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Por qué Pablo Iglesias no nos puede dar lecciones
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Pilar Gómez

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Por qué Pablo Iglesias no nos puede dar lecciones

Para llegar a la política, la deslegitimó. Ahora quiere ser un comunicador de referencia, pero busca serlo masacrando al adversario. Pablo, el camino en un caso y en otro es el trabajo

Foto: El exlíder de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE/Juanjo Martín)
El exlíder de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE/Juanjo Martín)
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A ser periodista se aprende en las redacciones. Son un biotopo particular. Ahora, con el teletrabajo, han perdido mucho de su esencia. Con los compañeros se llora, se ríe, se discute y se crece. Un profesor de la Complutense me dijo que no hay nada comparable a cuando por primera vez te publican una crónica y sales con el periódico del día siguiente bajo el brazo. Tenía razón. Es algo emocionante, aunque en mi caso era una información en la edición de autonomías. Hay un importante componente físico. El periodismo es pura adrenalina. Cuando se busca una historia, se encuentra y se publica, es raro el compañero que duerme a pierna suelta esa noche. Siempre estás en alerta.

En estos años, he conocido a muchos periodistas. Los hay con quien tengo más o menos sintonía. Con algunos me he encontrado en diferentes momentos estando en la cima y en los infiernos. Kilómetros y kilómetros apiñados en un coche para ir a una tertulia, horas esperando a que salga una información, madres acostando a sus hijos o haciendo los deberes por teléfono antes del cierre, noches electorales de infarto. Y, luego, mención aparte, para aquellos que se han jugado la vida y, por desgracia, la han perdido en guerras, denunciando mafias o a manos de los terroristas de ETA. Respeto a todos ellos y me niego a que Pablo Iglesias nos dé lecciones de nada. Levantemos la voz porque con errores o aciertos nos dejamos la piel en nuestro trabajo.

Foto: hemeroteca-buitre-redes-iglesias-cortar-cabeza-ferreras-lasexta

Por primera vez, ayer vi una de las pseudotertulias de 'La base'. El exlíder de Podemos rodeado de camaradas que suscriben cada una de sus intervenciones. Pensamiento único en vena. Iglesias nunca ha ocultado que quería trabajar en los medios e incluso controlarlos. Quizás ahora no recuerde cuando decía: "A mí dame los telediarios, que valen más que la Consejería de Turismo". Toda una declaración de intenciones. Ahora se dedica a exigir dimisiones, calumniar a la gente e intentar convertir su plataforma en el referente de la izquierda mediante la descalificación del adversario. Es legítimo querer ser un comunicador de referencia, pero lo honesto es trabajar para conseguirlo.

Todos aquellos que hoy son vilipendiados le han echado muchas horas a este oficio. Me temo que a Iglesias le ocurre con esta nueva ocupación lo que le pasó con la política. Asaltar el cielo era demasiado cansado. Los políticos, como los periodistas, están muy denostados. Han hecho sus méritos, como nosotros, pero son la palanca del cambio de las sociedades. A Pablo (me permito tutearle porque él se permitió guiñarme un ojo), los referentes de la Transición le parecen, como casi todo, "cloaca". Esos padres del "régimen del 78" que nos dieron a los españoles una Constitución y años de desarrollo para salir del túnel de la dictadura. La derecha y la izquierda trabajaron en consensos para lograr una sociedad de bienestar en la que hay una democracia sólida. Prueba de ello es que Podemos logró llegar de las plazas a las instituciones.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Chema Moya) Opinión

Iglesias ha tenido en su mano, desde un cargo como el de vicepresidente, contribuir con sus acciones a que este país fuera mejor o, al menos, lo que él desde su doctrina política consideraba mejor. Para eso le votaron millones de españoles. Objetivamente, su legado no será histórico. Sus promesas se quedaron en eslóganes electorales. Cuando dejó la Moncloa, alguien que había trabajado codo con codo con él me contó con extrañeza que era el único miembro del Consejo de Ministros que no había ejecutado los fondos de su departamento. Seguramente, no encontraba qué hacer con el dinero. Gestionar es harto complicado y gestionar bien mucho más. Se aprende a base de experiencia, como casi todo.

Ser político no es solo ponerse una chaqueta, como ser periodista no es solo ponderar delante de un micrófono. Los ciudadanos lo saben y ellos son los que deciden con votos y audiencias. A Iglesias de la política le echaron aquellos que dejaron de confiar en él, que se sintieron decepcionados y que no reconocían a aquel chico de los inicios. Él mismo se sometió a una cuestión de confianza al presentarse como candidato a la Comunidad de Madrid. El resultado fue un varapalo sin precedentes. Ahora ha probado con su vocación fallida, pero va por el mismo camino. Deslegitimó a los políticos y ahora a los periodistas. Ha vuelto a caer en las malas praxis que denuncia. Véase lo que ocurrió con la casa de Galapagar. Iglesias no era un político y no es un periodista. Le sobra soberbia y le falta oficio.

A ser periodista se aprende en las redacciones. Son un biotopo particular. Ahora, con el teletrabajo, han perdido mucho de su esencia. Con los compañeros se llora, se ríe, se discute y se crece. Un profesor de la Complutense me dijo que no hay nada comparable a cuando por primera vez te publican una crónica y sales con el periódico del día siguiente bajo el brazo. Tenía razón. Es algo emocionante, aunque en mi caso era una información en la edición de autonomías. Hay un importante componente físico. El periodismo es pura adrenalina. Cuando se busca una historia, se encuentra y se publica, es raro el compañero que duerme a pierna suelta esa noche. Siempre estás en alerta.

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