Cómo confesar un abuso sexual y echarle la culpa al Gobierno
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Marta García Aller

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Cómo confesar un abuso sexual y echarle la culpa al Gobierno

Lejos de ser un tabú, el machismo se ha convertido paradójicamente en un reclamo para conseguir seguidores entre los 'influencers'

placeholder Foto: La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE)
La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE)

Cunde la idea de que en este país ya no se puede decir nada. No se puede opinar, qué digo opinar, a duras penas respiran algunos entre tanta autocensura. Ay del que haga un chiste pasándose de la raya, ¿verdad? Y mientras buena parte de los adultos se lamenta del ‘yanosepuededecirnadismo’, los 'youtubers' más populares entre los adolescentes hacen caja con sus provocaciones. Lejos de ser un tabú, el machismo se ha convertido paradójicamente en un reclamo para conseguir seguidores en las nuevas plataformas.

Un joven con 27 millones de seguidores en TikTok (y siete en Instagram) hablaba esta semana en internet con una tranquilidad pasmosa de cómo engaña a las chicas con las que tiene relaciones sexuales para quitarse el condón sin su consentimiento. Ese chaval de 19 años, cuyo nombre a usted no le sonará, es popular entre niños y niñas entre 11 y 16 años. Haga la prueba en casa. Hija, ¿conoces a Naim Darrechi? Claro. Con suerte le parecerá un imbécil, pero lo conocerá. Seguramente también sepa que la ha liado parda esta semana. Ha sido durante una entrevista en el programa de Mostopapi. ¿Y quién es Mostopapi? Otro famoso 'youtuber', muy seguido por los adolescentes, que para más señas hace poco sorteaba entre sus seguidores “una cita con tu actriz porno favorita”. Tras cada polémica, suman unos cuantos miles de seguidores más. Consúltele sobre esta fauna al adolescente que tenga más a mano, seguro que podrá darle más detalles que los que nos hemos enterado por los periódicos.

Darrechi, en el mismo tono de niñato fanfarrón que le ayuda a sumar 10.000 seguidores nuevos por semana, presumía en esa entrevista de nunca utilizar condón y mentir a las chicas para eyacular dentro sin permiso. Todo esto, entre risas, y para una audiencia potencial de millones de seguidores menores de edad. Quitarse el preservativo sin avisar es, por lo visto, una práctica cada vez más popular entre los jóvenes. En inglés, hasta le han puesto nombre. Lo llaman 'stealthing', que significa 'sigiloso', aunque mejor sería traducirlo como cabronada. Y quitarse el condón durante el sexo a pesar de haber acordado usarlo, además de una cabronada, resulta que es delito. Hasta que no lo vi desde los ojos de la protagonista de ‘Podría destruirte’, una exitosa serie de HBO, reconozco que ni siquiera me lo había planteado.

En España, con la actual legislación, el Código Penal considera esto un abuso sexual por ser una "modificación unilateral y clandestina de las condiciones en que se había prestado el consentimiento". El año pasado, un tribunal sevillano condenó a un hombre de 37 años a cuatro años de cárcel por abuso sexual y otros seis meses por un delito de lesiones, por contagiar a su pareja una enfermedad sexual al no ponerse el preservativo, tal y como los dos habían acordado previamente. Con la nueva legislación que prepara el Ministerio de Igualdad, pasará de abuso a ser agresión, como la propia ministra de Igualdad ha recordado en Twitter, al anunciar que ha llevado a la Fiscalía las declaraciones de Darrechi. También el Govern balear se querellará contra él.

Foto: Irene Montero llevará a la Fiscalía los comentarios del 'tiktoker' Naim Darrechi. Foto: Efe

El 'tiktoker' más seguido de España ha creado mucho revuelo con estas confesiones, de las que luego se ha retractado. Una vez que ha descubierto que lo que estaba confesando, además de polémico, era delito, ha dicho que todo era mentira, que él no hace eso y solo lo dijo para llamar la atención. Luego, en otro vídeo de Instagram más delirante aún, le echa las culpas al Gobierno de España. Y, mira, no. Al Gobierno se le podrán pedir responsabilidades por muchas cosas. Pero las eyaculaciones son responsabilidad de cada uno. Y las no consentidas y en cuerpo ajeno son, además, cosa de la Justicia.

Darrechi culpa al Gobierno de dejar que los 'influencers' como él vayan por ahí diciendo lo que quieran sin someterse a regulación alguna, como tienen los medios tradicionales. Hasta ha reclamado una especie de comité asesor que los vigile. Hasta él mismo se extraña de poder ir diciendo cualquier barbaridad a sus casi 27 millones de seguidores. Pues así es. Nadie vigila a los 'influencers'. Ni los padres. Y, a no ser que la líen muy parda, ni siquiera trasciende. Solo los monitorean en serio las marcas, interesadas en saber cuáles de ellos atraen más atención para luego pedirles que promocionen sus productos.

Foto: Jordi Torras y Xavi Robles, al poco tiempo de crear Vizz Agency. (Cedida)

La investigadora Marina Pibernat, de la Universidade da Coruña, ha estudiado el uso del humor sexista en los 'youtubers' y llega a la conclusión de que no solo no está penalizado, sino que constituye un gancho para ganar más seguidores. Algunos de los 'youtubers' más seguidos en español, como elRubius y Wismichu, de los que han aprendido las nuevas generaciones como Darrechi, empezaron hace una década a ganar popularidad incluyendo en sus primeros vídeos bromas sexistas como mandar “a fregar” a los personajes femeninos de los videojuegos o pidiendo una felación a las jugadoras (humanas) contra las que competían. A las críticas que recibían por machistas, respondían con más vídeos defendiéndose de estas acusaciones y creando nuevas polémicas que iban a su vez atrayendo más seguidores. Y cuantos más seguidores, más interés de las marcas que los pagan. Ahora, son millonarios que tributan en Andorra.

Una cosa es perpetrar un chiste machista y otra un delito de abuso sexual y presumir de ello. Lo que ambas cosas tienen en común en los vídeos de 'influencers', sin embargo, es que buena parte de su audiencia preadolescente carece de madurez para entender la diferencia. El caso de Darrechi tal vez sea de los más extremos, porque no es fácil encontrar alguien tan tonto como para confesar un delito semejante, aun queriendo hacer gracia (y a su entrevistador, Mostopapi, se la hizo). Lo dijera en serio o en broma, eso lo investigará la Justicia, las risas indolentes con las que Darrechi comentaba su desprecio al consentimiento en las relaciones dan pistas de que el machismo no es algo aislado en estas redes. Para muchos, es un reclamo más.

Así que convendría acordarse de Darrechi cuando vuelva a debatirse sobre la educación sexual en las escuelas. El riesgo de censurar la educación sexual, o desentenderse de ella, en un momento en que los niños y adolescentes consumen de forma masiva desinformación de este calibre, debería ser evidente. Más factible que impedir que los críos vean vídeos en las redes sociales sería darles información suficiente para que en seguida identifiquen a los cantamañanas. El problema entonces no está en que sus hijos sepan quién es Darrechi, sino en si les parece normal lo que dice.

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