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Regreso al pasado en Lavapiés: Cabestreros, el hotel cápsula y la huella histórica de Madrid
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Miguel Díaz Martín

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Regreso al pasado en Lavapiés: Cabestreros, el hotel cápsula y la huella histórica de Madrid

La paralización temporal del derribo del antiguo edificio del restaurante Baobab, en la calle Cabestreros de Lavapiés, abre una reflexión sobre la conservación de la arquitectura doméstica del siglo XVII

Foto: Foto histórica del hoy Museo de Artes y Tradiciones (UAM)
Foto histórica del hoy Museo de Artes y Tradiciones (UAM)

La paralización temporal del derribo del antiguo edificio del restaurante Baobab, en la calle Cabestreros de Lavapiés, abre una reflexión sobre la conservación de la arquitectura doméstica del siglo XVII y cómo Madrid puede conservar la traza de su historia urbana.

Madrid es una ciudad de capas superpuestas. Cada siglo ha dejado su huella en estratos consecutivos donde unos edificios cuentan nuestra historia monumental mientras otros susurran lo cotidiano: el Madrid de la costumbre, que no destaca por su brillo sino como ciudad vivida. La esquina de Cabestreros 1, en Lavapiés, pertenece a la segunda categoría, la de la arquitectura doméstica de los caserones del siglo XVII necesarios para seguir el hilo argumental de la Villa. Y justó aquí es donde el proyecto de derribar este inmueble -antigua sede del restaurante Baobab- para levantar un moderno hotel cápsula ha hecho estallar la polémica.

Circunstancias personales me han llevado a caminar mucho por Lavapiés. Para los que lo conocen de oídas o de pasada, se trata de uno de los pocos barrios de la ciudad donde es posible regresar al pasado sin maquillajes ni artificios. Esto se ve en sus calles estrechas e irregulares, en las parcelas mil veces fragmentadas y en las icónicas corralas que, por suerte, aún se mantienen en pie. Lugares, en definitiva, de un Madrid que conserva casi intacto su espíritu de pueblo.

placeholder Distribución de los edificios en torno a la Plaza de Nelson Mandela
Distribución de los edificios en torno a la Plaza de Nelson Mandela

¿Qué representa Cabestreros 1 en este mosaico? La arquitectura tradicional del Madrid extramuros, de los arrabales, de lo castizo y la vecindad popular. Eso es lo que defienden, investigación en mano, el concejal socialista Antonio Giraldo y su equipo, quienes levantaron la voz hasta conseguir que el mismo alcalde, José Luis Martínez Almeida detuviese el derribo. Sin embargo, la historia tiene algunos matices.

El entorno de Nelson Mandela

Para empezar, el caserón de Cabestreros había formado parte del paisaje sin llamar la atención de casi nadie hasta el momento, igual que los ‘manolos’ y las ‘manolas’ -los residentes en Lavapiés- se camuflan entre el resto de los madrileños. La esquina ha permanecido, como la plaza donde se ubica, de espaldas a todas las administraciones y a una parte de sus habitantes, abandonada y vandalizada durante años. Para quién no conozca esta parte de Madrid puede ubicarlo por ‘La Quimera’, famoso edificio ocupado durante muchos años al que todavía no se la ha encontrado solución y que forma parte del alzado de la Plaza de Nelson Mandela.

Volviendo a Cabestreros 1, cualquiera puede pensar de primeras que nadie se había fijado en él, pero no es así. Por un lado, Madrid tiene ‘catalogados’ todos los edificios de su centro histórico. Por otro lado, desde el área de Urbanismo del Ayuntamiento aclaran que la Comisión para la Protección del Patrimonio ya lo examinó en el año 2020, autorizando la demolición y la licencia del futuro hotel porque los técnicos establecieron que no había elementos que proteger.

Entendiendo que el nuevo proyecto cumple la normativa y que el planeamiento urbanístico permite seguir adelante con su sustitución, hay que señalar que Cabestreros 1 no pertenece por apenas 5 metros de distancia al Conjunto Histórico Villa de Madrid, Cerca y Arrabal de Felipe II, cuyo límite llega justo hasta la acera de enfrente. Estar dentro de esta zona especial le otorgaría una protección urbanística adicional que impediría su modificación, como le ocurre a algunos de sus edificios vecinos. Dicho esto, es cuestionable que en municipios de la dimensión de Madrid parece inevitable -aunque no debería serlo- que piezas que pueden ser relevantes para el patrimonio pasen bajo el radar público durante décadas.

placeholder Proyecto del hotel cápsula para Cabestreros 1 y 3 (Urbex)
Proyecto del hotel cápsula para Cabestreros 1 y 3 (Urbex)

Esto nos sitúa en el marco real del debate: no estamos ante una infracción ni ante un desmantelamiento por las bravas, sino ante una reflexión sobre si la ley y los recursos actuales son suficientes para identificar y preservar aquello que puede aportar valor a la ciudad. Justo por eso, el Consistorio ha detenido las obras de manera preventiva y ha pedido al área de Patrimonio de la Comunidad de Madrid que revise si el edificio tiene algún valor cultural que deba ser preservado. Veremos entonces si este edificio tiene valor para la Administración -para todos- o no.

