intención más lúgubre: el presidente quiso elevar a la presidenta madrileña para hundir a Pablo Casado.

La actual estrella del momento en el PP atravesaba entonces una fase de gestión horrenda e incluso despertaba mofas en su partido. El estado de alarma decretado por el Gobierno no ayudó a su imagen, incluso la ensombreció más.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata del PP a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente del partido, Pablo Casado. (EFE)

Pero acabó el estado de alarma a la madrileña, empezó a tirar de antígenos, a defender la apertura de los bares y los restaurantes y a esgrimir el boceto de lo que sería luego la LIBERTAD, así en mayúsculas, y comprobó que a la gente le gustaba. Las encuestas internas, en paralelo, fueron mostrando un grado de apoyo en aumento, y por la sede de Sol palabras como 'mayoría' y 'absoluta' se hicieron frecuentes. La cosa esa diseñada en Murcia, la moción de censura, vaya, motivó el adelanto electoral. Para entonces, la campaña ya la tenía hecha. Los demás, no. Solo Más Madrid entendió el reto.

Así que el 'milagro Ayuso' no comenzó en junio de 2019, cuando se convirtió en presidenta tras un pacto a dos bandas con Ciudadanos y con Vox. Los primeros destellos del milagro relumbraron a finales del año pasado. Han pasado apenas seis meses. En este tiempo, la dirigente del PP de la que se reía hasta su propio partido es ahora amada y venerada, y los exégetas interpretan el futuro antes de acabar de leer su presente.

El salto nacional

Casado estaba la mar de contento en el balcón de Génova, la noche del 4. Llevaba tiempo ese edificio en venta o en alquiler sin engalanarse con tanta fiesta. Desde que Mariano Rajoy ganó las elecciones de junio de 2016, esa esquina del centro de Madrid no veía tantas banderas de España. Había arrasado Ayuso, pero el líder nacional, su amigo, se sentía como si la victoria la hubiera cosechado él mismo.

Foto: Imagen: Laura Martín.

Luego, tras la resaca, en Génova analizaron los resultados. A la victoria se le empezaron a poner algunos 'peros', dos en especial. Dos emociones que riman con miedo. Miedo a Miguel Ángel Rodríguez y miedo a las aspiraciones de la superlíder madrileña.

Según comentan varios dirigentes del PP consultados, es un temor infundado en tanto en cuanto el auge de Ayuso no supone un peligro a corto plazo. La presidenta de la comunidad no va a desplazar a Casado cara a las próximas elecciones generales. Esa responsabilidad la soportará el jefe actual junto a su equipo y la pléyade de ideas nuevas e intelectuales liberales de que se quiere rodear. Casado ha volcado en la convención de otoño algo más que su futuro: la posteridad. Su idea es atrapar el antisanchismo más o menos como ha hecho Ayuso y transformarlo en ilusión, en cambio, en esperanza. Cree el líder del PP que Sánchez va a carbonizarse porque el PSOE perderá los comicios andaluces, los fondos europeos doparán la economía malamente, los datos de empleo serán flojos o negativos y la cuestión territorial va a arder, con Cataluña ya soltando humo.

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Debe cuidarse Casado de tanta euforia, pues, como puntualiza un diputado nacional de un partido de izquierdas, el éxito de Ayuso es un éxito ensalzado por la fatiga pandémica, por la necesidad de 'libertad' tras tantas restricciones. Si a una sociedad le hablas de prohibiciones, de precauciones, de prevención y de miedo durante meses, y tras ese tiempo irrumpe una líder política y cargo público diciendo que ella apostará por la libertad y por disfrutar en los bares, lo lógico es que la voten los del PP, los de Cs y hasta los del PSOE, que más o menos es lo que pasó el 4 de mayo.

¿Pero qué pasará cuando la pandemia acabe? ¿Qué pasará cuando la gente se acostumbre a la libertad, a salir y a disfrutar? ¿Qué pasará cuando la gente recupere la normalidad? Volverán los problemas de la rutina, el dinero que queda a final de mes y la lista de espera para ir al médico, y aquí Ayuso tendrá que hilar más fino. Para cuando llegue ese momento, Pedro Sánchez estará subido a la ola de los fondos europeos, si es que tales fondos hacen ola y no una leve ondulación de agua en una playa levantina. Ese es el riesgo del presidente, pero eso implica otro artículo.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata del PP a la reelección, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Si a Ayuso le sale bien este tiempo hasta las elecciones de 2023 en Madrid, y si le sale bien la fase posterior, seguirá siendo la estrella del momento en el PP. Seguirá brillando tanto que si a Casado la apuesta por la Moncloa le sale mal, su reemplazo podría ser inminente. Y esto, en algunos rincones de Génova, se huele.

Si Casado pierde, la legislatura hipotética 2023-2027 circulará con un Sánchez presidencialista a más no poder, mientras el PP se examina por dentro y por fuera. Ahí estará Ayuso con el bisturí. Todos vigilarán sus movimientos. Quizá de eso se aproveche Juanma Moreno, a quien la experiencia política le dice que si eres discreto, mejor te irá. Así desembarcó en Andalucía, discretamente, en silencio, y así está gobernando, sin gritos ni voces. Discretamente. Y parece que se va acercando a una enorme mayoría.

Mientras tanto, Ayuso prospera a lo C. Tangana. Todo le sale genial. Este jueves, fue a ver a Gabilondo al hospital y contó lo que ni los médicos ni el PSOE contaron, que se encuentra bien y que es un tipo educado al que respeta. Todo esto lo dijo mientras el PSOE de Madrid se despellejaba.

Pura genialidad.

C. Tangana se encuentra en estado de gracia; todo lo que hace es una genialidad. Aparece en un recital de pequeño formato, el 'tiny desk' del grupo de medios estadounidense NPR, y arrasa. A su lado aparecen los Ketama y Kiko Veneno, y su productor en el teclado, y verlo todo y verlos a todos/as te deja boquiabierto. Te puede gustar su música mucho, poco o nada, pero aguantas la mirada y hasta escuchas. Con Isabel Díaz Ayuso, sucede algo parecido.

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