La pelea entre PP y Vox (y, de fondo, el giro lepenista de Abascal)

La formación de Abascal está apelando a los trabajadores con frecuencia en los últimos días, como si hubiera decidido cambiar de estrategia. Pero las circunstancias son otras

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal. (EFE)
El líder de Vox, Santiago Abascal. (EFE)
Adelantado en

El Partido Popular está en un momento bajo, atrapado entre sus ilusiones y su ceguera estratégica. Ciudadanos está recuperando terreno gracias a que atrae a un tipo de elector más moderado, y el partido de Abascal sigue creciendo en las encuestas, lo que somete a los populares a una doble presión que, de momento, beneficia a los de Abascal. Espinosa de los Monteros añadía leña al fuego en un tuit significativo, en el que aseguraba que mientras “Vox estaba preocupado por defender Madrid, salvaguardar las instituciones, frenar al comunismo y al separatismo e intentar cambiar de Gobierno”, el PP estaba obsesionado solo con ellos. Y se preguntaba, como cierre: “Qué no les estarán diciendo las encuestas para que defiendan más a Sánchez que a Ayuso”.

La moción de censura de Vox está en el fondo de este asunto, ya que es una maniobra que obliga al PP a posicionarse entre su rival de gobierno, el PSOE, y el de su sector ideológico, Vox, y conduce a una encrucijada que tiene una salida complicada. Los encuestadores entienden, además, que los próximos tiempos pueden favorecer el ascenso de los de Abascal, por el momento desinstitucionalizador y por el posible giro lepenista que les permitirá recoger el descontento existente en los barrios obreros de toda España, que están viviendo momentos difíciles. La crisis social preocupa, pero también es vista como fuente de oportunidad a la hora de nutrir fuerzas políticas, y muchos expertos creen que Vox parte con ventaja en ese sentido.

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, y el líder de Vox, Santiago Abascal. (EFE)
El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, y el líder de Vox, Santiago Abascal. (EFE)

Las dificultades para el giro

Sin embargo, hay muchos elementos, tanto ideológicos como estructurales, que hacen difícil que ese giro lepenista se produzca, y si se intenta, que tenga arraigo. Hay circunstancias internas en el partido de Abascal, como son el origen de sus dirigentes, sus vínculos ideológicos con el aznarismo y su posición neoliberal en lo económico, que dificultan ese propósito, y de una manera no menor. Sus recetas para ayudar a las clases con menos recursos, que son la bajada de impuestos, la reducción de cargos públicos y la protección frente a los inmigrantes, no suenan demasiado convincentes. Pueden tener recorrido entre grupos de autónomos y de pequeños comerciantes, y en algunos sectores desfavorecidos, pero todos ellos simpatizaban con la derecha. No hay nada en ellas que les haga sumar otros espacios políticos.

El llamado giro lepenista ha sido posible en países internacionalmente fuertes, como EEUU, Francia o Reino Unido, y España dista mucho de serlo

Pero más allá de estos elementos, que podrían variar en el futuro, hay otros aspectos relevantes que no suelen tomarse en consideración. Las dificultades estructurales para emitir una promesa creíble de giro proteccionista en España son enormes. Trump podía asegurar que las fábricas volverían y que conseguiría que otros países dejaran de llevarse los empleos que EEUU deslocalizaba. Sin tomar en consideración lo que ha hecho después, que es otro asunto, la promesa podía calar porque las circunstancias y el poder de su país permitían visos de credibilidad. El llamado giro lepenista ha sido posible en países fuertes, como Francia, Reino Unido o Italia (especialmente en el norte), donde los líderes de la derecha populista podían encontrar ecos entre las clases trabajadoras y entre los sectores industriales. Las poblaciones rurales francesas, por ejemplo, son mucho más fuertes económicamente que las españolas, por lo que un mensaje de defensa de lo nacional puede calar mucho mejor que en una España ligada al turismo y los servicios. Los británicos podían aspirar a recuperar el control porque cuentan con bazas que hacer valer en un entorno global.

Las promesas proteccionistas

España, más que fábricas deslocalizadas, que también, lo que tiene son fábricas cerradas. Hemos vendido casi todo lo que teníamos, de modo que para aspirar a un cierre proteccionista, lo primero que tendríamos que hacer es tener algo que proteger, y poner en pie una industria y una economía propias que no existen. Con esa carencia, y muy endeudados, las promesas proteccionistas encuentran muchas dificultades para ser creídas de verdad.

Por eso la derecha española ofrece una fórmula a la polaca, con un giro identitario, religioso y nacionalista, que puede ofrecer rentas sociales, ligada a la defensa de la familia y de la natalidad, pero poco más.

Eso es Vox, y es complicado que cambie el paso, y no solo por la mentalidad dominante en el partido, sino porque sufre el problema político típico en España, donde las efervescencias en unos territorios se pagan en otros. Esto es muy claro en el nacionalismo: lo que hace subir en unas zonas de España perjudica electoralmente en otras.

El giro lepenista de Vox es como el giro patriótico de Podemos: creen que basta con repetirlo mucho para hacerlo realidad

El giro social de Vox, al menos en un plano teórico, permitiría romper esa línea divisoria y ganar clases medias empobrecidas y clases trabajadoras de aquí y de allá. Vox lo está intentando y ha aumentado mucho sus referencias a las manos callosas, a los trabajadores, a unas élites a las que no les importa la gente normal, y ha creado un sindicato de partido. Pero no basta con mencionarlo. En este sentido, el giro lepenista de Vox es como el giro patriótico de Podemos. Creen que con repetirlo en muchas ocasiones basta para hacerlo realidad, como si las palabras tuvieran efectos mágicos. Del mismo modo que Podemos pronunciaba con insistencia la palabra 'patria', Vox lo hace con 'trabajador', y supongo que el resultado último será similar: nulo.

La pelea en la derecha

Tejer opciones políticas transversales no consiste en poner en marcha mecanismos comunicativos, sino en tener proyectos que sostengan esas afirmaciones. Si se asegura una cosa y se hace la contraria, las pretensiones y la realidad van a chocar. Usar tanto estos términos los convierte en significantes vacíos, pero no de significado, sino de personas que los crean.

El crecimiento de Vox pasa por seguir ganando terreno al PP, no por su improbable giro lepenista, y en esa tarea se está aplicando. Es la pelea por convertirse en el primer partido de la derecha, pero también por sustituir la derecha española por la derecha populista europea.

Postpolítica
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
11 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios