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De Ábalos a Marlaska: la vieja excusa de no saber dónde empieza España
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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De Ábalos a Marlaska: la vieja excusa de no saber dónde empieza España

Lo menos que se le puede pedir a un ministro del Interior es que aclare qué significa Interior y qué significa Exterior, en vez de refugiarse en la confusión

Foto: El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. (EFE/Fernando Villar)
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. (EFE/Fernando Villar)
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La de Grande-Marlaska no es la primera vez que un ministro se excusa en la confusión de dónde empieza y dónde termina España. No es la primera y, por si le sirve de referencia al ministro del Interior, el anterior que probó esa estrategia acabó siendo exministro. Fue José Luis Ábalos el primero que para excusar aquel extraño encuentro con Delcy Rodríguez alegó que España no empezaba exactamente en la pista del aeropuerto de Barajas. Que la vicepresidenta venezolana, que tenía prohibida la entrada en la UE por vulneración de derechos humanos, se pasease por la pista de Barajas no era un problema, decía entonces el Gobierno, porque no consideraba que aquello fuera pisar suelo español.

Ese argumento de que un ministro no tiene responsabilidad en una metedura de pata porque por mucho que nos parezca que algo está pasando en territorio español, incluso aunque haya grabaciones que lo prueben, no es del todo España, es arriesgado. Como el cruci que se inventan los niños para crear un lugar imaginario a salvo del pillapilla, también requiere mucha imaginación y no poca complicidad. Sin embargo, la tragedia del 24 de junio en la valla de Melilla no es ningún juego, sino una posible vulneración de derechos humanos que le ha costado la vida a decenas de personas. Imaginarlo duele. O debería. Desentenderse de ello, más todavía.

"La tragedia del 24 es una posible vulneración de DDHH que le ha costado la vida a decenas de personas. Imaginarlo duele. O debería"

De ahí que sea tan arriesgado que Grande-Marlaska crea haber encontrado refugio argumental en la confusión de dónde empieza y dónde termina España para la tragedia de la valla de Melilla. Para Marlaska la masacre de decenas de personas en la frontera con Marruecos de hace cinco meses tuvo lugar en Tierra de Nadie, así la llamó cuando compareció hace unas semanas para dar explicaciones en el Congreso. Como si tal cosa, un territorio sin jurisdicción, existiera todavía en las fronteras europeas del siglo XXI. Como si la BBC no hubiera encontrado vídeos que prueban que había cadáveres en la zona en la que la Guardia Civil le explicó a uno de los reporteros que se consideraba suelo español.

A aquel trágico episodio que tuvo lugar en junio, el presidente Sánchez lo calificó de "bien resuelto". Sin embargo, resuelto sigue sin estar. Marruecos reconoce 23 fallecidos. La ONU contó al menos 37. La BBC calcula más de 70. Y si ni siquiera sabemos cuántos muertos hubo exactamente, cómo va a estar resuelto lo que pasó. El Gobierno maneja la versión de Marruecos, que no tiene precisamente los mismos estándares en derechos humanos y no considera que haga falta ninguna comisión de investigación. Pero cómo vamos entonces a creernos que el Gobierno sabe exactamente qué pasó, y que España no tiene responsabilidades en aquellas muertes, si ni siquiera sabemos cuántas son.

Foto: El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. (EFE/Javier Lizón)

La versión oficial del Gobierno es que ya ha aportado todas las grabaciones y Marlaska reitera que "ningún hecho trágico aconteció en suelo español". No niega la tragedia, niega que le incumba. Para saber si lo que dice el ministro del Interior es cierto o si ha mentido en sus explicaciones, tal y como indica el documental de la BBC, habría que saber dónde empieza y dónde termina el territorio español. Es crucial también para la Fiscalía, que tiene hasta diciembre para determinar las responsabilidades de las autoridades españolas.

Marlaska se refiere por Tierra de Nadie a la zona que rodea la valla de Melilla donde actúan las autoridades españolas y marroquíes. Según explica en este periódico Alejandro Requeijo, varios parlamentarios afirman que la zona en cuestión pertenece legalmente a Melilla. Una cosa es que sea una zona de actuación conjunta para las autoridades marroquíes y españolas y otra que no sea de nadie.

Lo menos que se le puede pedir a un ministro del Interior es que sepa qué significa Interior y qué significa Exterior y, si hay dudas, se dedique a aclararlas en vez de refugiarse en la confusión. Por más que el Gobierno no quiera ninguna comisión de investigación, y ya que no aparecen más vídeos, bien podrían al menos aclarar el catastro. Puede faltar por aclarar si los muertos fueron o no al otro lado de la frontera y qué trato recibieron. En ello está la Fiscalía. En este caso, sin embargo, lo más revelador ya está claro. Al Gobierno esas vidas no le han importado lo suficiente ni para pararse a contarlas.

La de Grande-Marlaska no es la primera vez que un ministro se excusa en la confusión de dónde empieza y dónde termina España. No es la primera y, por si le sirve de referencia al ministro del Interior, el anterior que probó esa estrategia acabó siendo exministro. Fue José Luis Ábalos el primero que para excusar aquel extraño encuentro con Delcy Rodríguez alegó que España no empezaba exactamente en la pista del aeropuerto de Barajas. Que la vicepresidenta venezolana, que tenía prohibida la entrada en la UE por vulneración de derechos humanos, se pasease por la pista de Barajas no era un problema, decía entonces el Gobierno, porque no consideraba que aquello fuera pisar suelo español.

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