Cuando la economía sufre por la política

Las crisis no empiezan con las empresas. El inicio debe buscarse en los cambios políticos, normalmente soportados por demandas sociales

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La semana pasada conocimos que el PIB británico se contrajo un -0,2% en el segundo trimestre de 2019. Sí, se trata de esa dinámica economía que antes del referéndum del Brexit crecía significativamente por encima de lo que lo hacía la Eurozona. La política metió al Reino Unido en un callejón del que le va a costar salir.

A nivel global, la mayor amenaza para la economía también es de naturaleza política y su origen es el mismo, el proteccionismo. Desde 2018 la guerra comercial iniciada por Estados Unidos está reduciendo la actividad económica y las perspectivas no son por ahora halagüeñas.

En otras palabras, la situación actual no tiene nada que ver con la previa a las dos últimas crisis globales (burbuja de las puntocom en 2001 y la crisis de crédito de 2008). El origen de la amenaza y las posibles soluciones para evitarla o salir de ella son de otra naturaleza.

Las crisis políticas no tienen su origen en desequilibrios económicos, excesos o burbujas. Los primeros síntomas no aparecen en los balances de las empresas, ni en las cuentas públicas, ni en las balanzas de pagos. El inicio debe buscarse en los cambios políticos, normalmente soportados por demandas sociales.

Por el mismo motivo, las soluciones tampoco se encuentran en el plano económico. El daño a la actividad puede reducirse temporalmente con impulsos fiscales o monetarios, pero estas medidas no resuelven el problema. Debe ser una voluntad política, apoyada en una voluntad social, la que ponga freno a la disputa (comercial o bélica).

En esta situación, ¿qué deberíamos hacer los inversores? Lo primero es reconocer la dificultad para prever los momentos de inicio y finalización del conflicto, sobre todo cuando dependen de una negociación en las que ni siquiera las partes negociadoras saben cómo va a terminar. Por ello, mi consejo es: i) mantener un nivel de prudencia superior a lo habitual; ii) centrarse en el análisis de las inversiones una a una, y iii) tratar de dar una importancia relativa a los problemas políticos. Normalmente, se solucionan cuando peor pinta tienen porque es cuando más interés hay en todas las partes involucradas para resolverlos.

La parte buena de este tipo de crisis es que normalmente no generan por sí mismas cambios estructurales en los modelos de negocio. Si no variasen otros aspectos, la manera de hacer negocios volvería a ser la misma una vez superado la disputa política. Por ello, lo más conveniente en mi opinión es centrar el esfuerzo en el estudio de otros elementos que puedan dar o quitar valor a las inversiones a largo plazo.

Rumbo Inversor
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