El valor atrapado en las cotizadas

Analizar si los intereses de los directivos están en la práctica bien alineados con los de los accionistas y si el capital controla a los directivos es fundamental para cualquier inversor

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"De poco sirve tener una nómina muy alta si al final de mes nunca te pagan"

Imagine que un amigo le pide dinero a usted y a otros muchos para montar un negocio. Usted analiza el proyecto empresarial, considera que tiene sentido e invierte en él. Decide entregar parte de sus ahorros a cambio de tener el derecho a participar en los beneficios futuros.

Afortunadamente la empresa va bien y en unos años está generando muchos beneficios, pero usted recibe una parte muy pequeña de las ganancias porque gran parte del resultado permanece en la sociedad porque los directivos han decidido no repartirlo. Quienes controlan la sociedad prefieren dejarlo ocioso o realizar otras inversiones con las que usted no está de acuerdo.

Entonces se da cuenta de que hay otros muchos accionistas minoritarios en su situación. Quieren repartirse los beneficios que les corresponden pero no pueden. Pusieron un dinero pensando que lo recuperarían con creces cuando la empresa tuviera ganancias pero el dinero no llega nunca a sus bolsillos a pesar de la buena marcha de la compañía.

Los directivos, sean o no accionistas, prefieren dejar los beneficios en la empresa para que crezca más rápidamente, puedan justificarse unos salarios más elevados o quieran sobreproteger la caja para garantizarse el cobro de sus futuras nóminas o incluso las de sus hijos.

En ese momento es consciente de que aunque una parte del dinero le pertenezca no puede acceder a él y teme que a la larga acabe en las manos de los directivos vía salarios. Si está en esa tesitura, solo puedo decirle que no es usted el único. Ocurre en muchas empresas de todos los tamaños y en la inmensa mayoría de las empresas cotizadas. El problema es que el capital no controla suficientemente a los directivos y éstos hacen lo que quieren con los sueldos y beneficios.

Teóricamente los accionistas se podrían unir y sustituir a los directivos, el problema práctico es que suele estar tan diluido el capital en tantísimos accionistas que muy pocas iniciativas de este tipo prosperan.

El problema es que el capital no controla suficientemente a los directivos y éstos hacen lo que quieren con los sueldos y beneficios.

Por otro lado, los consejeros “independientes” deberían defender a los minoritarios, pero en la práctica hacen lo que les conviene a ellos (repartir pocos beneficios para alejar cualquier posibilidad de quiebra futura en la que puedan tener responsabilidad) y lo que le conviene a quienes les han nombrado (directivos que controlan la junta).

En conclusión, analizar si los intereses de los directivos están en la práctica bien alineados con los de los accionistas y si el capital controla a los directivos es fundamental para cualquier inversor. De poco sirve tener una nómina muy alta si al final de mes nunca te pagan.

Rumbo Inversor
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