El peligroso experimento de Sánchez con el covid
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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El peligroso experimento de Sánchez con el covid

Cuando Sánchez empezó su cuenta atrás de los 100 días para la inmunidad de grupo, no avisó de que se iba a lograr dejando circular el virus como una ruleta rusa entre los jóvenes

placeholder Foto: Una joven accede a un centro de vacunación en Madrid. (EFE)
Una joven accede a un centro de vacunación en Madrid. (EFE)

Cuando el 10 de mayo Sánchez empezó su arriesgada cuenta atrás de los 100 días para llegar a la inmunidad de grupo frente al covid, no nos avisó de que buena parte de ella se iba a lograr dejando circular el coronavirus libremente como una ruleta rusa entre los jóvenes. Como el virus siga propagándose a este ritmo entre los menores de 29, no sabemos si quedará alguno por infectarse para cuando les llegue el turno de vacunación.

La quinta ola del virus se está acelerando y la incidencia acumulada está en la cota más alta desde febrero. Aunque aún no repunta la mortalidad (29 fallecidos en los últimos siete días), el covid-19 amenaza con saturar de nuevo los hospitales de algunas comunidades autónomas, que ya están retrasando cirugías y están recibiendo decenas de jóvenes en la UCI. Algunas están retrocediendo en la desescalada, con nuevos toques de queda y cierre del ocio nocturno. Los rebrotes también están haciendo temblar el sector turístico, que, tras el optimismo de mayo y las prisas de junio, está resignándose a que julio se llene de cancelaciones porque España está de nuevo en riesgo extremo y lidera la explosión de contagios en la UE.

Foto: Jóvenes desalojados de la Barceloneta tras el fin del estado de alarma. (EFE)

Así andamos cuando solo faltan 35 para que se cumpla aquel plazo de 100 días que fijó Pedro Sánchez para dar por vencido al virus (otra vez). Hace tiempo que no sale a recordárnoslo. Será porque de la pandemia solo habla cuando toca dar buenas noticias, y con 43.960 contagios en 24 horas no hay mucho que celebrar. O tal vez porque quien le aconsejó descontar los días hasta llegar a la inmunidad en agosto no ha sobrevivido en Moncloa su propia cuenta atrás.

El Gobierno ha cambiado. Y por positivos que sean los mensajes que se proponen lanzar desde el nuevo Consejo de Ministros, el coronavirus, sin embargo, sigue aquí. Más que un cambio de caras, lo realmente renovador sería ver al presidente Sánchez salir, como ha hecho el primer ministro de Países Bajos, a pedir disculpas por precipitarse demasiado en la última desescalada. Mark Rutte ha reconocido “el error de cálculo” al eliminar restricciones demasiado pronto y reabrir discotecas, cuando su principal clientela seguía sin vacunar, subestimando la variante delta.

Si la relajación hace unas semanas de las medidas de prevención, así como el fin del toque de queda y la reapertura del ocio nocturno, no han tenido el efecto deseado, el Gobierno debería entonces asumir su responsabilidad, en vez de echársela a los jóvenes. Si, por el contrario, una explosión de contagios como la actual entraba dentro de lo previsto y, como insiste la ministra Darias, la métrica de contagios no es tan preocupante como parece porque no va ligada a un aumento de la mortalidad, debería entonces reconocerse que se está exponiendo deliberadamente a los jóvenes, los menos inmunizados, a un arriesgado experimento.

Foto: La recomendación de vacunación si has pasado el covid-19 (EFE)

Lo malo es que esto de relativizar la importancia del virus porque solo afecta a los jóvenes recuerda demasiado a aquellos aciagos días, antes de que el coronavirus tuviera siquiera nombre, en que se decía que no había de qué preocuparse porque era una enfermedad que solo afectaba a los viejos. ¿Cómo que solo? Año y medio y ocho decenas de miles de muertos después, no podemos descartar que sigamos subestimándolo.

La mayoría de los jóvenes son asintomáticos, sí, pero no están exentos de riesgos al contraer y propagar la infección. Algunos acaban en la UCI y además aún no está claro hasta qué punto pueden afectarles en el largo plazo las patologías derivadas del covid persistente, que puede presentar lesiones neurológicas y de fatiga a largo plazo, y que está mucho más estudiado en los mayores. Además, las personas a medio vacunar o especialmente vulnerables también están en mayor riesgo de sufrir complicaciones. Por eso, lo que está haciendo el Gobierno es un experimento. Está dejando circular el virus sin que esté claro cuál va a ser la consecuencia entre los jóvenes, y en el resto de la población, de que los contagios superen en su franja de edad los 1.000 casos por 100.000 habitantes.

No es España el único país en el que ha pasado algo así. Sí en el que más razones hay para pedirle responsabilidades al Gobierno porque, a diferencia de países vecinos como Francia o Alemania, en España los jóvenes sí están abrumadoramente a favor de vacunarse. Es decir, si se están contagiando no es porque no hayan querido vacunarse, sino porque el país ha eliminado la mayoría de cortafuegos para el virus cuando ellos aún no habían podido protegerse.

Foto: Entrada del Hospital Enfermera Isabel Zendal. (S.M)

Insistir como hace Darias en que ya tenemos la mitad de la población vacunada es contar solo la mitad de la historia. La otra mitad de la historia, y de la población, está sin inmunizar, con el virus en cotas de riesgo extremo por la variante delta, más contagiosa y dañina que las anteriores. Y, mientras el contagio aumenta exponencialmente, el Gobierno se limita a confiar en la vacuna, en la responsabilidad individual y en el criterio dispar de comunidades autónomas con una cobertura jurídica confusa. Facilitar la venta de autotest en farmacias es, de momento, lo más parecido a una rectificación.

La estrategia correcta con la población a medio vacunar es verdad que no está clara. En Inglaterra, el Gobierno de Boris Johnson ha levantado las restricciones con un nivel de inmunidad de la población similar al español. Un 52% de los británicos tiene la pauta completa. Los epidemiólogos le acusan de irresponsable, porque corre el riesgo de que en seis semanas haya 200.000 contagios más y puedan surgir nuevas cepas. En Francia, Macron está haciendo todo lo contrario. Con una tasa de infecciones inferior a la española, ha decretado el cierre del ocio nocturno en todo el país y solo los vacunados podrán entrar en lugares de ocio. Las empresas afectadas le acusan de arruinar sus negocios.

La inglesa y la francesa son dos estrategias opuestas, pero tienen algo en común: han dejado clara cuál es y sus gobiernos asumen el riesgo. Lo peor de la estrategia del Gobierno de Sánchez es que aún no sabemos cuál es, salvo esperar a que la vacunación avance mientras la población sin vacunar continúa expuesta a una tasa de contagios desbocada. Normal que ahora la cuenta atrás de los 100 días la lleve por lo bajini. Y cruzando los dedos.

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