Nada nuevo bajo el sol

Un "mapa del imperio" del tamaño del imperio es un mapa totalmente inútil, por más detalle que le queramos dar

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Termina el verano y todo sigue igual. De mal o de bien, dependiendo de cómo le guste a cada uno mirar a la botella. Han pasado cosas que ya habían pasado y que siguen y seguirán pasando. Nos han preocupado otra vez la guerra comercial, las tarifas, los tuits de Trump, Boris Johnson y el Brexit sin acuerdo, Salvini en Italia, la recesión en Alemania, que se invierta la curva de tipos en Estados Unidos… Y, a la vez, casi todas estas cosas han dejado también de preocuparnos en la medida que unas narrativas se han ido imponiendo a otras narrativas.

Al final, el resultado numérico para los activos financieros y para los índices ha sido un verano plano, lo cual no corresponde demasiado bien con los titulares con los que hemos estado desayunando todas las mañanas.

“Lo que es, eso será y lo que se hizo, eso se hará”, dice el Eclesiastés, uno de los más antiguos libros de autoayuda que se conocen. Ya entonces el principal problema que afligía al ser humano era la incertidumbre respecto al futuro y la búsqueda de sentido y lo que nos recomienda el autor es que no nos creamos tan especiales. Las cosas se estropean y se arreglan, probablemente, para volver a estropearse después, y sería complicado decidir si su estado natural es que estén bien o que estén estropeadas.

Metidos de lleno en la crisis general (política y sociológica) que ha seguido en occidente a la crisis financiera, seguimos intentando saber qué pasa. Contar con más información de la que ha existido nunca no nos ayuda como ya nos prevenía Jorge Luis Borges. Un "mapa del imperio" del tamaño del imperio es un mapa totalmente inútil, por más detalle que le queramos dar, y solamente la capacidad de síntesis y la elaboración de teorías correctas puede servirnos para algo. Pero para incorporar una nueva teoría es necesario renunciar a las creencias pasadas y esto es algo muy complicado, aunque se confirme todos los días que esa forma de pensar ya no funciona.

Un "mapa del imperio" del tamaño del imperio es un mapa totalmente inútil, por más detalle que le queramos dar

El mundo está "mal, como siempre", o no tan mal, también como siempre, probablemente, porque esta es su condición y en este entorno es en el que tenemos que seguir viviendo y tomando decisiones. En Occidente, estamos asistiendo a un "stress test" histórico, en el que nuestro sistema, la democracia con libertades, se enfrenta a sí mismo. Asistimos atónitos a la pugna generalizada entre el poder de los gobiernos contra el poder de los parlamentos y de las instituciones creadas precisamente para limitar esos poderes. Sabemos muy bien que las sociedades se equivocan y que un tirano puede acceder al poder democráticamente, y que, por ello, no dejará de ser igual de peligroso. Mi apuesta es que al final ganaran las instituciones al populismo de los caudillos autoproclamados como instrumento de interpretación de la voz del pueblo, pero en el camino veremos cosas sorprendentes.

Jonathan Haidt nos cuenta en su libro 'La mente de los justos' que los seres humanos contamos con un mecanismo social que nos hace rechazar al macho alfa que amenaza nuestras libertades y pone como ejemplo el emblema que hizo suyo el Estado de Virginia, en el que se ve a la Justicia pisándole el cuello a un tirano con la leyenda de "Sic semper tyrannis" (Así siempre los tiranos). Pero, aunque al final las instituciones se impongan, también sabemos que para reaccionar nos hace falta estar muy al borde del abismo.

Todo esto está muy bien, pero, y ahora ¿qué hago? Pues yo recomendaría dos cosas. La primera es asumir que el mundo es como es y, aunque debemos esperar que mejore, que lo haga no va a depender solo de nosotros. Mi recomendación es alinearse a favor de las instituciones y que no se deje influir por quien le prometa paraísos a cambio de su libertad. Vivir tiene un cierto componente crónico y la incertidumbre es nuestra condición de posibilidad. Ya sabe que todo lo bueno o tiene riesgo o engorda.

La segunda es que se atreva. Que no espere a que todo esté bien. Como dice el Eclesiastés, "quien solamente observa los vientos, nunca siembra, y el que mira las nubes, nunca siega”. El miedo paraliza y el no arriesgar acaba siendo una metáfora de no vivir. De cara a sus inversiones, recuerde que podemos tener “buenas noticias o buenos precios”, pero no debemos esperar que se produzcan las dos cosas al mismo tiempo.

Es curioso que hace más de 2.500 años alguien ya criticara a los que también en ese momento ya pensaban que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. ¿Qué tipo de crisis podían estar viviendo?, ¿no habrá sido al revés?, ¿será el bienestar el germen del desencanto?

Desnudo de certezas
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