Del inmovilismo al desarrollo

Por mi profesión, conozco bien Cabestreros 1. No es la primera vez que un promotor intenta darle un nuevo uso o transformarlo en otra cosa. Su importancia no reside en una singularidad arquitectónica extrema, sino en cómo explica la evolución de las formas de construir y de vivir que ha tenido Madrid. Es una arquitectura sin grandes gestos, de patios, alturas moderadas y pequeños balcones, pero eficaz. Por eso puedo decir, como ya he defendido reiteradamente, que conservar los edificios por conservarlos mientras se deslizan hacia la ruina es un gran absurdo. Otra cosa es mantener la traza urbana de la ciudad, que podamos leer en las calles cómo esta ha evolucionado mientras lo construido adquiere nuevas funciones. Eso es lo que nos da memoria, cultura y herramientas para proyectar el futuro entendiendo el pasado.

Foto: antologia-del-madrid-maltratado-y-todo-lo-que-se-debe-hacer-para-dignificarlo Opinión

La conservación del patrimonio no siempre ha tenido buena prensa en los debates urbanos. A menudo se presenta como un freno o una carga burocrática. Sin embargo, la experiencia demuestra que los edificios con valor patrimonial que se reconvierten aportan nuevas capas esenciales a la ciudad. Ahí están, formando un triángulo casi perfecto con Cabestreros, la icónica biblioteca de las Escuelas Pías – que hoy sale en todos los rankings de joyas escondidas de Madrid- o las corralas de Sombrerete y Tribulete. Sin salir de Lavapiés, tenemos otras dos magníficas corralas en Carlos Arniches y en la calle de la Cabeza, ambas recuperadas con acierto por el Ayuntamiento. La primera es el Museo de Artes y Tradiciones Populares. La segunda es el Centro Municipal de Mayores Antón Martín que aún conserva los sótanos que fueron cárcel de la Inquisición. Si tenéis tiempo, no dejéis de visitar todos estos tesoros, porque son excepcionales.

placeholder Antes y después de la rehabilitación municipal de la corrala de Tribulete y Provisiones. (Ayuntamiento Madrid)
Antes y después de la rehabilitación municipal de la corrala de Tribulete y Provisiones. (Ayuntamiento Madrid)

Esto demuestra que la conservación bien entendida no es un obstáculo, sino un vector de progreso. ¿Qué habría sido de nuestra Villa si hubiera renunciado a algunos de sus fragmentos más frágiles? La muralla islámica, junto a la Catedral de la Almudena que tanto defiendo, fue durante años un resto incómodo, pero hoy es clave para entender de dónde venimos. Lo mismo sucede con la Torre de los Lujanes, que alberga la puerta más antigua de Madrid; o con las antiguas viviendas de estilo industrial de ladrillo que aún quedan en barrios como Prosperidad.

Insisto en que no se trata de nostalgia, sino de seguir sumando significados a la ciudad mientras se generan espacios útiles. Porque un Parque de El Retiro con el acceso vetado acabaría abandonado. Un Palacio Real que no permitiese visitas o perdiese su función, sería un cascarón vacío. Una factoría como la de Clesa de Alejandro de la Sota (Fuencarral), encerrada tras una verja, terminaría hundiéndose. La clave no es conservar por conservar; sino conservar para recuperar y rehabitar, lo que implica quizá cambiar de uso para adaptarlo a las necesidades de nuestro tiempo.

Madrid nunca ha sido un producto de conservación museística, sino una evolución constante. Cabestreros 1 podría inscribirse en esa misma lógica. La paralización de su derribo no es frecuente ni sencilla, pero forma parte de una gestión urbana madura, capaz de modelar inercias cuando el contexto lo aconseja.

placeholder En la parte izquierda, las corralas de Sombrerete y Tribulete. (Ayuntamiento de Madrid)
En la parte izquierda, las corralas de Sombrerete y Tribulete. (Ayuntamiento de Madrid)

También es legítimo preguntarse qué ocurrirá si la Comunidad de Madrid estima que el caserón no es relevante, dando vía libre al hotel cápsula. La solución debe estudiarse con rigor técnico y jurídico, pero tampoco puede convertirse en un argumento para desactivar cualquier plan de reconversión.

Por definición, la protección del patrimonio de todos está por encima de cualquier ‘business plan’ individual, pero insisto en que inmovilizar nunca ha significado conservar mejor. Madrid tiene margen de sobra para pensar y construir un modelo de desarrollo propio en el que cultura e inversión se refuercen mutuamente. Pero esta ciudad, y con ella la Comunidad, sí necesitan un ‘Plan Madrid’. Una hoja de ruta que permita conservar lo característico del lugar que hemos sido, analice lo que somos, y diseñe el futuro en el que podemos llegar a convertirnos. Sin complejos.

El debate sobre Cabestreros 1 añade una etapa nueva al viaje de la capital hacia su futuro, un capítulo necesario para completar su relato. La villa y corte se lee desde sus cimientos y también desde sus tejados, pero conservar no es mirar atrás con nostalgia, sino avanzar con memoria. Y en un barrio como Lavapiés, esa memoria es parte esencial de lo que está por venir.

La paralización temporal del derribo del antiguo edificio del restaurante Baobab, en la calle Cabestreros de Lavapiés, abre una reflexión sobre la conservación de la arquitectura doméstica del siglo XVII y cómo Madrid puede conservar la traza de su historia urbana.

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